RESUMEN
La tragedia del Jet Set no fue una sorpresa. Fue una bomba de tiempo que explotó en la cara de todos y aún hay quienes fingen que no lo vieron venir. Ya había pasado antes. Ya había señales. Pero cuando el dinero habla, los principios callan. Y cuando los negocios se sostienen con sobornos, las vidas se tambalean.
No se trató solo de figuras públicas, de nombres con seguidores y flashes. Se trató de gente que simplemente salió a buscar un buen rato. Una noche de risas, una canción, un trago. Y terminó siendo su última salida. ¿Y por qué? Porque alguien no quiso invertir en seguridad. Porque alguien decidió que era más barato correr el riesgo que cumplir con las normas. Porque a alguien le importó más la taquilla que la vida de quienes estaban bailando bajo un techo que ya no era seguro.
Y eso tiene que tener consecuencias. Reales. Duras. No administrativas, no simbólicas. Cárcel. Responsabilidad penal. Dolor por dolor. No por venganza, sino por justicia. No se puede permitir que las muertes se vuelvan parte del show y que los culpables se escondan detrás de un comunicado frío redactado por abogados. No cuando hay cuerpos que todavía no han podido ser reconocidos. No cuando hay familias que tienen que identificar a los suyos por una cadena, un tatuaje o un pedazo de tela manchado de sangre.
La solidaridad del pueblo ha sido inmensa. Y eso emociona. Hay gente donando sangre, hay países enviando ayuda, hay manos levantando escombros sin importar a quién están buscando. Esa es la parte que nos hace creer que todavía vale la pena ser humano. Pero también está la otra parte. La sucia. La podrida. La de quienes aprovecharon el caos para robar celulares, carteras, relojes. Gente que no solo no tiene empatía, sino que ya no tiene alma. ¿Cómo le robas algo a alguien que está atrapado entre concreto y miedo? ¿Cómo te atreves?
Y no, no estamos aprendiendo. Seguimos repitiendo el ciclo. Aplaudimos la ayuda, lloramos los muertos, y después… después seguimos como si nada. Porque duele más enfrentar la verdad que subir una historia pidiendo justicia. Pero esto no se arregla con hashtags. Esto se arregla con consecuencias. Con castigos. Con reformas. Y sobre todo, con memoria. Porque si olvidamos esto, entonces merecemos que nos pase de nuevo.
La vida no puede ser tan barata. No podemos normalizar la muerte como si fuera parte del ticket de entrada. Los responsables del Jet Set no deberían dormir tranquilos nunca más. Y no por presión mediática ni porque entre las víctimas haya gente con nombre y apellido reconocido. Deberían rendir cuentas porque cada persona que estaba ahí tenía derecho a regresar a su casa. Y no lo hizo. Porque alguien eligió no hacer lo correcto.
No fue una tragedia. Fue un crimen. Y como tal, debe tratarse.
