ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
14 de enero 2026
logo
OpiniónAnn SantiagoAnn Santiago

No es vanidad, es libertad. (La belleza, la autoestima y el derecho a sentirte bien contigo)

COMPARTIR:

La belleza no debería doler.
Pero a veces, un retoque puede sanar lo que nadie ve.

En los últimos años, los quirófanos dejaron de ser solo para salvar vidas… también se convirtieron en un refugio para salvar autoestima.
Y no, no estoy hablando de esas transformaciones extremas donde la gente se convierte en una caricatura de sí misma. Estoy hablando de retoques pequeños, sutiles, pero poderosos, que no cambian quién eres, sino cómo te miras.
Y sobre todo: cómo te sientes.

En este país —y en muchos otros también— hay gente que se siente con derecho a opinar sobre tu cuerpo, sobre tu cara, sobre lo que decides hacerte o no hacerte.
Te dicen “acéptate como eres” con la misma boca con la que después te critican por una arruga, una papada o unos años mal puestos.

Y en medio de esa doble moral asfixiante, miles de mujeres (y cada vez más hombres también) están tomando decisiones que incomodan a los que nunca han tenido que esconderse.
Se armonizan. Se corrigen. Se alivian.
No para parecerse a nadie.
Para reconocerse por fin en el espejo.

Porque aunque la autoestima no debería depender de una nariz más fina, un rostro más simétrico o unos labios más definidos…
a veces ayuda. A veces, sana.

Y eso no es algo que deberíamos juzgar.
Porque no todos los dolores son visibles. Y hay personas que llevan años sintiendo que su reflejo no las representa. Que cargan con inseguridades que no pidieron. Que solo quieren sentirse en paz con el espejo.

Porque a veces no se trata de cambiar quién eres.
Se trata de dejar de esconderte.

En República Dominicana, más de 50 mil procedimientos estéticos se realizan cada año. No todos son operaciones invasivas. Hay botox, rellenos, armonización facial, láser, retoques sutiles que no te convierten en otra persona, sino que te ayudan a sentirte mejor con la que ya eres.
Y si eso te da seguridad, ¿por qué demonios tendrías que justificarlo?

No, no es vanidad.
Es libertad.

Libertad de decidir sobre tu cuerpo.
Libertad de verte y gustarte.
Libertad de sanar complejos que a veces vienen de la infancia, del bullying, de comparaciones, de miradas hirientes que te marcaron.

Ahí entra la medicina estética.
Y dentro de ella, profesionales de verdad, como el doctor Abel Mendoza, de la clínica Armonización Facial Dr. Abel Mendoza.
Gente que no trabaja desde la ambición, sino desde el respeto. Que no borra rostros, sino que los equilibra. Que no busca uniformarte, sino devolverte lo que la inseguridad te quitó.

Yo lo vi. Vi los resultados.
Pacientes que salieron de su consulta con el rostro más suave, con la mirada más abierta, con una sonrisa que ya no se escondía.
No eran otras personas. Eran ellas mismas… pero más seguras.

Y eso vale.
Vale mucho más de lo que muchos quieren admitir.

Vivimos en un mundo cruel. Uno donde te exigen que te ames como eres, pero te critican por cada “defecto”.
Donde las redes sociales te bombardean con filtros y cuerpos irreales, y al mismo tiempo te acusan de superficial si decides cambiar algo de ti.

Hipocresía pura.

La autoestima no se compra, ni se inyecta, ni se opera. Se trabaja. Se construye. Y empieza en el único lugar donde debe empezar: adentro.
La belleza es relativa. Lo que para uno es “perfecto”, para otro es indiferente. Pero hay una verdad universal: antes de gustarle a alguien, tienes que gustarte tú.
No por moda. No por aprobación. Por ti.
Porque cuando tú te ves y te gustas, el mundo deja de importar tanto.

Yo lo pensé también.
Lo juzgué.
Hasta que entendí que no todo lo que se hace en una camilla es por debilidad. A veces es un acto de poder. De reclamarse. De decir: “Esta vez, decido yo.”

Y qué bueno que así sea.

No todo el mundo necesita cambiar algo.
Pero todo el mundo debería tener el derecho de hacerlo sin que lo señalen como superficial, inseguro o “poco auténtico”.

Porque lo que es realmente poco auténtico es vivir infeliz por fuera mientras finges estar bien por dentro.
Y si armonizar tu rostro, tu cuerpo o tu piel te hace recuperar seguridad… entonces eso no es vanidad.
Eso es amor propio. Del que cuesta. Del que incomoda. Del que no pide permiso.

Y si al mundo le molesta,
que se moleste.

Comenta