ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
9 de enero 2026
logo
OpiniónJimmy Rosario BernardJimmy Rosario Bernard

No es el niño el que falla, es el sistema… y la IA lo está por demostrar

COMPARTIR:

Ya no basta con decir que el sistema educativo está desactualizado. No es un fósil, ni una máquina lenta. Es una trampa activa que atrasa mentes mientras el mundo acelera. Y con la llegada masiva de la inteligencia artificial, esa trampa se volvió una sentencia. Si no transformamos radicalmente cómo educamos, no nos quedaremos rezagados. Desapareceremos.

La IA ya no es una promesa. Es una presencia. Aprende más rápido que cualquier estudiante, responde en milésimas de segundo, adapta contenidos al ritmo del usuario y, sobre todo, no castiga el error: lo convierte en aprendizaje. Mientras tanto, nuestras escuelas siguen exigiendo memorizar datos para que una máquina responda mejor y en menos tiempo.

Pedimos a un niño de ocho años que sea organizado, visionario y disciplinado. Le exigimos lo que ni su cerebro puede ofrecerle aún. Pero la IA no espera. No tiene piedad ni pausa. Avanza. Y los niños a los que hoy les decimos “no estás prestando atención” son los mismos que mañana vivirán en un mundo donde la atención será asistida por algoritmos, no por reglas de silencio y pupitres alineados.

Nuestro sistema enseña a repetir. La IA premia al que pregunta mejor. Nuestro sistema penaliza el error. La IA lo necesita para mejorar. Nuestro sistema se entrena para obedecer. La IA obliga a pensar, a contrastar, a decidir. El choque es inevitable: o educamos para lo que viene, o seguiremos educando para un mundo que ya no existe.

El problema no son los niños. Son los métodos. La rigidez. La absurda idea de que todos deben aprender al mismo ritmo, bajo la misma estructura, sin emoción, sin movimiento, sin sentido. ¿Qué sentido tiene hoy formar mentes para competir contra sistemas que ya superan nuestras capacidades memorísticas y mecánicas?

¿Seguiremos enseñando para pasar exámenes mientras la IA enseña para resolver problemas reales? ¿Seguiremos informando cerebros mientras la tecnología se personaliza hasta el ADN cognitivo de cada individuo?

La educación necesita más que parches: necesita un renacimiento. Un rediseño completo que parta de una verdad incómoda: enseñar ya no es transferir información. Es despertar conciencia, creatividad, pensamiento crítico, ética, flexibilidad. Todo lo que la IA aún no puede hacer por sí sola. Pero si nosotros no enseñamos eso, ella aprenderá a hacerlo antes que nosotros.

¿Queremos que los niños sean mejores que la máquina o que la sigan obedeciendo sin pensar? Porque en un mundo donde la IA avanza sin pausa, seguir educando con modelos del siglo XIX no es solo ineficiente. Es criminal.

Si no cambiamos ya, la IA no será la amenaza. La amenaza seremos nosotros mismos. Porque seguiremos formando generaciones para un mundo que ya no nos necesita.

Y esta vez, no habrá redención por ignorancia.

Por Jimmy Rosario Bernard

Comenta