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16 de enero 2026
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OpiniónManuel Antonio VegaManuel Antonio Vega

No al crimen marino en Miches

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RESUMEN

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​La aparición del cuerpo sin vida de un manatí en las costas de La Gina, en Miches, no es un accidente de la naturaleza; es la evidencia física de un crimen ambiental cometido bajo el amparo de la impunidad y la codicia.

Este lamentable suceso debe ser el punto de inflexión para que el Estado y la sociedad dominicana dejen de tolerar la destrucción sistemática de nuestro patrimonio marino.

​El manatí antillano es más que un símbolo de nuestra biodiversidad; es un sobreviviente en una lucha desigual contra la degradación de su hábitat.

Que uno de estos ejemplares haya muerto víctima de la denominada «licuadora» es una bofetada a los esfuerzos de conservación.

Este método de pesca no es «pesca»; es una herramienta de exterminio que tritura la vida, arrasa con los corales y despoja al mar de su capacidad de regenerarse.

​Es inaceptable que, a plena luz del día o bajo el manto de una clandestinidad mal vigilada, equipos mecánicos de succión sigan operando en nuestras costas.

​La condena no puede quedarse en el papel ni en la indignación de las redes sociales.

El Ministerio de Medio Ambiente y la Armada de la República Dominicana tienen la obligación legal y moral de responder:
​¿Cómo es posible que métodos tan voluminosos y destructivos sigan activos en zonas de alta importancia ecológica?
​¿Dónde están las patrullas y las consecuencias penales para quienes financian y ejecutan estas prácticas?

​La muerte de este manatí en Miches es un síntoma de una enfermedad mayor: la falta de autoridad en nuestros litorales.

Si permitimos que el motor de una «licuadora» sea más fuerte que la ley, estamos condenando no solo al manatí a la extinción, sino también al futuro del turismo sostenible y de la pesca artesanal que respeta la vida.

​Ya no bastan las lamentaciones.

Exigimos justicia ambiental, vigilancia permanente y el desmantelamiento inmediato de estas redes de pesca ilegal.

Que la sangre de este manatí sea la que finalmente movilice la voluntad política que hasta ahora ha brillado por su ausencia.

Hay que conservar las especies, que es lo mismo que conservar el turismo, en una zona como Miches que se abre al mundo por sus potencialidades y riquezas naturales.

 

 

Por Manuel Antonio Vega

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