RESUMEN
En los últimos años, en República Dominicana, como en otros países, con el auge de las redes sociales, la promoción y difusión de contenidos vulgares alimenta el morbo de muchos de los cibernautas.
De forma equivocada, ese tipo de contenido atrae como moscas a los consumidores de las redes sociales, que los premian con visualizaciones, me gusta y comentarios “ardientes”.
Los urbanos, “dembouseros” y otras especies disfrazados de artistas han desplazado a músicos tradicionales, muchos de los cuales han tenido que dejarse seducir por las vulgaridades para sobrevivir en un mundo dominado por el mal gusto.
Aunque a algunos no les guste, el ruido provocado por los llamados de forma erróneamente músicos de esta época deben soportarlo a través de las bocinas de un transporte público, un lugar de diversión o del vecino que lo coloca a todo volumen, para el consumo de todos, incluso de inocentes niños y niñas.
Pero el atrevimiento de los productores de esa mal llamada música ha sobrepasado el límite de la decencia y los buenos valores, con la grabación de un video vulgar en la escuela Liliam Portalatín Sosa, de Invivienda, Santo Domingo Este. Las protagonistas de esa “producción musical” son Pamela Sandoval (Shúpamela) y Darielis Cecia Marchena Ozoria (Menor Queen).
No es la primera vez que sucede uno de esos “espectáculos” en centros educativos del sistema público. La historia dominicana registra otros oscuros episodios escenificados por promotores de la vulgaridad y la drogadicción, así como de otros comportamientos insanos para los niños, niñas y adolescentes, dentro del ambiente escolar.
En una ocasión, dos exponentes urbanos grabaron el video “Desacato Escolar” dentro de un autobús escolar y con uniformes oficiales de centros educativos del sistema público de educación.
Para sentar un precedente ejemplar, los responsables de firmar ese video, así como las autoridades de ese centro educativo que permitieron que se hiciera, deben recibir fuertes sanciones, porque continuar multiplicando esa acción puede estar en las mentes morbosas y atrevidas de “monetizadores” sin escrúpulos. Un dato interesante, es muy difícil esconder cámaras, vestuarios y otros instrumentos utilizados para la grabación de ese video.
No basta solo con una simple sanción a los administradores y otros colaboradores de la escuela donde se cometió el reciente atentado contra la educación y los valores, o las excusas públicas de “los artistas”.
Detengamos esos daños a los centros públicos de educación, que deben ser santuarios para mostrar y enseñar las buenas costumbres, por el bien común.
Por Daniel García Santana
