RESUMEN
Desde las elecciones del domingo 14 de abril del 2013, cuando derrotó a Henrique Capriles Radonski, del partido Primero Justicia, Nicolás Maduro ha exhibido características propias de cualquier dictador que, con el paso de los años, han moldeado sus gobiernos y su figura.
Con todos los poderes fácticos de Venezuela a sus pies, organiza elecciones, convoca observadores y permite el activismo de sus opositores. Sabe que, sin importar los resultados será declarado ganador y que no importa la presión mediática de sus adversarios o las manifestaciones espontáneas de su pueblo, las instancias de poder venezolanas le darán la razón.
Como buen dictador, defiende a su país de un «plan global» orquestado por todos aquellos que denuncien sus malas practicas para retener el poder o cualquier otras de sus acciones económicas, en el ejercicio de sus funciones. Todo intento de hacerle entrar en razón, recibirá la descalificación inmediata de sus justificaciones irracionales.
Amparado en el poder militar y la fidelidad irresoluta de sus comandantes, bravuconeará con todo país de la región que le haga acusaciones directas y verterá un ultimátum a cualquier potencia enemiga, para disuadir cualquier intervención militar.
Nicolás Maduro, reúne en estos momentos todas las características de cualquier dictador, a sabiendas que los mismos, se rigen por unos patrones conductuales que les hacen repetir las mismas acciones: todos están en su contra, ellos son los buenos y los otros los malos, respetan las leyes e instituciones, se muestran desafiantes, defienden al pueblo, descubren atentados en contra de su país o sus instituciones y culpan a los demás de sus errores.
Los dictadores son el resultado de los excesos de los gobiernos liberales. De aquellos que prometieron gobernar en favor del pueblo y no lo hicieron. Son la mano dura, que prometió acabar la delincuencia reinante en décadas de libertinaje y que los demócratas llaman libertad.
El camino para terminar una dictadura es tan tortuoso, como la anarquía resultante, cuando se les derroca. ¨No se a qué temerle más, si al gobierno o a la revolución¨, afirmó nuestro padre de la patria Francisco del Rosario Sánchez, intentando resumir el miedo que infunden un dictador y aquellos que lo derrocan.
A pesar de la escasa formación académica, que por lo general tienen los dictadores, logran rodearse de personas muy ilustres en todos los ámbitos, así como de países y potencias afines a sus propósitos. El surgimiento de una dictadura es casi siempre, el fracaso de los gobiernos democráticos y aunque aparenten improvisar sus acciones, tienen absoluto control de todo el aparato del Estado. No se dejen confundir, Nicolás Maduro, ni es tonto ni está solo.
Por: Florentino Paredes Reyes.
