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7 de enero 2026
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OpiniónGabriel LópezGabriel López

Negritos del Batey

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La cultura dominicana nos ha dejado joyas de la literatura y de la música que han marcado el ADN de la dominicanidad, moldeando nuestra mentalidad e incluso nuestra espiritualidad. Héctor J. Díaz, hijo distinguido de Azua, nos dejó el regalo de una de las canciones más icónicas de nuestro eterno ritmo trinstrumental; adaptada y readaptada a través de las décadas, manteniéndose vigente en nuestras mentes y siempre bailada con sabor por todo dominicano que escucha su ritmo en las pistas. La realidad es que Héctor J. Díaz y Medardo Guzmán nunca previeron el impacto de sus letras y arreglos cuando nos regalaron “El Negrito del Batey”.

“El Negrito del Batey” forjó una mentalidad inherente a nuestra lucha social y búsqueda de progreso y significado. Este extracto de poesía negroide toca nuestras fibras espirituales en una sociedad religiosa y supersticiosa que mantiene la creencia de que el trabajo es una de las consecuencias del pecado original, llegando incluso a malinterpretar la maldición de Dios al hombre en el libro de Génesis. Este pimentoso merengue formó discípulos del viernes en la noche, fans del fin de semana, dolientes del domingo a las 6:00PM y evangelistas del “Odio los lunes”.

La generación de Negritos del Batey es aquella que; siendo esclava a su suerte y a las decisiones de nuestros políticos a través de los años, han buscado un solaz y un escape de su condición socio-económica a través del trabajo, chocando con la cruda realidad que les espeta en la cara que un sueldo no es suficiente para crecer; que sin contactos ni enlaces es imposible escalar, y que a veces es mejor rendirse al placer del olvido que brinda el bailar, reír, beber y disfrutar dos días de descanso, mientras se escurren sus días, de lunes a viernes, de 8 a 6 de la tarde. Sin mencionar a los chiriperos e informales, cuyo “joseo” les permite regodearse de tener el mayor ingreso económico en nuestra nación; lejos de las garras verdes de Impuestos Internos. A ellos, mis respetos.

Los Negritos del Batey no están solos. Parieron a la generación “Dinero Fácil” y estos a la generación “Lo Cuarto Tan Hecho”. La evolución (o involución de acuerdo a cómo lo vea usted) cultural que ha afectado nuestros ritmos no nos ha dejado sin una actualización del pensamiento negroide y rural de Héctor J. Díaz. La música urbana, esa que enarbola la bandera de la experiencia de la calle y el “deseo de superación de los jóvenes de los sectores populares y más necesitados”, replica (esta vez en streaming y en redes sociales) la esencia del Negrito del Batey: el trabajo lo hizo Dios como castigo y causa dolor.

Esta actitud de rebeldía y de (ignorantemente) autossabotaje tiene raíces claras en nuestro estado de derecho.

Desde el desconocimiento total del empleado de sus derechos, deberes y leyes de acuerdo al Código de Trabajo, las trabas institucionales que el Ministerio de Trabajo le presenta al usuario al momento de exigir sus derechos, la malicia alevosa del Congreso Dominicano que se hace de la vista gorda ante la Indexación Salarial mientras aprueban préstamos
dignos del libro de récords Guinness, hasta la codicia corporativa privada, que busca la constante eficiencia y automatización de procesos y sistemas, dejando obsoletos a cientos de dominicanos que; gracias a la misma mentalidad de “negritos del batey”, se han mantenido cómodos y medalaganarios, evitando la auto-actualización y educación continua que los impulsaría a la relevancia; todos estos males endémicos de nuestra historia republicana, nos han mantenido atascados en el mismo lugar.

Quisiera proponer ciertas alternativas: Alternativas como la oficialización constitucional de la modalidad híbrida de trabajo, la cual alivianaría cargas en múltiples niveles, tales como transporte y consumo de energía. Alternativas como la antes mencionada indexación salarial, la cual devolvería dignidad al empleado privado al proteger sus ingresos del ya obvio, claro y oficial abuso del quinto poder del Estado: el poder contributivo (palabra en miras a copyright).

Otras decisiones, tales como la reducción de impuestos, control total de la inflación y congelamiento de los precios del combustible y la canasta familiar, ya dependen del gobierno de turno; el cuál, gracias a todos los escenarios vividos en este año 2025 que termina; desde la tragedia inolvidable del Jet Set hasta el caso SeNaSa, nos damos cuenta que aún falta mucho trabajo que hacer.

Por años he escuchado en nuestros anuncios publicitarios locales cómo se celebra en el dominicano ese atributo del esfuerzo en su trabajo y su deseo de crecer. Quiero creer eso: que somos gente verdaderamente trabajadora, que lucha por sus sueños y que “josea” por lo suyo. Quiero creer que los niveles de empleabilidad no son solo estadísticas infladas para mostrar en las rendiciones de cuentas. Quiero creer que el profesional dominicano puede sacudirse del letargo cultural que le ata el grillete en desencanto y búsqueda del “easy way”.

Quiero dejar de vivir en una sociedad de negritos del batey.


Por Gabriel López
Cristiano, creativo, atleta, docente… en ese mismo orden

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