RESUMEN
Un catamarán repleto de turistas se hundió en medio del mar frente a las costas de Samaná, provocando momentos de pánico entre los pasajeros y el personal a bordo. Afortunadamente, el rescate llegó en tiempo récord y no se registraron pérdidas humanas, según informaron fuentes locales. Sin embargo, el incidente vuelve a poner sobre la mesa una pregunta urgente: ¿Quién supervisa y garantiza la seguridad de las embarcaciones turísticas en el país?
Aunque los chalecos salvavidas ayudaron a mantener la calma y salvar vidas, la realidad es que estos dispositivos no siempre son suficientes cuando la ayuda no llega a tiempo. En el mar, los minutos cuentan, y una rápida respuesta de los equipos de rescate fue la diferencia entre un susto y una tragedia.
Pero más allá del alivio momentáneo, surgen interrogantes que deben ser respondidas con transparencia. ¿Quién regula el transporte marítimo turístico en República Dominicana? ¿Qué tipo de seguros o coberturas están obligadas a tener estas embarcaciones para operar? ¿Cuáles son los montos mínimos de cobertura en caso de daños a terceros o lesiones personales?
Actualmente, la Autoridad Portuaria Dominicana (APORDOM) y la Armada de la República Dominicana son las entidades encargadas de autorizar y supervisar las operaciones marítimas. Sin embargo, muchos expertos coinciden en que la fiscalización no es insuficiente y que varias embarcaciones turísticas operan sin cumplir con los estándares de mantenimiento o capacidad establecidos por la ley.
República Dominicana es un país que vive del turismo, pero el turismo no puede sostenerse sobre la improvisación. Las excursiones marítimas son parte esencial de la oferta turística nacional, especialmente en destinos como Samaná, Punta Cana y Bayahibe, donde diariamente salen al mar decenas de barcos con turistas nacionales y extranjeros. No obstante, en muchos casos no hay una inspección técnica regular ni un control riguroso sobre el estado de las embarcaciones o la capacitación de sus tripulantes.
Recordemos la tragedia ocurrida en Los Haitises, donde una embarcación se hundió y la mayoría de sus ocupantes perdió la vida. Casos como ese deberían haber sido suficientes para generar cambios en la normativa y fortalecer la supervisión, pero el tiempo demuestra que aún falta mucho por hacer.
También es importante que se supervisen las rutas que toman estas embarcaciones. Con frecuencia, los capitanes deciden navegar mar adentro, en lugar de bordear la costa, exponiendo innecesariamente a los pasajeros a mayores riesgos. Además, se necesita verificar que se respete el límite de pasajeros, la capacidad técnica del barco y las condiciones del motor y del equipo de seguridad antes de zarpar.
Un punto clave es la cobertura de seguros. Toda embarcación que transporte personas debe contar con una póliza de Responsabilidad Civil que ampare los daños ocasionados a terceros, tanto personales como materiales. Este seguro es esencial para garantizar que, ante cualquier siniestro, las víctimas y sus familias reciban la compensación correspondiente. Sin embargo, en la práctica, no siempre se exige ni se verifica su existencia.
El reciente incidente en Samaná debe servir como advertencia. Si el país aspira a seguir creciendo como potencia turística del Caribe, es necesario fortalecer los controles marítimos y exigir el cumplimiento estricto de las normas. Las aguas dominicanas deben ser sinónimo de belleza y disfrute, no de miedo e incertidumbre.
Hoy la historia tuvo un final feliz, gracias a la rápida respuesta de los equipos de rescate. Pero mañana, si seguimos navegando sin control ni supervisión, el desenlace podría ser distinto
Por: Félix Correa.
