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7 de enero 2026
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OpiniónKelvin JiménezKelvin Jiménez

Naturaleza y la cultura de cuartel en la policía nacional

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En noviembre próximo el origen de las especies de Charles Darwin cumple 162 años, varios científicos establecen que el autor centró su enfoque en el cambio de una especie a otra e ignoró el “génesis” de la especie principal. El biólogo y doctor en ciencias de reconocida fama mundial Antonio Lazcano establece todo lo contrario, significando que Darwin estaba plenamente consciente de la importancia de explicar el origen de la vida, luego de analizar documentos, notas y una serie de puntualizaciones que presentó en toda su trayectoria para sustentar el origen de la vida.

En ese mismo tenor, se encuentra mucha sustentación científica de que “nuestra personalidad está influenciada por la herencia genética y por los factores ambientales a los que estamos expuestos como, por ejemplo, dónde nos criamos, con quiénes interactuamos y todos los aspectos externos que hacen parte de nuestra vida”.

Este punto de partida lo uso para establecer cómo la cultura del cuartel está en el origen de nuestra Policía Nacional y cómo el comportamiento de sus miembros responde a una herencia que va desde su formación, estructuras físicas, uniforme, vocabulario, organización institucional, modo de actuación y visión ciudadana.

En el año 1930 se inició el desmantelamiento de la policía municipal de Santiago, Dajabón, Moca y Santo Domingo, con la intención de fusionar todos esos cuerpos municipales en lo que hoy conocemos como Policía Nacional. Creada el 2 de marzo del año 1936, mediante el decreto No. 1523 del Poder Ejecutivo liderado por Trujillo.

Cabe recordar que su primer “jefe” fue el Coronel Miguel A. Román Hijo.  Los historiadores tienen claro que esta decisión era una estrategia para mantener y contar con una concentración de poder del régimen trujillista, ya que el ámbito municipal no le favorecía porque muchas de esas demarcaciones tenían fuertes opositores al gobierno.

Un hecho particular es que la formación académica de oficiales, hasta hace poco tiempo, se desarrollaba en San Isidro, Academia Militar Batalla de las Carreras, junto a cadetes del Ejército Nacional, Fuerza Aérea y Marina de Guerra. De manera que la etapa inicial tan importante se realizaba en un espacio militar, rangos, entrenamiento físico y formación al mismo grupo.  Luego de ese tiempo ingresaban a la Academia de Cadetes de la Policía Nacional en Hatillo, San Cristóbal, que inició en enero de 1972.

De manera que esa falsa diferenciación en la esencia de la fusión policial estuvo mal orientada desde su origen, ya sea por las razones políticas o por las influencias y arraigo castrense en un momento histórico latinoamericano donde prevaleció la autoridad despótica. Nuestra actual constitución habla de la naturaleza policial, una institución civil y no militar.

Cuando decimos “cuartel” hablamos de un espacio de alojamiento de soldados; si en cambio decimos “destacamento”, su definición y origen francés es evoca a lo militar. El palacio de la Policía Nacional todavía tiene puestos de centinelas como una fortaleza militar, de ahí que todavía conservan las garitas.  Necesariamente hay que discutir un tipo de edificación más cercana y amigable y cambiar esos patrones culturales.

Erradicar esta cultura de cuartel tiene que ir de la mano de un proceso de estandarización de atención al usuario. El actual ministro de Interior, Jesús Vásquez, dijo en el    Congreso Nacional que “de 717 destacamentos, 10 tienen piso de tierra, 202 no sirven y sólo en 117 se reciben denuncias”. Lo anterior es penoso para los ciudadanos y debería ser vergonzoso para todo aquel que ha pasado por ahí.  De igual forma las actuaciones de los policías cuyos videos virales nos cuestionan sobre su entrenamiento y protocolo de actuación.

La ley 590-16 en su artículo 12 establece la doctrina policial como “el conjunto de conocimientos, principios y valores que organizados metodológicamente, recogen la historia de la Policía Nacional y los fundamentos filosóficos y legales que definen su rol constitucional e institucional, fomenta los valores éticos y morales como principal soporte de las actuaciones del personal policial, fundamentadas en el respeto de los derechos humanos y las leyes, estableciendo modelos de conducta que guíen e identifiquen a la institución policial y a sus miembros dentro de la sociedad”.

En la estrategia integral de seguridad ciudadana, en el punto número dos, sobre transformación integral de la uniformada, el último punto establece: implementación de un nuevo modelo de cultural policial, la doctrina puede ser el medio y la nueva cultura el fin del propósito para tener una institución que responda a su naturaleza porque como dijo Darwin: “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio».

Por Kelvin Jiménez 

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