RESUMEN
Un reconocimiento a las mujeres dominicanas que, desde distintos espacios de la sociedad, han impulsado grandes victorias para la nación.
Marzo tiene un significado especial para los dominicanos. Mientras el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, en la República Dominicana también comenzamos a sentir la emoción que despierta el Clásico Mundial de Béisbol, un torneo que enciende la pasión nacional y nos recuerda cuánto forma parte el béisbol de nuestra identidad.
Tal vez por eso no resulta extraño pensar en el recorrido de nuestro país como si fuese también un gran terreno de béisbol: un juego largo, lleno de desafíos, en el que cada generación ha tenido la responsabilidad de tomar el bate y empujar las carreras del progreso nacional.
Y en ese terreno de juego, la mujer dominicana ha demostrado una y otra vez que sabe pararse firme en el home plate de la historia.
Desde los primeros capítulos de nuestra vida republicana encontramos ejemplos extraordinarios. En el campo de la educación, Salomé Ureña entendió que formar ciudadanos era una de las jugadas más importantes para el futuro del país. Con su obra literaria y su vocación educativa, ayudó a impulsar carreras decisivas en la construcción intelectual de la nación.
Décadas más tarde, en uno de los momentos más difíciles que ha vivido la sociedad dominicana, tres hermanas decidieron enfrentar el miedo con una valentía que aún hoy inspira. Minerva Mirabal, junto a sus hermanas Patria y María Teresa, defendieron con determinación el home plate de la libertad frente a la tiranía, dejando un legado de dignidad que sigue marcando generaciones.
“Una nación que respeta, impulsa y reconoce a sus mujeres, se fortalece a sí misma”.
Con el paso del tiempo, el terreno de juego de la sociedad dominicana se fue ampliando. En la política y la institucionalidad, figuras como Milagros Ortiz Bosch han demostrado que la participación femenina fortalece la democracia y el servicio público.
En el ámbito empresarial, mujeres como Ligia Bonetti han conectado también importantes batazos para el desarrollo nacional, demostrando que el liderazgo femenino puede generar crecimiento, innovación y oportunidades.
Pero sería injusto limitar este reconocimiento únicamente a las figuras públicas. El gran equipo de la República Dominicana también cuenta con miles de mujeres que, lejos de los reflectores, juegan cada día posiciones fundamentales en la vida del país: madres que sostienen hogares con disciplina y amor, profesionales que aportan talento en todos los sectores, emprendedoras, educadoras y servidoras públicas que mantienen el juego en movimiento.
El béisbol nos enseña que ningún campeonato se gana con una sola estrella. Los grandes triunfos se construyen con equipo, constancia y con la capacidad de responder cuando llega el turno al bate.
En ese mismo espíritu, conviene recordarlo también en nuestra vida nacional: la historia dominicana también se escribe con batazos de grandeza, y muchas de esas jugadas decisivas han salido y seguirán saliendo del bate firme de la mujer dominicana.
POR WILLIAM ENCARNACIÓN
