RESUMEN
Transcurre el mes de diciembre, junto al mes de enero son los más festivos del año. En los que alegría, risas y ron se confunden con tristezas, llanto y café; creando contextos diferentes para la manifestación de estados anímicos contradictorios del ser humano, fruto de la coexistencia de los motivos propios de la época que estimulan su desplazamiento para el encuentro con seres queridos, obviando las condiciones inapropiadas para garantizar el derecho a la seguridad en la movilidad vial.
No es de extrañar que el desplazamiento de casi el 70% de un parque vehicular, estimado en aproximadamente 4.5 millones de unidades motorizadas, congestione en las fechas cumbres de navidad y año nuevo las calles de los principales centros urbanos y carreteras del país; provocando, por consecuencia, el aumento del número de colisiones entre vehículos, el atropello de estos a las personas; también, el deslizamiento, estrellamiento y las caídas de las personas de los mismos, entre otros tipos de accidentes en las vías públicas a ocurrir.
Esta situación se incrementa cuando los conductores transitan con exceso de velocidad, en estado de cansancio, sin los cinturones de seguridad, cascos o elementos de retención infantil, y, para colmo, bajo los efectos del alcohol.
Es oportuno acotar que, en el año 2020, a pesar de la disminución del flujo del transporte por efecto del impacto de la COVID-19, hubo en el país 83,520 lesionados en su mayoría mujeres y 2,711 fallecidos en su mayoría hombres por debajo de 45 años; lo propio ocurrió en los diversos tipos de accidentes mencionados entre carros, guaguas, camiones, motores, bicicletas y personas, ya sea conduciendo las mismas o como peatones.
Esta situación no es exclusiva del país. Al efecto, 3,500 personas mueren diariamente en las calles y carreteras de los países del mundo; cada año fallecen 1,3 millones de personas y unos 50 millones resultan heridas. Más de 50 millones de personas han perdido la vida desde que apareció el primer vehículo en el mundo, cifra superior a los caídos en la primera guerra mundial o cualquier epidemia que haya asolado la humanidad.
Pero cuidado, detrás de la visión tiránica de las estadísticas se esconde la cruda realidad del impacto del desarrollo desigual entre las naciones del globo. Más del 80% de los muertos y lesionados en los accidentes de tránsito es aportado por personas que habitan en países de bajos y medianos ingresos, que, por demás, le consume aproximadamente el 3% del PIB. Para tener una idea, en estos, la tasa de fallecimiento por accidente en la vía pública se encuentra en cifras por encima de 25 por 100 mil habitantes mientras en los países de la OCDE dicha tasa está por debajo de 9 por 100 mil personas.
De continuar la tendencia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) proyecta para el próximo decenio 13 millones de fallecimientos y 500 millones de víctimas por año, por lo que, en octubre del 2020, presentó el Plan Mundial para el Segundo Decenio de Acción con el objetivo de reducir en un 50% para el 2030 las muertes y traumatismos graves provocados por accidentes en el tránsito, desde la perspectiva de un enfoque integral del sistema de seguridad vial para situarla como impulsora del desarrollo sostenible.
En sentido general, orienta a los países miembros a diseñar planes de acción con metas definidas, para el decenio en curso. Incluyendo Medidas concretas, Como ponerlas en práctica, y a Quienes le corresponde; desde el Gobierno, Sector Privado, Sociedad Civil, Entidades Financieras y organismos de las Naciones Unidas, sin dejar de lado el enfoque de protección a la mujer en la planificación del transporte, pues, poseen un riesgo 47% más elevado que sus pares masculinos de sufrir lesiones generales y cinco veces mayor de trauma cervical por latigazo.
Recientemente, alineándose al llamado de la OMS, el país diseñó el Plan de Acción para reducir la mortalidad en un 50% por accidentes de tránsito al 2030, pero, ya es imposible pretender resultados para las próximas navidades y fin del año 2021, por lo que, solo resta apelar a la sensatez y la prudencia ciudadana para la diversión con moderación, usando los dispositivos de protección y no ingerir alcohol al conducir, con el propósito de llevar a su mínima expresión la mortalidad evitable por accidentes al desplazarse por la vía pública.
Por: Roberto Lafontaine
