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15 de febrero 2026
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3 min de lectura Una mirada al pasado

Muerte a las Mirabal y fin de la pesadilla

Las mataron junto al noble chofer Rufino de la Cruz. Ilustración: Albert de la Cruz.
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RESUMEN

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Sí, el triple asesinato de las Mirabal marcó el principio de la pesadilla trujillista. Sí, con su muerte brutal, las tres Mariposas trazaron la línea mortal del régimen. Sí, inspiraron libertad, democracia, justicia social. Sí, ofrendaron sus vidas por la patria. Sí, son heroínas puras, crisálidas, flores perfumadas. Sí, ese aroma heroico llega al presente con la frescura del pasado.

De las tres era Minerva la más aguerrida y gallarda. Desde tempranos días despertó su vocación de rebeldía y se volvió una luchadora con ansias de libertad. En su juventud devoró libros a granel, de Tolstoi, Neruda y otros genios de la literatura. Sembró y creó un pensamiento político idealista, libertario. Soñaba con un fantasma llamado libertad. Fue activista de la Juventud Revolucionaria, un movimiento calenturiento de ansias juveniles y redentoras. Le fascinaba la poesía. Conoció Manolo Tavárez Justo y luego se casaron. Tuvieron dos hijos: Minerva Josefina (Minou) y Manolito.

Patria era señora de su casa. Casada con Pedrito González, se entregó a su hogar, cultivaba las flores, mantenía la pureza del jardín. Dama esbelta, mirada firme, porte señorial. Parecía una cortesana de tan exquisita que era.

María Teresa: trenzas largas que le bajaban por la espalda como una cascada de hilos negros. Era la última de las doncellas, y por ello la más consentida. Parecía un modelo de belleza. Esta beldad cibaeña se matrimonió con Leandro Guzmán. Procrearon a Jacqueline.

Resumen diario de noticias

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Una cuarta sobrevivió: doña Bélgica Dedé, la madre biológica de Jaime David y la mamadre (como decía Neruda de la suya) de Minou. Se dedicaba a los negocios familiares. Le gustaba bailar: era alegre.

Todas eran hijas de don Enrique Mirabal y Chea Reyes, una clásica pareja del campo dominicano. Él, un hombre dinámico y emprendedor, comerciante más o menos próspero. Ella, la típica mujer de lo rural: vivía únicamente para su hogar y sus hijas. No conocía otra vida. Soportaba las aventuras extradomésticas de su esposo. Porque don Enrique era lo que se dice un macho cibaeño.

Las asesinaron junto al noble chofer Rufino de la Cruz. El 25 de noviembre de 1960. Hace 62 años exactos. Ese día, Minerva y María Teresa fueron a ver a sus esposos encarcelados en Puerto Plata. Patria se les unió como hermana solidaria y sensible que era; su esposo seguía preso en La Victoria.

Terminaron la visita y, en el camino de regreso, fueron emboscadas y detenidas. A ellas y a Rufino los masacraron antes de lanzarlos en el yip por un precipicio para simular un accidente. El encargado de esta horrible matanza fue el siniestro Víctor Alicinio Peña Rivera, jefe del terrible SIM en el Cibao.

Trujillo, la bestia nacional, había dicho que tenía dos molestias: la Iglesia católica y las Mirabal. Persiguió y atacó a la primera, se deshizo de las últimas. Así fulminó a sus enemigos. Pero el fin llegó, a la postre llegó. Al Jefe lo sorprendieron y lo asesinaron el 30 de mayo de 1961. La sangre de las Mirabal reclamó sangre de venganza. No solo ellas: los miles que habían sido aniquilados por el sátrapa.

Los asesinos de las Mirabal fueron luego juzgados y condenados. Pero los liberaron en 1965, en medio de la revuelta de abril. Dicen que Montes Arache lo hizo.

En honor a ese sacrificio se conmemora cada 25 de noviembre el Día de la No Violencia contra la Mujer.