RESUMEN
Hay instituciones públicas que uno recuerda apenas por costumbre. Monte de Piedad es de esas. Para mucha gente es solo un sitio donde se hacen préstamos sencillos, una oficina que se percibe pequeña y que raras veces logra un espacio en los titulares.
Pero en estos últimos cuatro años y algo, su historia ha cambiado mucho más de lo que parece. Bajo la dirección de Wellinton Grullón, la institución empezó a exhibir cifras y resultados que llaman la atención, incluso para quienes siempre la vieron como un espacio rutinario.
No hablo de percepciones, sino de datos verificables. En este período, Monte de Piedad ha aportado a las recaudaciones del Estado más de 9 mil millones de pesos, una cantidad que en otros tiempos parecía lejana. Y si uno revisa con calma la evolución de la gestión financiera, hay otro dato que vale resaltar: la recuperación de préstamos prendarios llegó a niveles históricos. La tasa de préstamos no recuperados, que antes rondaba un 21%, hoy está en menos de un dígito. Eso, en un contexto de alta morosidad, no es poca cosa.
Monte de Piedad también ha jugado un papel clave en la guarda y custodia de bienes desalojados, una tarea que se presta a suspicacias si no se hace con claridad. Hoy, gracias a un proceso más ordenado, la institución garantiza transparencia en los desalojos por alquileres y brinda seguridad a todas las partes involucradas.
Por supuesto, detrás de estos resultados hay un estilo personal de dirigir. Wellinton Grullón tiene la particularidad de no quedarse detrás del escritorio. Es común verlo supervisando una jornada institucional en Santiago en la mañana, y en la noche en una reunión política en San Cristóbal. Esa mezcla de compromiso administrativo y presencia política forma parte de su sello personal, y a estas alturas ya nadie duda de que se toma en serio la idea de estar A Tiempo Completo.
Algunos critican que se sepa vender bien en medios y que haga visible su trabajo. Otros prefieren quedarse con los números. Yo creo que ambas cosas cuentan. Porque en un país donde a veces la costumbre es prometer sin cumplir, no deja de ser valioso que alguien pueda mostrar resultados que se miden en cifras y no solo en discursos.
Al final, cada quien valorará estos logros según sus preferencias políticas o su afinidad personal. Pero si algo me queda claro al revisar la gestión de Monte de Piedad en estos años, es que quien ha demostrado capacidad para hacer mucho con poco, también tiene todo para hacerlo mejor si mañana le toca manejar responsabilidades más grandes.
Por Miguel Cano
Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos Columnista de opinión en El Nuevo Diario.
