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18 de enero 2026
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4 min de lectura Política

Montás analiza relación entre Leonel y Danilo; atribuye fractura del PLD al giro «personalista» en el ejercicio del poder

Temístocles Montás. (Foto: PLD)
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RESUMEN

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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – La ruptura interna del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) comenzó cuando el ejercicio del poder dejó de concebirse como un proyecto colectivo y pasó a gestionarse bajo lógicas personalistas y de corto plazo, según afirmó el dirigente peledeísta Juan Temístocles Montás, al analizar la evolución de la relación entre Leonel Fernández y Danilo Medina.

“La convivencia política, y con ella la cohesión del PLD, empezó a resquebrajarse cuando la gestión del poder dejó de ser percibida como una construcción colectiva y pasó a administrarse por lógicas más personalistas y de corto plazo”, sostuvo Montás, entrevistado por Pablo McKinney en un programa televisivo. A su juicio, ese cambio de enfoque marcó el inicio de una erosión progresiva que terminó fracturando la unidad del proyecto político que gobernó el país durante dos décadas.

El exfuncionario explicó que la pérdida de cohesión no respondió a un hecho aislado, sino a una secuencia de decisiones que fueron cerrando los espacios de deliberación interna. “No fue un solo evento, sino una concatenación: nombramientos pautados por lealtades inmediatas, una creciente centralización en la toma de decisiones y la disminución de la deliberación partidaria”, afirmó, al describir un clima que alimentó desconfianzas y competencias internas.

Montás contrastó ese escenario con los primeros años de cooperación entre los principales líderes del PLD, cuando —según recordó— existía una lógica de equipo. “Hubo un tiempo en que éramos un equipo compacto”, dijo. “Leonel, Danilo y yo compartimos responsabilidades que permitieron ejecutar políticas públicas y poner en marcha proyectos que transformaron la infraestructura y los servicios. Eso es innegable”. Para el economista, esa etapa de construcción colectiva fue clave en los logros iniciales del partido.

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Sin embargo, advirtió que la concentración del poder y la formación de redes de influencia fueron debilitando la legitimidad interna del liderazgo. “Cuando la distribución del poder deja de responder a criterios técnicos y políticos de largo plazo, y responde más a estructuras clientelares o lealtades personales, la cohesión se convierte en fachada”, expresó, al señalar que esa dinámica terminó afectando la percepción pública sobre la transparencia y la eficiencia gubernamental.

La fractura, indicó, tuvo consecuencias prácticas tanto en el partido como en la gestión del Estado, al dificultar consensos para reformas de fondo. “Las tensiones internas terminaron afectando la capacidad del PLD para impulsar cambios que requerían acuerdos amplios; en muchos casos se optó por soluciones parciales que no resolvían problemas de fondo”, señaló, al vincular la crisis interna con límites en la gobernabilidad.

Asimismo, Montás sostuvo que la experiencia obliga a una revisión crítica del pasado. Aunque defendió el legado conjunto de los primeros gobiernos, subrayó la necesidad de reconocer errores para recuperar credibilidad. “El reconocimiento de responsabilidades no es castigo; es condición para recomponer la credibilidad”, afirmó, al llamar a reconstruir la institucionalidad partidaria como paso indispensable para fortalecer la democracia.

 

SOBRE ECONOMÍA Y DIPLOMACIA DOMINICANA ANTE EL COROLARIO TRUMP.

Ante el nuevo orden internacional surgido a partir de las decisiones del gobierno de Donald Trump y el Corolario Trump a la Doctrina de Monroe, el exfuncionario trazó un diagnóstico crítico y a la vez propositivo, mientras advertía sobre vulnerabilidades estructurales heredadas y planteaba reformas urgentes para blindar al país frente a choques externos.

“Crecimos, sí; nos falta desarrollar”, dijo Montás.  Reconoció que la República Dominicana ha mantenido ritmos de expansión superiores al promedio regional en las últimas dos décadas, impulsada por el turismo, las zonas francas, la construcción y las remesas. Sin embargo, subrayó que ese crecimiento no se ha traducido de forma sostenida en aumentos de productividad ni en una diversificación del entramado productivo que reduzca la dependencia de unos pocos motores económicos. Señaló al déficit fiscal, la deuda pública creciente y la informalidad laboral como factores que limitan el espacio de maniobra del Estado.

“Cuando la política fiscal es reactiva y dependiente de medidas temporales, quedamos expuestos a cualquier viento en contra”, afirmó; haciendo hincapié en la necesidad de una reforma tributaria progresiva y la priorización del gasto público hacia inversión productiva. Además, defendió la necesidad de una diplomacia económica más activa: “No basta con esperar que el capital llegue; hay que construir marcos y alianzas que reduzcan riesgos, sobre todo cuando las grandes potencias reescriben sus reglas de juego”.

Propuso también la búsqueda de mayor integración regional y el fortalecimiento de relaciones con bloques y países emergentes como contrapeso a la presión de decisiones unilaterales. Además de un paquete de medidas orientadas a fortalecer la resiliencia económica y la gobernanza. Entre ellas, una reforma fiscal gradual y progresiva; la simplificación y revisión de incentivos fiscales que no favorezcan la evasión ni la concentración de beneficios; un plan sostenido de inversión en capital humano para elevar la productividad; y políticas de atracción de inversión que combinen estabilidad regulatoria con garantías institucionales, y cumplimiento de estándares anticorrupción.

El llamado a un consenso político y social sobre las reformas fue otro de los mensajes reiterados por Montás. “La sostenibilidad no se logra por decreto ni por campañas cortas; exige pactos que trasciendan ciclos electorales”, dijo, al tiempo que abogó por fortalecer instituciones de control y transparencia para recuperar la confianza de inversionistas y ciudadanos.