ELNUEVODIARIO, ESPAILLAT.- La comunidad mocana celebra con gran alegría, entusiasmo y fervor, cada 7 de octubre, sus fiestas patronales en honor a la Virgen de Nuestra Señora del Rosario, una popular tradición religiosa que se mantiene de generación en generación e involucra tanto a los moradores del campo como de la ciudad.
Moca es un pueblo forjado en una profunda fe cristiana y una especial devoción hacia la Virgen de Nuestra Señora del Rosario. Por esta razón, cada año la celebración de estas festividades constituye un acontecimiento especial que combina múltiples actividades religiosas, artísticas, culturales, deportivas y recreativas, en las que participan diversos sectores de la comunidad.
El doctor Julio Jaime Julia, historiador ya fallecido de esta localidad, en su obra Notas para la Historia de Moca, habla de la tradición religiosa de la comunidad y resalta que la religión católica constituye un rasgo fundamental en la formación de los habitantes de Moca. Señala que los mocanos son personas muy dadas a recurrir a su fe en Dios en los momentos de tristeza y dificultad.
El valorado investigador y antólogo, al referirse al origen de la tradición y la devoción religiosa del pueblo mocano por Nuestra Señora del Rosario, sostiene que probablemente el amor hacia esta advocación mariana tuvo su origen en un adoratorio establecido en su casa por una devota conocida como Mariquita la Santominguera.
El renombrado historiador doctor José Abigail Cruz Infante, en su valioso libro Fragancias del Recuerdo, al referirse de manera especial a la tradición religiosa de la comunidad, expresa que la devoción y la fe del pueblo mocano hacia Nuestra Señora del Rosario constituyen una convocatoria vibrante que llena de colorido inusitado la rutina diaria de la Villa del Viaducto.
Este reconocido investigador del pasado de Moca indica que, posiblemente, esa devoción fue la razón que motivó a la población mocana a iniciar, el 28 de diciembre de 1895, la construcción del templo donde hoy se rinde tributo a esta santa, el cual constituye un importante monumento religioso, histórico, cultural y arquitectónico.
Leyenda de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario
Cuenta la historia que la Virgen de Nuestra Señora del Rosario se apareció en julio del año 1200 a Domingo de Guzmán, en una capilla, con un rosario en las manos. Le enseñó a rezarlo y le pidió que lo predicara entre los hombres, además de ofrecerle diversas promesas relacionadas con el rosario.
El santo enseñó esta oración a los soldados liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya victoria fue atribuida a la intercesión de la Virgen María. En agradecimiento, Montfort erigió la primera capilla dedicada a esta advocación.
En el siglo XV, la devoción al rosario había decaído. Fue entonces cuando Alano de Rupe declaró que la Virgen se le apareció y le pidió que reviviera su devoción, recogiendo en un libro todos los milagros atribuidos al rosario, recordándole además las promesas que siglos atrás había hecho a santo Domingo.
En el siglo XVI, el papa san Pío V instauró su conmemoración litúrgica el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto, en la que las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos que intentaban invadir Europa, victoria atribuida a la Virgen. La denominó Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las letanías de la Virgen el título de “Auxilio de los Cristianos”.
Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de la festividad al de Nuestra Señora del Rosario. Más tarde, la victoria en la Batalla de Temesvar en 1716, atribuida por el papa Clemente XI a esta advocación, llevó a que el pontífice ordenara que su fiesta se celebrara en toda la Iglesia universal.
El papa León XIII, gran devoto del rosario, escribió nueve encíclicas sobre esta oración, consagró el mes de octubre al rosario e incluyó el título de “Reina del Santísimo Rosario” en las letanías marianas.
En las apariciones de Lourdes (1858) y Fátima (1917), la Virgen pidió a sus videntes que rezaran el rosario. Además, gran parte de los papas del siglo XX fueron devotos de esta advocación: san Juan Pablo II afirmó en 1978 que el rosario era su oración preferida, y el papa Francisco reconoció en 2016 que era la oración que acompañaba su vida.




