RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – Los restos de don Adriano Miguel Tejada fueron sepultados este viernes en su tierra natal, donde fueron realizados varios actos en su memoria.
Los restos de Tejada, quien fuera director del periódico Diario Libre por 16 años, fueron velados el jueves en la funeraria Blandino en Santo Domingo y trasladados este viernes a Moca donde fueron expuestos en la funeraria Corazón de Jesús.
Su cuerpo fue sepultado en el Cementerio Municipal de Moca, donde se realizó el último de los homenajes.
Con el cántico: «Ven, ven Señor no tardes, ven pronto Señor», fueron recibidos sus retos en el templo, donde lo esperaba el arzobispo metropolitano de Santiago, Freddy Bretón.

La iglesia estaba llena, había mocanos, santiagueros y amigos de Santo Domingo que acudieron a dar su adiós.
«Adriano es un buen ejemplo para quienes se han rendido ante la mediocridad, especialmente los jóvenes», proclamó el obispo.
Dijo que al país les faltarán personas como Tejada que estimulen a las nuevas generaciones a buscar la superación personal y a ser un ejemplo para la nación.
En la eucaristía Miguelina Tejada, su hija; su nieta María Amelia González Tejada y su hijastra Pura Amalia García leyeron pasajes bíblicos.
La misa sirvió de escenario para que su compueblano José Rafael Vargas, presidente del Templo de la Fama de la provincia Espaillat, expresara algunas palabras en ocasión de que el próximo año entregaría a Tejada la presidencia.
«Hoy (viernes) Moca se siente triste, y recibe a su hijo, quien regresa a su natal donde será su última morada. Es difícil recibir a Linche», dijo Vargas con palabras entrecortadas.
Manifestó que el pueblo de Moca sufría, pero que a la vez se sentía orgulloso, pues un hijo salido de sus entrañas, regresaba finalmente a ella, con la admiración de todo un país.
Acto seguido, el alcalde municipal Guarocuya Cabral dio lectura a la proclama aprobada por el Concejo de Regidores del municipio, que declaró dos días de duelo en Moca por el fallecimiento don Adriano Miguel Tejada. La proclama fue entregada a su viuda Justina Cartagena.
Palabras íntegras del Dr. José Rafael Vargas:
Hace apenas un mes que Adriano Miguel Tejada nos hablaba de su nueva vida, de su familia, de sus nuevos aportes a la bibliografía histórica dominicana, de sus sueños de viajar y compartir con los suyos. Atesoraba un mundo de realizaciones, y se sentía en salud, con ánimo y mucha energía para seguir volando alto, ahora en un espacio más privado. Pero a veces, nuestros planes no coinciden con los planes de Dios. Y hoy estamos aquí, viviendo este gran vacío que nos deja este dominicano de excepción.
El país vivió este momento estelar de Linche en los últimos 20 años, cuando se convirtió en celoso guardián de la nación, enfocado siempre en el respeto a la ley, en elevar los valores de la educación y en crear sólidas instituciones que estén por encima de los intereses pasajeros.
Esa seguiría siendo su lucha en la esfera privada. Pero un fallo del hígado le produjo una pancreatitis, que degeneró en daño multiorgánico, y lo inesperado nos sorprendió a todos.
Y aquí estamos acompañando a Justina, a Marianela y Carmen; a Himilce, Carmen Tulia, Miguelina y Leonor; a Daniel, Edwin y Luis; a su sobrino y a sus nietos, que hoy ven partir a un padre amoroso, que siempre cuidó de ellos.
Adriano Miguel heredó de su padre, don Miguel, la mesura, el comedimiento, el pensar reposado. De su madre, mi querida y siempre recordada profesora Doña Amparo Escoboza, aprendió la energía laboral y una capacidad de trabajo inagotable.
Adriano Miguel Tejada es sencillamente Linche para los mocanos. Se me ocurre que la palabra CULTIVAR es la que mejor define a este amigo que se nos va, con su enorme estatura ciudadana.
Adriano cultivó la mocanidad durante toda su vida. Sus últimas pretensiones era escribir un libro que recoja la historia completa de Moca.
Cultivó el constitucionalismo, única garantía para vivir en una sociedad que respete los derechos de todos.
Fue cultor de una democracia madura, regida por instituciones fuertes, que garanticen la igualdad de todos ante la ley.
Cultivó el duartismo, de tal manera, que su discurso de ingreso como miembro de número en la Academia Dominicana de la Historia, fue precisamente sobre el padre fundador de la República durante su permanencia en Curazao.
Cultivó la historiografía dominicana, haciendo grandes aportes. Nos había deleitado con su conocido Diario de la Independencia y después de su retiro, estaba terminando un Diario sobre la Restauración.
Cultivó la cultura, siendo un gestor cultural desde su más tierna juventud en Moca, donde fundó y fue el primer presidente del Ateneo de Moca.
Cultivó la literatura, pues fue como lector hijo aprovechado del boom literario de América Latina en los sesenta y setenta del siglo pasado.
Cultivó la música, que disfrutaba a plenitud; amaba el deporte, pues lo vimos en Moca jugar futbol, béisbol, softbol, así como ampollar en diferentes disciplinas.
Cultivó la amistad, con su conversación chispeante, su jocosidad a flor de labios, su sonrisa fácil y en cada ocasión, una chispa de humor.
Cultivó el periodismo, con elegancia, prudencia y sabiduría.
Cultivó el reconocimiento a sus compueblanos ilustres y fue miembro fundador del Templo de la Fama de la Provincia Espaillat, siendo a la hora de su partida el vicepresidente del Comité Permanente.
Siempre apoyó a múltiples instituciones nacionales y extranjeras, principalmente en las áreas jurídicas, histórica y de la Educación.
Hoy, Adriano ha venido a permanecer para siempre en su patria chica, que un día le vio partir para servir en espacios mayores a la sociedad dominicana, pero nunca olvidándose de su lar nativo.
Hoy Moca, sufre, acoge, y a la vez se siente orgullosa, pues un hijo salido de sus entrañas, regresa finalmente a ella, con la admiración de todo un país que le reconoce como un dominicano muy especial y un mocano excepcional.
Gracias, Adriano, gracias Linche, por la vida que exhibiste ante Moca y ante el país.
Es difícil despedir a Linche. Nunca habíamos pensado en esa posibilidad, pero debemos abrazarnos a los ejemplos que nos dejó, su desprendimiento y desapego, su preclaro sentido de la vida y su permanente vocación para enseñar y dejar un legado. Y por eso, con el escritor y director catalán David Sant, les recuerdo una virtud divina: “Jamás se va lo que se queda abrazado al alma”.




