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7 de enero 2026
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OpiniónAmérica PérezAmérica Pérez

¿Ministerio del hombre? No, Ministerio de la familia, sí

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El reciente debate sobre si debe existir un Ministerio del Hombre, en respuesta al ya existente Ministerio de la Mujer planteado por la diputada oficialista Altagracia de los Santos, nos lleva a una reflexión más profunda: seguimos pensando en divisiones, en vez de avanzar hacia la equidad real. Más que crear estructuras paralelas que fragmentan la visión del Estado, lo que urge es una mirada integradora que propicie la unidad social: un Ministerio de la Familia.

Pero el Partido Revolucionario Moderno y sus dirigentes están tan lejos de la visión de Luis Abinader, el año pasado él hablaba de unificar instituciones para eficientizar el gasto, y la honorable sale con crea una institución nueva. Creo son de Marte algunos legisladores.

Recuerdo que hace años, en Santo Domingo Oeste, el dirigente Rafael García, en sus reiteradas propuestas como candidato a diputado, insistía con claridad en este concepto. Hablaba de la necesidad de un Ministerio de la Familia donde converjan diferentes realidades: un viceministerio de la mujer, un viceministerio del hombre, una dirección de cultos porque las iglesias son entes de reserva moral, e incluso la articulación con instituciones como el Consejo Nacional de la Persona Envejecientes,(CONAPE), Consejo Nacional de Discapacidad, Consejo Nacional de la Niñez y otras que sus accionar va dirigido ppr separado a los miembros del nucleo social. Una propuesta visionaria que hoy cobra más vigencia que nunca. Y como él muchos han levantado su voz frente a la necesidad imperante de esta institución.

¿Cuáles serían las prioridades de un Ministerio de la Familia? Primero, reducir la fragmentación institucional y, con ello, el gasto estatal. Hoy día, múltiples instituciones generan campañas de «comunicación» y políticas públicas que, aunque loables, a menudo se duplican, se contradicen o se superponen, porque carecen de una visión común. Cada quien crea estrategias para un solo sector —niñez, mujer, juventud, adultos mayores— sin entender que todos son parte de la célula fundamental: la familia. Y lo peor, sin resultados palpables.

El Estado, al operar con esta lógica segmentada, manda un mensaje equívoco sobre lo que debe ser la unidad familiar. Nos habla de inclusión, pero divide. Nos habla de eficiencia, pero multiplica estructuras. Nos habla de educación, pero dispersa los esfuerzos. Incluso tenemos un Ministerio de la Juventud, que bien podría ser un viceministerio dentro del Ministerio de la Familia.

Un Ministerio de la Familia no significa invisibilizar a sectores específicos, todo lo contrario: permitiría integrar sus luchas en una estrategia coherente, transversal, con enfoque en derechos, pero también en sostenibilidad y visión de país. ¿Para qué un Ministerio del Hombre? Para más gastos, más botellas…

La familia es la base de toda sociedad. Atenderla de manera integral no es una idea romántica, es una necesidad urgente. Si realmente queremos construir una sociedad más justa, más equitativa y más humana, el camino no es multiplicar ministerios según género o edad. El camino es unir lo que nunca debió estar separado: el corazón de la sociedad dominicana, que es la familia.

Un Estado que no pone a la familia en el centro de sus políticas, está destinado a reproducir desigualdades y a perder su rumbo social.

“La familia es la primera célula esencial de la sociedad humana.” — Juan Pablo II

Por: América Pérez
Lic. en Comunicación Social, mención Periodismo
Magíster en Diplomacia y Derecho Internacional

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