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4 de febrero 2026
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OpiniónElizabeth MenaElizabeth Mena

Minería: ¿Progreso o Conflicto?

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RESUMEN

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CAMBIA EL CHIP 

Esta semana me tocó ser parte del comité organizador del CODESSD para el panel titulado “Minería: ¿Progreso o Conflicto? El futuro de la minería en la República Dominicana”. Un espacio donde coincidieron representantes del gobierno, empresas, sociedad civil y voces independientes para debatir un tema que nos marca como nación.

Para mí, la minería no es un tema ajeno. He estado vinculada al sector minero metálico por casi dos décadas: primero como abogada asesora de proyectos, y luego como ejecutiva en una empresa del sector. Conozco su parte interna y sé, por experiencia propia, que la minería puede ser una herramienta de progreso cuando se gestiona con responsabilidad y está en manos de empresas especializadas.

Pero hay que decirlo claro: este no es un negocio tradicional. En minería no se improvisa. Es una industria de alto capital, alto riesgo, constante innovación tecnológica y con una enorme carga de responsabilidad ambiental, laboral y social. En tiempos difíciles, los costos se mantienen. Se requiere inversión constante para seguir operando, pero también para asegurar que las comunidades se desarrollen y prosperen incluso después del cierre de la mina. Esto implica planificación, diálogo, planes de cierre actualizados y visión de largo plazo.

Desde las palabras del ministro de Energía y Minas, Joel Santos, hasta las intervenciones del panel compuesto por el director general de Minería, Rolando Muñoz; la presidenta de Barrick Pueblo Viejo, Juana Barceló; el economista Richard Medina; y el presidente del CODESSD, Samuel Sena, quedó claro que necesitamos una conversación franca y nacional sobre minería.
Yo también creo que la República Dominicana necesita la minería. Los beneficios están ahí, son palpables. Tal vez no tan conocidos por quienes están lejos de las comunidades o de la gestión pública, pero existen. Y si algo nos hace falta, es más comunicación, más transparencia y más apertura para dialogar sin prejuicios.

Las empresas deben reconocer que este es un tema agridulce, que toca fibras profundas de nuestra historia. Y la ciudadanía debe reconocer que la discusión debe partir de la ciencia, de las nuevas tecnologías, y no de la oposición por inercia. El Estado ha dado señales claras: ya no estamos preguntando si queremos minería. La apuesta está sobre la mesa: tierras raras, hidrocarburos, yacimientos metálicos y no metálicos. La verdadera pregunta ahora es ¿cuáles son las condiciones, las reglas y los beneficios para el país y nuestras comunidades?

Porque no olvidemos: la minería extrae recursos no renovables. Lo que no hagamos bien hoy, no podrá repetirse mañana. La oposición social no surge del vacío. Como expresó el CODESSD, cargamos heridas del pasado: desde la explotación colonial sin desarrollo, hasta el pasivo ambiental de la Rosario Dominicana. Pero también tenemos ejemplos que muestran el otro lado: el auge económico que vivió Bonao en los mejores años de Falcondo.

Es hora de cambiar el chip. Hablemos de minería con datos, con ciencia, con memoria histórica. Repitamos lo que se hizo bien y aprendamos de lo que se hizo mal.

La minería es tan importante que ha acompañado al ser humano desde siempre. No hay industria, desarrollo tecnológico ni vida cotidiana sin ella. Desde el teléfono que usamos hasta las turbinas eólicas, todo requiere minerales. Y si revisamos la historia, veremos que muchas eras de progreso —la Edad del Cobre, del Hierro, del Oro— están marcadas por lo que extraemos del subsuelo. La minería está en el centro de nuestro desarrollo… pero también debe estar en el centro de nuestras decisiones éticas y sostenibles.

Cambiemos el chip.

No estemos en contra del desarrollo. Trabajemos por un desarrollo con reglas claras, con base científica, con respeto al medio ambiente, con beneficios tangibles para todos: accionistas, colaboradores, comunidades y país. Y con transparencia total.

Hoy más que nunca necesitamos diálogo, evidencia y rendición de cuentas.

Cambiar el chip es mirar de frente nuestras contradicciones, hacer las preguntas difíciles, y construir un futuro que no dependa del azar ni de la improvisación.

Por Elizabeth Mena

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