RESUMEN
La clase empresarial dominicana, lejos de proyectarse como aliada del desarrollo nacional integral, parece empecinada en convertirse en el personaje principal de una comedia permanente. Una comedia que no sabe mirar más allá del marco económico, que interpreta cada escena del devenir nacional en términos de rentabilidad, de balances favorables, de ingresos en alza, y de una vida vacacional financiada, muchas veces, a costa de una realidad nacional desigual. Una clase que presupone que la nación importa en la medida en que les garantice estabilidad financiera. Pareciera que el valor de la República Dominicana consiste en que sus estados de resultados le proyecten ganancias y que los indicadores les sonrían. Para estos, no existe agenda de nación alguna, más que los intereses particulares de unos pocos que conforme pasa el tiempo contribuyen a una desigualdad rampante, en combinación con el deterioro social dominicano.
Recientemente, fuimos testigos de un importante encuentro nacional donde mandatarios discutieron sobre la situación haitiana y su impacto para el país y la región. El país hizo historia en la conformación de un encuentro que dejo de lado la bandería política y el color partidario para asumir con responsabilidad una agenda que le compete a la nación. Por el otro lado, el mayor aporte de la clase empresarial fue una chachara redundante en la regularización de la mano de obra haitiana. Un mensaje que pone de manifiesto la poca voluntad en la estructuración de una planificación aterrizada acorde a los tiempos. Según estos, la mayor preocupación es la no afectación de la rentabilidad de sus empresas. Su visión estrecha sobre la problemática haitiana es y será siempre cuestionada, porque Republica Dominicana no es un tablero de cálculo financiero.
A la clase empresarial se les presenta hoy dos caminos. El primero es quebrar o cerrar, partiendo de su poca capacidad para interpretar los tiempos sociales. El segundo, crear una mesa de trabajo para planificar el robustecimiento de una mano de obra dominicana cualificada. La nación está por encima de ser un centro de operaciones y no debe estar prostituida a la intención de un colectivo que piensa en orden ascendente. Cuentan con tiempo, influencia y recursos para eso y para más. Al final, ustedes son versados articulando mensajes en virtud de sus exclusivos.
Si fuesen más responsables, la misma presión que saben ejercer para el resguardo de sus intereses, la invirtieran en un diálogo nacional para la modernización de la mano de obra dominicana. Si estuvieran comprometidos con su país, del mismo modo que existen diversas organizaciones que fungen como su guardaespaldas económico, también existieran otras inclinadas en la dirección de buscar hacer partícipe la mano de obra dominicana en los sectores que entiendan que haga falta. Hemos de imaginar que no es difícil, puesto que hay evidencia sobrada de las veces que se salen con la suya, aun cuando su victoria lacera los intereses nacionales. Agrupen sus motores para asumir con responsabilidad la transformación de la mano de obra local. Si se comen este país, ya no habrá plataforma ni medios para la generación de riquezas. Actualicen su visión podrida cortoplacista e inviertan mirando al futuro.
Por Jabes Ramírez
