RESUMEN
La migración es un fenómeno tan antiguo como la humanidad misma. Impulsada por crisis económicas, persecuciones políticas o religiosas, conflictos armados y, en menor medida, desastres naturales. Según datos recientes, durante el año 2020 más del 80 % de los migrantes internacionales se dirigieron a países de ingresos medios y altos, sumando más de 281 millones de personas. Solo el 20 % buscó refugio en países de ingresos bajos.
Los efectos de la migración son múltiples y complejos. En los países de origen, la migración provoca la pérdida de mano de obra calificada, el envejecimiento de la población activa y la fuga de jóvenes talentos. En los países receptores, con frecuencia se generan tensiones por la presión sobre los servicios públicos, la competencia en el mercado laboral y los desafíos culturales. No obstante, estudios de correlación evidencian que la llegada de migrantes puede aumentar la productividad hasta en un 3 %, lo cual revela una dimensión económica positiva que a menudo se ignora.
En muchas economías, tanto desarrolladas como en vías de desarrollo, la mano de obra local ha ido abandonando ciertos sectores productivos: agricultura, construcción, hotelería y otros servicios. Las causas van desde los bajos salarios hasta el cambio en las aspiraciones laborales. Esta tendencia, aunque multifactorial, ha sido constante en distintas partes del mundo.
En República Dominicana, este fenómeno se ha traducido en una creciente escasez de trabajadores dominicanos en los sectores mencionados. La construcción y la agricultura aportaron en el año 2024 aproximadamente un 21 % del PIB nacional y demandan, de forma conjunta, cerca de 250 mil trabajadores extranjeros. Ignorar esta realidad o ceder a presiones de sectores que, más que aportar, buscan protagonismo mediático, sería una irresponsabilidad económica.
Algunos teóricos, sin mayor respaldo empírico, sostienen que si los salarios fueran más altos, la mano de obra nacional retornaría a estas actividades. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario: incluso con mejores salarios, estas ocupaciones no logran atraer a suficientes trabajadores locales. Esto se debe a factores culturales, sociales y estructurales propios de países con ingreso medio.
Por otro lado, un aumento artificial y abrupto del costo laboral en estos sectores elevaría los costos de producción, lo que se traduciría en un mayor precio para el consumidor final, menor demanda y una ralentización del crecimiento económico.
También se ha planteado, como solución, una rápida tecnificación del campo para reducir la dependencia de mano de obra extranjera. Sin embargo, este proceso, incluso en países altamente industrializados, ha tomado décadas. Pretender que República Dominicana logre esa transformación en el corto plazo es, como mínimo, una ilusión optimista.
En este contexto, proponemos que, aprovechando los avances tecnológicos, se implemente un Plan Nacional de Regularización, enfocado exclusivamente en documentar a trabajadores extranjeros en situación irregular, vinculándolos a las áreas donde realmente se necesita su fuerza laboral. Esta sería una medida realista, ordenada y orientada a fortalecer la economía sin comprometer la estabilidad social.
Por: Julio Sesar Mateo.
El autor es ingeniero civil y economista, MSc.
Correo: ingeniemateo@hotmail.com
