RESUMEN
En la República Dominicana, las promesas duran poco; lo que permanece son las obras. Y esa es la apuesta del presidente Luis Abinader: gobernar con resultados que la gente pueda tocar, usar y disfrutar todos los días. No es casual que, en apenas cinco años, las obras públicas se hayan convertido en la carta política más sólida de su gestión.
Pero en Pintura está uno de los mejores ejemplos. Durante décadas, la intersección de la 27 de Febrero con Isabel Aguiar fue un infierno vial. Hoy, quien cruza por Pintura ya no pierde horas en un tapón eterno: en minutos se hace lo que antes parecía imposible. Esa solución no es solo asfalto y concreto: es símbolo de un estilo de gobierno que no les huye a los problemas pendientes.
En el Cibao, el Monorriel de Santiago y el Teleférico marcan un punto de quiebre. Santiago deja de ser “la capital del tapón” para convertirse en referente de transporte masivo moderno, algo que hasta hace poco solo estaba reservado a Santo Domingo. Junto con la transformación del Centro Histórico y el saneamiento de la cañada Gurabo, las obras públicas en Santiago demuestran que la descentralización es posible cuando hay decisión política.
En Santo Domingo, el Teleférico de Los Alcarrizos conecta comunidades históricamente marginadas con el Metro y con oportunidades reales de empleo y educación. A la par, la expansión del Metro y los corredores viales son la muestra de que el gobierno está atacando de frente los grandes cuellos de botella urbanos.
El sur también vive una transformación palpable. La Circunvalación de Baní y la Circunvalación de Azua ya cambiaron la dinámica de transporte en la región. Hoy, productores y transportistas del sur pueden llegar en menos tiempo, con menos costo y mayor competitividad. En provincias como San Juan, Barahona, Elías Piña y Bahoruco, se suman carreteras, caminos vecinales, acueductos y entrega de títulos de propiedad, sembrando la base de un sur fecundo.
El impacto es nacional. Más de 20,000 viviendas y 125,000 títulos de propiedad entregados.
Más de 75 hospitales intervenidos y 600 centros de atención primaria. 5,231 aulas escolares ya integradas al sistema. 43 acueductos, 13 plantas de tratamiento, 42 km de cañadas saneadas y 2,479 km de tuberías instaladas. Más de 5,800 km asfaltados, 600 obras viales y más de 100 puentes en todo el país.
Esto no es teoría: es la experiencia cotidiana de millones de dominicanos. La familia que recibió un techo propio, el estudiante que ocupa un pupitre nuevo, el agricultor que llega más rápido al mercado, la madre que ahora lleva a su hijo a un hospital equipado. Cada obra es una victoria social.
La oposición puede insistir en que “Luis no construye”. Pero la realidad les pasa por encima todos los días.
Más de 70,000 vehículos cruzan a diario por el Paso a Desnivel de Pintura, donde antes solo había tapón y frustración.
En Santiago, el Teleférico mueve a decenas de miles de personas cada semana y tiene capacidad para 64,000 pasajeros al día.
En Los Alcarrizos, miles de familias ahora llegan en minutos al Metro gracias a su propio Teleférico.
En el sur, las Circunvalaciones de Baní y Azua reciben miles de vehículos diarios que ya no tienen que atravesar los cascos urbanos, acortando distancias y reduciendo costos.
Son cifras, no eslogan. Son realidades, no consignas. Y mientras la oposición se queda en palabras, el País Está Cambiando.
Por Miguel Cano
Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos
Columnista de opinión en El Nuevo Diario.
