Sana al mundo
En República Dominicana, moverse por la ciudad se ha vuelto un acto de fe. La congestión es abrumadora, los accidentes son diarios y la sensación de inseguridad vial es una constante. Aunque el calor y la falta de transporte público digno también pesan, lo que realmente define nuestras decisiones de movilidad es el miedo a ser arrollados, especialmente por los vehículos pesados: patanas, camiones y autobuses que circulan con poca o ninguna regulación.
Este miedo es tan profundo que ha impulsado a miles a buscar refugio en vehículos cada vez más grandes, con la ilusión de que el tamaño ofrece seguridad. Pero esta lógica nos empuja hacia una trampa: más tráfico, más emisiones y menos movilidad real. ¿Y las alternativas? Están ahí, pero no son viables mientras no se ordene primero el tránsito pesado.
Motocicletas, bicicletas y patinetas: el futuro que no llega
En muchas ciudades del mundo —desde Medellín hasta Ciudad de México— las motocicletas, bicicletas y patinetas eléctricas se han convertido en aliados del transporte urbano. Son económicas, ágiles y menos contaminantes. En un país como el nuestro, con calles angostas, clima cálido y trayectos cortos, parecerían la solución perfecta.
Pero aquí, hablar de usar una patineta para ir al trabajo o de moverse en bicicleta es casi un chiste. Y no porque la gente no quiera, sino porque hacerlo es jugarse la vida.
Las estadísticas lo confirman:
El 70 % de todos los accidentes de tránsito en el país involucran motocicletas (De Último Minuto, 2025).
En 2024, hubo 3,114 muertes por accidentes, con el 68 % de las víctimas en motocicletas (El País, 2025).
De cada 10 personas que mueren en un accidente, 7 son motociclistas, la mayoría entre 15 y 39 años (Listín Diario).
El elefante en la vía: transporte pesado sin regulación
Muchos de los temores sobre seguridad vial se concentran en la presencia constante e impredecible de patanas y camiones en zonas urbanas. Sin rutas específicas, sin horarios controlados y muchas veces sin mantenimiento adecuado, estos vehículos representan una amenaza constante para los demás usuarios, especialmente los más vulnerables.
No se trata de eliminar el transporte de carga, que es vital para la economía, sino de ordenarlo y fiscalizarlo. Si queremos calles seguras para vehículos livianos y ecológicos, necesitamos que el Estado actúe con decisión en tres áreas:
- Regulación estricta de horarios y rutas para patanas y camiones.
- Controles técnicos obligatorios y penalización por infracciones.
- Campañas de educación vial para todos los actores del tránsito.
- No hay movilidad sostenible sin seguridad
Es irresponsable de nuestra parte promover el uso de bicicletas, patinetas eléctricas o scooters sin garantizar condiciones mínimas de seguridad. Y la seguridad no empieza con el ciclista: empieza con el control del caos. Solo cuando los vehículos pesados estén regulados y el espacio vial sea compartido con respeto, podremos hablar seriamente de micromovilidad en RD.
No basta con pintar ciclovías. No basta con importar patinetas chinas. Necesitamos una reforma vial profunda, que entienda que cada muerte por accidente es una tragedia prevenible y que la movilidad sostenible no es una opción, es una urgencia.
Datos claves sobre tránsito y movilidad en República Dominicana (2024–2025)
Indicador del valor estimado
Muertes en accidentes de tránsito 3,114 (2024)
El País
% de muertes en motocicletas 68 %
Diario Libre
Tasa de mortalidad vial 27 por cada 100,000 hab. OPS/OMS
Parque vehicular total +5.8 millones (2024) INTRANT
Porcentaje de motores en ese total 56.5 % (~3.3 millones)
Diario Libre
% de accidentes que involucran motores 70 % De Último Minuto
Accidentes laborales relacionados 40 % del total, 63 % con motocicletas, IDOPPRIL
La micromovilidad no puede implementarse sobre la base del caos. Promover su uso sin regular antes el tránsito pesado sería irresponsable. Pero si actuamos con firmeza, la República Dominicana podría transformarse en un país donde moverse no signifique arriesgar la vida, y donde las calles sean espacios para todos, no solo para los más grandes.
La autora es periodista, Lic en Leyes, líder comunitaria, empresaria, locutora.
Por Amerfi Cáceres
