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12 de febrero 2026
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OpiniónMaximo SanchezMaximo Sanchez

Mi renuncia

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RESUMEN

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Por mi respeto a las estaturas, no haré un discurso de renuncia al Partido de la Liberación Dominicana; pero escribiré esta misiva para mi historia familiar por más de una razón; una muy importante es que lo que se escribe, no se olvida; y no quiero que al menos mis hijos y mis nietos tengan dudas sobre mis años de existencia en la vida política dominicana.

Cuando era un niño, con apenas 5 ó 6 años de edad, escuchaba pronunciar en mi casa paterna el nombre “Juan Bo”, casi nadie lo decía correctamente, Juan Bosch; cuando asistía a la escuela primaria después del golpe de estado que lo desalojo del poder en septiembre de 1963, oía los comentarios de la maestra y las personas adultas sobre la situación política.

A esto se agregó el estallido de la guerra civil de 1965, la intervención Norteamericana validada por la Organización de Estados Americanos, y los restantes sucesos de la década del 60, que marcaron la historia vivida por todos los seres humanos de esos tiempos, habitantes de esa media isla llamada República Dominicana.

Bajo estas circunstancias, era normal que una persona que desarrollaba su niñez y su adolescencia en un mundo convulso, lleno de luchas políticas y convulsiones sociales, desarrollara una sensibilidad y porque no una vocación política. Así fue, que cuando tuve que dar rienda suelta a las pasiones inspiradas por los hechos, la figura y los discursos que más influyeron en mí, fueron los de aquel personaje protagónico de comienzos de mi vida.

En 1978 emití mi primer voto; pero no lo hice atendiendo a las raíces políticas de mi casa paterna, mi padre decía con orgullo que él había sido el tercer caficultor de toda la comarca de Chene en inscribirse como miembro del Partido Revolucionario Dominicano, después de la muerte del tirano Trujillo.

Sin embargo, ante la disyuntiva de elegir entre el representante de la dictadura ilustrada, a la sazón presidente de la República, o el candidato del PRD para esas elecciones, Don Antonio Guzmán, o aquel candidato y presidente de aquel partidito, al que nadie le daba importancia electoral, el Profesor Juan Bosch; opté por mi inclinación a la intelectualidad, a la libertad y por la figura subyugante de Juan Bosch.

De dos votos morados que aparecieron en la mesa #7 del municipio de Enriquillo, había uno que lo había depositado este servidor, sin ser miembro, ni circulista del Partido de la Liberación Dominicana.

Para estos meses, deben cumplirse cuarenta años, en que entre por primera vez, de la mano de mi amigo Oquendo Medina en el local de la seccional del Partido de la Liberación Dominicana en Barrio Obrero, Santurce en Puerto Rico; allí encontraría personas maravillosas, como mi amigo Ángel Garrido, Premio Nacional de novela 2003, de quien me enorgullezco de haber formado junto a él, a Oquendo Medina y a Alfonso Poy, el Taller Literario Antillano.

Desde ese 1979, no tendría tregua para defender al PLD, y para trabajar por sus éxitos en todos los frentes en que fui asignado; esto, que la membresía formal me llegaría en mi República Dominicana a través de un círculo de estudios, cuyo asesor político es una de las personas más integras que conozco, el Ing. Julián Santana (Saúl).

Al PLD le debo parte de mi formación intelectual y política; le debo, haber conocido personas buenas, integras y con principios inquebrantables; le debo, la alegría que experimenta el vencedor; le debo, la satisfacción de buenas obras de gobierno, y con ello el progreso físico del país donde nací y crecí; le debo, muchas cosas, excepto fortuna pecuniaria de ningún tipo ni procedencia.

En una larga gestión de gobierno, que pronto arribará a 20 años, serví dos años durante el primer período; estuve en la Casa de gobierno en la sección de compras; pero allí, ni siquiera incitado por personas jerárquicamente superiores, accedí a comprarme a mí mismo, ya que mucho antes de ir a ese puesto, fui propietario de un par de negocios, con registro legal, entre estos, uno de importación y venta de productos de comunicación electrónica.

Las ambiciones desmedidas y un grupismo desenfadado, han apartado hace mucho tiempo al PLD de los objetivos que le dieron origen; lamentablemente, este partido ha llegado al extremo de que el Presidente Danilo Medina, ahora líder principal de la agrupación, llama y saluda a su gente diciendo, “fulano, ese es de los mío”, para diferenciarlo de cualquier otro miembro del Partido.

O sea que en el PLD, con la labor grupal, se ha llegado al colmo de crear una casta de personas conocidas y favorecidas por el propio Presidente de la República; y las ambiciones y el nepotismo, han desbordado la corrupción en muchos estamentos del estado.

Para muestra de lo que acabo de afirmar, está el caso extraordinario del Presidente de la Refinería Dominicana de Petróleo; el señor Félix Jiménez; tiene en sus manos el jugoso negocio de los combustibles, donde de seguro está haciendo negocios parecidos a los que implementó, cuando era Secretario de Turismo (ahí están los Wikileaks); no obstante, detentar tan ventajosa posición, el Presidente le da dos decretos en tren gubernamental a dos de sus hijos, ¡valla perla!

Quienes llegamos al PLD, emocionados con los sueños forjados por Don Juan Bosch, no resistimos más desvaríos y absurdas desviaciones en un poder corrupto y corruptor, que no ha respetado ni siquiera las instituciones armadas, ni las que tienen que ver con la justicia o el arbitraje electoral.

Nunca podíamos imaginar, el sistema democrático amenazado de manera crítica por un gobierno del PLD; pero la realidad golpea nuestras puertas y nos conmina a despertar.

Por todas estas falencias que acabo de exponer, renuncio irrevocablemente al Partido de la Liberación Dominicana, hoy 26 de octubre del 2019.

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