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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Mi profesor favorito de Primaria

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RESUMEN

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El profesor Eligio Domínguez Lendor coordinaba la Escuela Rural Piloto “La Esperilla” en 1966, ubicada en lo que hoy es el sector denominado “Los Maestros” del Distrito Nacional. Mi hermana Francia y yo asistíamos a esa escuela y ahí cursamos los primeros tres años del Nivel Primario. Salíamos de la calle Cotubanamá esquina Calle Enriquillo del Ensanche Quisqueya, tomábamos el trillo de lo que hoy es la avenida 27 de febrero, doblábamos a la derecha y luego en el camino de lo que hoy es la avenida Núñez de Cáceres, doblamos a la izquierda y bajábamos hasta la escuela. Al llegar al pequeño recinto de pocas aulas y un gran patio, en donde además del recreo después de clases hacíamos labores agrícolas en los canteros de hortalizas de repollo, lechuga y remolacha, entre otros. Eran hermosos esos montículos en donde relucía el verde que se presentaba como una gran perspectiva de proyecto en donde dos veces a la semana quitábamos las hierbas y regábamos con unas regaderas de metal.

Fueron tiempo buenos, llenos de hermosos recuerdos de una infancia escolar hermosa, en donde vivimos aventuras que jamás olvidaremos.

El Profesor Eligio Domínguez Lendor marcó mi vida para siempre en esos tres años que duramos en ese inolvidable plantel escolar. Todos los días eran una verdadera festividad, llenos de felicidad, en donde aprender era divertido, y hoy evoca en mis profundos sentimientos de agradecimiento a ese profesor que compartía y enseñaba con vehemencia sinigual.

Ese tiempo fue de calidez, y lo recuerdo con un sentido agradecimiento que hace vibrar cada fibra de mi ser.

Este maestro de formación quizás técnica a través de un Instituto Normal Primario de aquellos que seguían las ideas de Eugenio María de Hostos, pese a que fueron desmontados en su originalidad laica más de una década anterior a la fecha en que Francia y yo tuvimos la suerte de que nuestros padres nos inscribieran ahí. El profe Eligio gozaba su trabajo, el que, por su conducta diáfana, diligente y comprometida, no era solo un oficio sino una responsabilidad social que trascendía su profesión y vocación. Es que el profesor Domínguez Lendor era un verdadero misionero de la docencia, porque sobre su vocación estaba el compromiso como esencia de su quehacer.

Ese profesor era un trabajador social, lleno de paciencia para enseñar, que agregaba valor a su trabajo a través de su actitud amorosa, que apoyaba su labor en la comprensión y en la consistencia, para que sus alumnos de primeros cursos hicieran el descubrimiento de sus habilidades, llegaran a las destrezas esperadas y descubrieran sus potencialidades como seres humanos.

Eligio era un líder nato, preocupado porque los que le acompañábamos en el aula de multigrado, llegáramos a los conocimientos que se esperaban adquiriéramos en cada jornada. No tendré los años de vida suficientes para agradecer tanta entrega, conocimientos y valores compartidos en esas aulas de escuela acogedora, llena de expectativas y motivadora por demás.

Les confieso que esos años fueron los que me dieron la perspectiva confiable hacia lo que seria mi vida futura de lectura, comprensión del contexto que me rodea y la firme convicción de que lo más importante en la vida es el disfrute pleno de lo que hacemos. Es para mi indudable, que este fue mi primer mentor, que a pesar de mi corta edad marcó mi existencia con su actitud comprometida, participativa, comprensiva y constructora de carácter.

Siempre recuerdo a Eligio Domínguez Lendor, ese profesor inolvidable, con gratitud eterna.

Los profesores de los primeros años de escolaridad debieran ser en su totalidad como Eligio, llenos de profesionalidad, talento, iniciativa, cariño y proyectos para compartir con los niños y los adolescentes. La ternura era una de sus herramientas básicas. Lo que digo es trascendente para el futuro de los alumnos y del país en las futuras generaciones, porque puede ser hito de preservación cultura docente y de la continuidad de las generaciones por venir, preservar nuestros logros nacionales de subsistencia y así lograr fortalecer lo que somos y seremos en el futuro. Esto lo necesitamos urgentemente para afianzar lo que tenemos como arraigo nacional y para avanzar en la dinámica que requiere la actualidad humana, creadora de entornos de conocimientos e innovación, necesitada de emprendedores en multiplicidad de áreas del saber.

 

Por Francisco Cruz Pascual

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