RESUMEN
En la nación dominicana hemos caminado un sendero de fortificación de las libertades públicas, no es cuestión de ahora, ese tránsito viene ocurriendo a partir de 1978. Después de la muerte de Trujillo, poco a poco hemos avanzado en el camino de eliminar la cultura egocéntrica y autocrática que genera coerción y violencia, actitudes que traen consigo consecuencias de violación a los derechos fundamentales de los ciudadanos.
El intento de construir un régimen de derechos en 1963, abortó en septiembre de ese mismo año bajo la incomprensión de la sociedad de entonces, agobiada por el miedo que era acompañado por unos militares y policías en capacidad de hacer lo que lograron hacer al deponer al primer gobierno democráticamente electo desde 1930.
Ese error integral de una sociedad manipulada por la Iglesia y los esbirros de la época, que no solo veían sus intereses sino también intereses foráneos. Esa acción genocida del golpe de Estado contra Juan Bosch, trajo una revuelta armada que fue rápidamente etiquetada como un intento de hacer de la nación dominicana una “Nueva Cuba” y como era natural en ese entonces, terminó la nación dominicana ocupada por los norteamericanos, bajo la mentira de una “fuerza interamericana de paz integrada por la OEA.”
Muchos políticos prometen cosas que no pueden cumplir, porque son imposibles de lograr. Un ejemplo, es aquella socorrida promesa de “eliminar la pobreza” o “instaurar la igualdad social” que no pasa de ser una acción populista que encuentra asidero en la ignorancia de la ciudadanía, cuestión que puede degenerar en peligros para el régimen democrático y en desastres sociales.
Los demagogos saben que la democracia (por ser forma política de vida), pertenece al reino de las libertades y en cambio, la economía pertenece al mundo de las necesidades sociales.
Para el pensamiento neoliberal (en tanto economicista), las libertades deben ser sacrificadas en aras de las necesidades de la gente. Pero, entre libertad y necesidad no puede haber ningún antagonismo que no sea voluntario, tampoco debe existir subordinación de una respecto a la otra, porque se trata de dos espacios que pueden ser complementarios, pero, comprendiendo que estos siempre serán diferentes.
Esa diferencia la podemos encontrar en acontecimientos de alza de artículos de primera necesidad y los reclamos de aumento salarial, la que se verifica como una exigencia socioeconómica que introduce la ciudadanía, y no puede ser vista como lucha política. Porque una lucha política es, en este caso, si la población inicia una jornada de lucha por libertad de expresión y difusión del pensamiento, para poder reclamar reivindicaciones sociales y económicas que les permita igualar salarios con canasta familiar.
Esa es la razón por la que afirmamos, que las luchas sociales (entre otras), pueden ser complementarias a las luchas políticas.
En nuestra historia contemporánea tenemos ejemplos de la posibilidad de esa complementariedad, entre los años posteriores a la muerte de Trujillo, cuando distintos sectores sociales de la nación, hicieron posible que, en condiciones de desigualdad social, se hayan unido reivindicaciones materiales con reivindicaciones políticas, exigiendo democracia.
En condiciones de desigualdad, las relaciones democráticas son más necesarias que en condiciones de relativa igualdad, pues ellas son las que permiten seguir luchando por una mayor justicia social.
Para transitar el camino de fortalecer institucionalmente a la democracia, se deben trabajar las formas que legitiman al régimen democrático, porque la democracia es y debe ser formal. Existen dos razones para que sea de esa manera, la primera de estas razones es, que debe ser puesta en a través de instituciones que suelen preceder en los escenarios del ejercicio práctico de la organización estatal organizada en forma democrática; y lo segundo, es que, ya en ejercicio del régimen, las formas de la democracia deben ser mantenidas, porque de ellas depende que los conflictos puedan ser solucionados políticamente.
Indudablemente, democracia para poder existir, necesita sus formas institucionales y actitudinales. Ahí se encuentra su verdadera y autentica legitimidad.
La democracia se construye. Es que una buena democracia se mide, no porque sea para todos en todos los lugares y tiempos, sino porque contiene dispositivos legales que permiten que pueda ser renovada y ampliada. Se trata, de que la democracia no es un regalo de los políticos al pueblo. La democracia es la consecuencia de lucha y conquista continuada en el día a día, en procura de mejoras y cualidades para alcanzar la perfección de la convivencia.
Son las imperfecciones y las desigualdades sociales los fundamentos que motivan, para luego hacer posible la implantación de la democracia.
Por Francisco Cruz Pascual
