RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, TEHERÁN.- Un total de 15,200 candidatos se disputarán los 290 escaños de las elecciones parlamentarias del próximo primero de marzo en Irán, unos comicios que suscitan cierta indiferencia popular debido a la mala situación económica, la descalificación de numerosos candidatos reformistas y el desapego político.
El ministro del Interior, Ahmad Vahidi, anunció este martes el número final de candidatos aprobados por el Consejo de los Guardianes, órgano que revisa la legislación adoptada por el Parlamento y tiene capacidad de veto sobre los candidatos a las diversas elecciones.
“Todos los gustos, espectros y grupos están presentes en este proceso electoral, que es una valiosa oportunidad para la participación gloriosa del pueblo, la determinación de su propio destino y la creación de otra epopeya histórica”, dijo Vahidi, en unas declaraciones recogidas por la agencia estatal IRNA.
Según Vahidi, el Consejo de los Guardianes aprobó al 75 % de los candidatos que presentaron su candidatura a las elecciones, cuya campaña electoral comienza el jueves 22 de febrero.
El ministro afirmó que “hay mucho entusiasmo” por los comicios parlamentarios del 1 de marzo, en los que se votará también a los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, organismo que en teoría elige al líder supremo iraní.
El proceso electoral, sin embargo, está marcado por cierta indiferencia y apatía entre el electorado.
Entre los candidatos descalificados se encuentra el expresidente reformista Hasan Rohani (2013-2021), quien aspiraba a la Asamblea de Expertos.
Una encuesta realizada por un centro gubernamental a principios de febrero indicó que solo el 30 % de los encuestados tenía previsto votar, en un estudio que publicaron medios iraníes y que más tarde borraron.
La participación en las legislativas del 2020 fue del 42 %, la más baja en la historia de la República Islámica de Irán, que otorga mucha importancia al número de votos al considerar que le otorga legitimidad.
Se trata además de las primeras elecciones tras las protestas desatadas por la muerte en 2022 de Mahsa Amini cuando bajo custodia policial, tras haber sido detenida por no llevar bien puesto el velo islámico.
La muerte de Amini desató durante meses protestas al grito de “mujer, vida, libertad” en las que 500 manifestantes murieron a manos de las fuerzas de seguridad.




