RESUMEN
Estrategias de desarrollo de alto impacto (enfocado en calidad de vida y bienestar neto).
¿El crecimiento económico ha contribuido a mejorar las condiciones de vida?
El desarrollo económico sostenible requiere sabiduría y una correcta administración, dirección y distribución equitativa de los recursos.
Imagina los ingresos de una familia. Cada año continúan creciendo en términos promedio por cada uno de los integrantes; en el mismo momento en que cada uno tiene garantizado un acceso a educación y salud de altos niveles de calidad, puede dedicar recursos para el ahorro, tiene un buen clima en el hogar, oportunidades de inversión en activos, estabilidad emocional y disponibilidad de recursos para el logro de cualquier objetivo; estamos hablando de que tiene buena calidad de vida.
Cuando hablamos de desarrollo económico, nos referimos a la mejoría de la calidad de vida y bienestar social de los países; o sea, es cuando un país ha logrado que su crecimiento económico sea inclusivo y equitativo y, por lo tanto, ha permitido que las condiciones de salud, educación y acceso a servicios públicos sean para la mayoría de su población, además de la calidad de sus instituciones y capacidad de estar cerca del pleno empleo.
El premio Nobel de economía, Amartya Sen, define el desarrollo más bien como la manera de ser libre. Tener libertad cuando hablamos de desarrollo es ser libre de elegir cómo nos alimentamos, decidir dónde y qué estudiar, tener libertad económica y financiera para poder dedicarle tiempo al ocio sin que afecte o impacte de manera significativa nuestra forma de vivir.
¿Cómo se mide el desarrollo?
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publica desde 1990 anualmente el Índice de Desarrollo Humano; desde su creación, se ha convertido en el indicador de referencia del bienestar de los países. La República Dominicana, específicamente, ha aumentado su IDH en un 32%. Este desempeño coloca al país en la categoría de desarrollo humano alto, con un valor de 0.776, y el puesto 82 de 193 países, según el último informe.
El IDH es una medida resumida del logro promedio en dimensiones clave del desarrollo humano: una vida larga y saludable, un nivel de vida digno y un nivel de vida adecuado. Es la media geométrica de los índices normalizados para cada una de las tres dimensiones. Tras analizar todos los parámetros, cada uno de los países recibe una calificación del 0 al 1. Los que están por encima de 0.80 tienen desarrollo humano muy alto, entre 0.70 y 0.80 alto, medio entre 0.55 y 0.70 y por debajo de esta son bajos.
En la dimensión ingresos, se mide ingreso familiar promedio; en educación, porcentaje de la población de 25 años y más que completó al menos la primaria, media ponderada de la tasa de cobertura neta de los niveles inicial, básico y medio, media ponderada de la tasa neta de culminación de los niveles básico y medio y en salud, camas disponibles por cada 10 mil habitantes, médicos por cada 10 mil habitantes, porcentaje de la población afiliada a un servicio de salud y tasa de sobrevivencia en salud.
¿Ha contribuido el crecimiento con mejoras del IDH en R.D.?
Según el informe de desarrollo humano, entre 2010 y 2023, República Dominicana logró un ritmo de reducción de desigualdad del 1.7% anual, en comparación con el 1% de la región de América Latina y el Caribe. Es así como desde 2018 el país registra menos desigualdad, en relación con el índice de desarrollo humano, que en el resto de la región.
Por ejemplo, en 2023, República Dominicana perdió un 18.3% de su índice de desarrollo humano por desigualdad, una cifra inferior a la pérdida promedio regional (20.9%). Igualmente, entre 2015 y 2024, experimentó una tendencia a la reducción de la desigualdad de distribución del ingreso, medida por el índice de Gini, tanto a nivel nacional como en las zonas urbana y rural. El índice nacional pasó de 0.445 en 2015 a 0.386 en 2024, lo que refleja una disminución sostenida en la desigualdad.
En R.D. persiste mayor desigualdad por una de las tres dimensiones claves del desarrollo humano: Salud, en la que hay mayor dificultad de acceso por los desafíos que persisten en los servicios de universalizar la atención primaria, de forma específica, la salud materna y neonatal.
La esperanza de vida de un dominicano en el año 2025 es de 73.7 años promedio y en 1996 era de 69. En cuanto a la escolaridad, en el 2023 estaba en 9.4 años promedio y en el año 1996 en 7.43. En cuanto a médicos y enfermeras, por cada 10,000 habitantes, en el 2025 termino en 56.3 y en el 1996 estaba cercano a 26, según datos publicados en ambos informes del PNUD de las fechas mencionadas.
Un ejemplo es que la economía ha crecido un promedio de 5% del 1996 al 2024 y el índice de desarrollo humano en el primero era de 0.621, encontrándose en el puesto 89 de 193 países que mide el informe, pasando a 0.776 en el último año, ocupando el puesto 82, lo que explica que el crecimiento no se haya traducido en igual proporción en una distribución equitativa de los recursos.
La plataforma territorial de desarrollo humano del PNUD en República Dominicana, que hace un zoom comparativo a lo interno del país, analiza que, entre 2010-2022, el país ha perdido cerca del 22% de su potencial de desarrollo humano debido a las desigualdades territoriales en el acceso a servicios básicos como salud, educación y generación de ingresos.
República Dominicana está clasificado con un Índice de Desarrollo Humano alto cuando se compara con otros países del mundo, a nivel territorial y entre regiones, el ejercicio muestra resultados mixtos. A saber, el desarrollo humano alto se concentra exclusivamente en la región Ozama (Distrito Nacional y Santo Domingo), mientras que otras regiones presentan niveles medio alto, medio bajo o bajo. Siendo las más rezagadas las provincias fronterizas y, paradójicamente, también Yuma (El Seibo, La Altagracia, La Romana), una de las regiones más turísticas del país, especialmente donde se encuentra el polo turístico de Punta Cana.
Se debe acelerar la reducción de la desigualdad por regiones, ya que es una condición indispensable para lograr un desarrollo verdaderamente sostenible, inclusivo y resiliente. El dinamismo económico avanza a un paso más rápido que la reducción de la desigualdad, lo que revela que el crecimiento económico no conlleva automáticamente una disminución de las disparidades sociales.
El crecimiento económico no se ha traducido en una mejoría en las condiciones y calidad de vida de la población; según los hallazgos del IDH durante el periodo 2016-2022, el país perdió alrededor de un 22% de su potencial debido a la desigualdad. Cuando se descompone el IDH por las tres dimensiones, se pudo observar que la dimensión educación exhibió la mayor pérdida con 27.6%. En el caso de las dimensiones de Salud e Ingresos, las pérdidas fueron de 16.1% y 21.6%, respectivamente.

Algunas estrategias para que el crecimiento sea más equitativo.
El país debe continuar redoblando sus esfuerzos en torno a medidas que aborden simultáneamente la redistribución del ingreso y el acceso equitativo a los servicios de educación y salud como primer peldaño para ejercer otros derechos.
Promover e implementar la formulación de políticas y programas que amplíen las oportunidades de empoderamiento, progreso social y económico.
Impulsar políticas y programas que aborden las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad y fomenten el fortalecimiento de la cooperación y el intercambio de experiencias y mejores prácticas al respecto.
Promover la creación de empleo y trabajo decente, así como el emprendimiento, especialmente entre los jóvenes, y ampliar las oportunidades de formación continua y readaptación profesional.
Fomentar una recuperación económica inclusiva, resiliente, eficiente y equitativa, haciendo uso de las tecnologías digitales. (Programa Regional para la Transformación Digital, IX Cumbre de las Américas, Los Ángeles, 2022).
Combatir la pobreza, la pobreza extrema, el hambre, la desigualdad e inequidad, y la exclusión social a través de políticas públicas que promuevan el trabajo decente, digno y productivo, un sostenido crecimiento económico y el aumento de los ingresos, así como el acceso a la educación integral y de calidad, a la salud y la vivienda, para alcanzar en las Américas un desarrollo sostenible con justicia social. (Pobreza, desigualdad e Inequidad, Cartagena, 2012).
Promover el crecimiento económico con equidad e inclusión social por medio del fortalecimiento de las cooperativas, las micro, pequeñas y medianas empresas, incluidas las industrias culturales, así como las iniciativas de economía popular y otras unidades de producción, la innovación y la competitividad en los países de las Américas. (Pobreza, desigualdad e inequidad, Cartagena, 2012).
Fortalecer las alianzas, tanto público-privadas como con todos los actores interesados, para promover la reducción de la pobreza y la desigualdad, así como el desarrollo económico y social de las comunidades en las que operan. (Pobreza, desigualdad e Inequidad, Cartagena, 2012).
Reducir el alto nivel de endeudamiento que tiene el país representa alrededor de RD$27 mil millones mensuales, lo que continúa obstaculizando el desarrollo.
Promover la transparencia y la confianza en el gobierno en las buenas prácticas regulatorias y administrativas que protegen a las personas, refuerzan la obligación de rendir cuentas, la previsibilidad, la inclusión, y respaldan economías fuertes y resilientes.
Fomentar la creación de ciudades y territorios inteligentes que coadyuven en el desarrollo integral, el gobierno digital, la reducción de la brecha digital, así como la inclusión financiera a través de la expansión de instrumentos de pago, mecanismos de financiamiento alternativo y otros servicios financieros digitales.
Se requiere impulsar mayor inversión en salud preventiva y acceso universal, especialmente en comunidades zonas rurales y en poblaciones históricamente excluidas (como las zonas fronterizas); profundizar el refuerzo de la calidad educativa con foco territorial y de género, atendiendo a las disparidades en aprendizaje, permanencia escolar y oportunidades para jóvenes e incorporando nuevas tecnologías en la educación y en emprendimientos; y promover políticas fiscales progresivas, y una protección social universal y adaptativa, que redistribuya los ingresos y reduzca las vulnerabilidades.
Por Engels G. Fortuna R.
Economista de profesión con posgrados en Finanzas y maestría en Banca y Mercados de valores. Catedrático universitario y consultor empresarial, CEO fundador de varias empresas, entre ellas MIFCOB. Miembro de la sociedad Acción Multiempresarial y miembro del consejo de Desarrollo de Santo Domingo Este.
