Las prosas de Mabui
La identidad es uno de los ejes centrales de la experiencia humana: ¿quiénes somos realmente, más allá de un nombre o un apellido? Aunque había planeado escribir hoy sobre la muerte —a petición de una apreciada amiga—, sentí que aún no estaba lo suficientemente preparada para abordar un tema tan profundo. Así que, en su lugar, hablaré de la identidad, ese proceso dinámico que nos define y redefine a lo largo de la vida.
Desde lo lingüístico y lo social: “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.”
En las ciencias sociales, la identidad abarca tanto la concepción que cada persona tiene de sí misma (identidad personal) como la sensación de pertenencia o separación respecto a grupos (identidad social).
Proceso dinámico y evolutivo, en constante transformación a lo largo de nuestra vida, que refleja los distintos estados de conciencia por los que transitamos, constelaciones familiares, Instituto Ángeles Wolder.
Enfoque del yoga, la identidad como percepción global de nosotros mismos: creencias, valores y la manera en que nos relacionamos con el mundo.
Otras perspectivas filosóficas y sociológicas:
Jean-Paul Sartre y el existencialismo: “El hombre está condenado a ser libre”: nuestra identidad no está predeterminada; la construimos mediante nuestras elecciones. En ese sentido, somos responsables de “ser quienes somos”.
Michel Foucault y las tecnologías del yo: Sugiere que el sujeto se forma a través de prácticas, discursos y “tecnologías del yo” (prácticas de autocuidado, confesión, escritura), que moldean nuestra autoimagen.
Henri Tajfel y la teoría de la identidad social: destacó cómo tendemos a categorizarnos en “nosotros” y “ellos”, y a obtener parte de nuestro autoconcepto del grupo al que percibimos como propio.
Zygmunt Bauman y la modernidad líquida: En un mundo en constante cambio, las identidades también se vuelven líquidas: somos viajeros que ensamblan fragmentos de pertenencia, estilos y narrativas en permanente movimiento.
Mi camino hacia la identidad
Hasta un cierto momento, yo misma viví en una confusión continua. Creía que mi identidad se reducía a un apellido —el que me tocó al nacer— y luego al apellido que mi padre divino decidió adjudicarme sin trámite alguno. Esa incertidumbre me mantenía hacia el alejamiento de mí misma.
Frustrada por tantas situaciones a causa de ese “cambio” impuesto, emprendí la búsqueda de mi verdadero yo. Entonces descubrí la noción junguiana de individuación: proceso mediante el cual el ego se integra con las partes inconscientes de la psique (la sombra, el ánima/ánimus y el self), con el fin de llegar a la unidad psicológica plena.
La identidad no es un trofeo que se conquista de una vez para siempre, sino un río en perpetuo fluir: lo que somos hoy puede transformarse mañana al contacto con nuevas ideas, experiencias o relaciones.
Reconocernos como seres en proceso de individuación, como sugiere Carl Jung, y entender que nuestra libertad sartreana y las “tecnologías del yo” foucaultianas nos ofrecen herramientas para labrar nuestro ser, nos ayuda a abrazar esa movilidad íntima.
Al final, la identidad es —como afirmó el Instituto Ángeles Wolder— un viaje dinámico de autodescubrimiento: un relato que nosotros mismos escribimos y reescribimos cada día.
Por Evelin Peguero
@evelinpolin
