Los reciente acontecimientos sucedidos en Venezuela son de conocimiento general. Nicolás Maduro Moros, fue arrestado en una acción tan espectacular, como Operación Roble de la Segunda Guerra Mundial del 12 de septiembre de 1943, donde un comando de fuerzas alemanas (Fallschirmjäger), liberó al depuesto presidente italiano Benito Mussolini, de su encierro en el Hotel Campo Imperatore. Mussolini guardaba prisión tras el desembarco aliado en Sicilia, y Hitler quería salvarlo para mantener a Italia en la guerra.
En el caso del presidente venezolano el pasado 3 de enero, existían en su contra un pliego de imputaciones desde los sufragios del 28 de julio del 2024 en Venezuela, donde había mantenido el poder con ejecutorias antidemocráticas, obligando a más de 8 millones de sus ciudadanos a abandonar ese país. El propio presidente norteamericano Donal Trump, definió la espectacularidad del arresto, como “Algo nunca visto desde la Segunda Guerra Mundial”, aunque muchos no entendieron el paralelismo histórico.
El mundo ha celebrado la captura, todos coincidimos en el papel protagónico del presidente Donal Trump y nos enorgullecemos de la capacidad bélica de los Estados Unidos, porque en el fondo, ese manto poderoso es la garantía que tenemos, de que potencias de otros continentes aplaste los pueblos de América, como sucedió a partir del 1492.
Las interioridades de Venezuela, luego del arresto de su presidente, se tornan interesantes: Las luchas internas ya iniciaron y es posible que la inestabilidad política se prolongue por una o dos décadas. Quien resulte presidente, por imposición o voluntad colectiva, generará la insatisfacción en cualquiera de los escenarios y el rechazo generalizado será la impronta ante cualquier acuerdo con Estados Unidos.
Una muestra de esa incongruencia interna que arropa a Venezuela, lo representa el panorama actual. La vicepresidente de Nicolás Maduro (quien robó las elecciones el 28 de julio del 2024) Delcy Rodríguez, ya asumió la presidencia, anunciando la disposición de hacer lo necesario para organizar internamente ese país. Parece contar con el apoyo de los gringos y la probidad de los leales a Maduro. Lo que todos han olvidaron es, que si Maduro ganó los comicios con fraude, su vicepresidenta está bajo la misma ilegalidad.
Otro panorama interesante lo representa María Corina Machado, la Premio Novel de la Paz. Resulta que esta dama, olvidó que ella en lo comicios del 2024, era la candidata vicepresidencial de Edmundo González y que caso de que el mundo legitime esos comicios para sustituir a Maduro ante la coyuntura actual, la presidencia de ese país le corresponde a Edmundo y no a ella. La premio nobel, anda cogiendo a muchos de tontos, quiere llegar a la presidencia, sin haberla ganado.
Otro que anda reclamando el trono en Venezuela, es Juan Guaidó, quien desde enero del 2019 fue proclamado “presidente interino” y entiende que, ante las actuales coyunturas, le toca asumir lo que muchos Estados le reconocieron en su momento.
La cúpula chavista, leal a Maduro, se mantiene recorriendo el país rectificando adeptos y manteniendo las cosas en orden, mantienen el poder, controlan el país y están en condición de negociar en los actuales momentos. Son el mal necesario para encausar ese país por una apertura democrática en orden.
Lo que se puede vislumbrar en las actuales circunstancias es, que en la mesa del diálogo habrá una cuota para los chavistas. Que las elecciones del 2024 sirvieron como pretexto para cerrar el cerco que culminó el 3 de enero del 2026 con el arresto de Maduro y que el Premio Novel de la Paz será el galardón de consolación para una opositora que ha querido robarse una presidencia que no le corresponde. En conclusión, María Corina Machado se quedará con el moño hecho.
Por: Florentino Paredes Reyes.
