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31 de enero 2026
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OpiniónVíctor Corcoba HerreroVíctor Corcoba Herrero

Mares y desiertos; convertidos en vertederos 

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RESUMEN

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ALGO MÁS QUE PALABRAS

“Hoy más que nunca, necesitamos dar vida, donar aliento y acompañar, ante el clamor injusto que nos lanzamos unos contra otros, como auténticos leones sin corazón”.

Todos los cauces van al mar, pero el mar está desbordado de contextos mundanos en sus fondos marinos. Sólo hay que adentrarse en sus interiores para observarlo y vivirlo. Tantas veces olvidamos que el lecho marino es un medio viviente, no un basurero desértico, que demanda el esfuerzo de todos por garantizar la salud de los ecosistemas oceánicos durante las próximas décadas. Esta situación es horrorosa; puesto que estamos para dar vida, no para restarla, y la mayor parte del espacio habitable del planeta se encuentra bajo el agua. Deberíamos, por consiguiente, activar una ética gobernanza oceánica inclusiva, para que su gestión se haga de manera sostenible en beneficio de la humanidad en su conjunto, de modo que la prosperidad y la protección vayan de la mano.

Si para aprender a meditar no hay como viajar por mar y desiertos, que nos harán despertar, ya no sólo de nuestro espíritu contaminante, también de la pasividad hacia las rutas migratorias, que, para muchas, demasiadas personas, son mortales. Ciertamente, la humanidad se ha deshumanizado por completo. De lo contrario, extenderíamos nuestro abrazo hacia esas gentes que piden auxilio, como tampoco es natural, que no salvaguardemos las aguas internacionales en un mundo globalizado donde, tanto el afecto como el efecto, son colectivos. Desde luego, debe existir un control sobre la actividad en alta mar, como también debe cohabitar una asistencia humanitaria, al menos para que los mares no se conviertan en cementerios de migrantes o en simples autopistas para el comercio.

Hoy más que nunca, necesitamos dar vida, donar aliento y acompañar, ante el clamor injusto que nos lanzamos unos contra otros, como auténticos leones sin corazón. El egoísmo nos sobrepasa. Por ello, seguro que nos hará bien, pensar en ello: en esos mares y desiertos mortíferos que nos dejan sin palabras. Al igual que hay que facilitar el refugio a quienes huyen de la guerra, de la violencia, de la persecución y de tantas calamidades; de igual forma, tenemos que tomarnos en serio, el apoyo hacia una contribución vital, para abordar la llamada triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la contaminación. En consecuencia, dejemos de ser agentes corruptos y pasemos a ser ciudadanos de bien. Será un buen plan, sin duda.

Uno debe ser responsable de los propios actos, por ejemplo cuando contamina o no auxilia a su análogo. Vivimos en la confusión permanente, y todo por no hacer un alto en el camino, para repensar nuestras propias actuaciones vivientes. Nos hartamos de viajar; y, sin embargo, no tenemos tiempo para explorarnos internamente. Así, vamos por sendas de iniquidad y perdición, por océanos furiosos debido a nuestra irresponsabilidad; obviando que nuestra masa de agua es el fundamento de nuestra existencia. Ojalá se acreciente esa humanidad, que hace todo lo posible por no viciarse. Dejarse contagiar por la malvada cultura de la indiferencia y el descarte, es todo un despropósito. Reconsideremos la situación, cada mañana, ya que cada día puede ser el último.

La pulsación contemplativa es, realmente, la verdadera humanización. Sea como fuere, en un mundo corrompido globalmente, dividido y desgarrado por muchos conflictos, hundido en un piélago de miserias, lo sensato es comprometerse a trabajar honestamente en unión y en unidad; con un solo amor, el verdadero; y, con una sola pasión, el desprendimiento, para hermanarse. Quizás tengamos que tomar otro espíritu, también el de servicio, nunca el poder sin más, que nos atrofia y nos impide armonizar los corazones y las mentes. Vengan, pues, las olas del cambio a hacerse realidad. Ahora es nuestra responsabilidad colectiva impulsarlas, por la ciudadanía, por nuestro planeta y las generaciones futuras. Rehacerse como familia, es la verdadera prueba: ¡vivir el calor de hogar!

REFLEXIÓN POÉTICA

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

ME ALOJO EN EL SEÑOR;

PARA SEGUIR SU SENDA

UN CORAZÓN SIEMPRE ABIERTO: Dios nos nombra, sólo hay que mirar y ver con un oído atento, su luminoso camino de plenitud, para seguirle y dejarnos moldear por tan inmaculado amor. Todo se revierte en concordia: la obediencia se convierte en alegría, el regocijo del gozo se vierte en quietud y la placidez tampoco se pervierte, nos regenera. Bajo este espíritu renovado, además caminamos sin huir del mundo, dejando que la luz de Cristo se refleje en nuestro andar cotidiano.

I.- LLAMADOS A CAMINAR PRÓXIMOS;

A NUESTRO PRÓJIMO

Pongamos oído en cada amanecer,

dejemos que el latido nos levante,

que el espíritu nos guíe cada paso;

hagamos comunión de horizontes,

formemos y conformemos unidad.

 

Escuchándonos entre sí, existimos;

porque hallamos el calor de hogar,

que es el que nos incrusta el amor,

y nos hace redescubrir los andares,

que han de reunirse para revivirse.

 

Aquí estoy, Señor, para alcanzarte.

Robustéceme de silabarios pulcros,

rejuvenéceme de aires disponibles,

para poder compartir experiencias:

partiendo panes, repartiendo savia.

 

II.- LLAMADOS A CORONAR ALTURAS;

CON LA HERMOSURA NUESTRA

A pesar de los pesares Nazarenos,

pues somos penitentes en camino,

por Cristo hemos sido indultados,

liberados de todo abuso maléfico,

que nos encadena y nos esclaviza.

 

Asociado a este perverso tumulto,

de muerte y pérdida en el diluvio,

aparece como anunciadora de luz,

la paloma viviente que nos aviva,

a vivir una vida nueva en plenitud.

 

Bautizarse en el espíritu angelical,

es renacerse y hacerse más poesía,

montarse de pasión para remontar,

las crueles calzadas de aquí abajo,

y poder coronar Alturas gloriosas.

 

III.- LLAMADOS A UNIR PULSOS;

CON LAS PAUSAS DEL ANÁLOGO

Agrupados vamos dejando huella,

recorremos sitios que nos atrapan,

y nos movemos reabriendo zonas;

son áreas que nos desenmascaran,

territorios que nos quitan el habla.

 

El asombro está en donar lo bueno,

en concebirse libres como la brisa,

en testimoniar la alianza caritativa;

donde la Divinidad se hace testigo,

y, su comprensivo Reino, palpable.

 

Demos calma a quien está afligido,

realcemos la plegaría al Redentor,

glorifiquemos su proeza de pasión,

loemos que camine a nuestro lado,

porque somos hijos, hijos de Dios.


Por Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

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