RESUMEN
WASHINGTON.– El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se consolida como una de las figuras en ascenso dentro del trumpismo, recortando distancia frente al vicepresidente JD Vance, en la carrera por la sucesión de Donald Trump. Sin embargo, el impacto político de la guerra con Irán podría frenar en seco sus aspiraciones presidenciales.
A finales de febrero, durante una cena con donantes en Mar-a-Lago, Trump consultó a influyentes figuras republicanas sobre sus preferencias para 2028. La respuesta favoreció de forma contundente a Rubio, reflejando su creciente peso dentro del partido.
De rival interno a figura clave del trumpismo
Hace apenas un año, Vance parecía el heredero natural del liderazgo republicano. No obstante, el ascenso de Rubio ha sido acelerado, impulsado por su protagonismo en política exterior, incluyendo la operación que llevó a la captura de Nicolás Maduro.
El propio Trump ha elogiado reiteradamente a Rubio, calificándolo como “el mejor secretario de Estado de la historia”, e incluso ha insinuado una posible fórmula electoral conjunta entre ambos dirigentes, sin definir roles.
Una relación marcada por la rivalidad
El actual escenario contrasta con el pasado. Durante las primarias republicanas de 2016, Rubio y Trump protagonizaron duros enfrentamientos. El entonces senador por Florida representaba el ala tradicional del partido, con posturas intervencionistas en política exterior y una línea dura frente a países como Rusia, China, Irán, Venezuela y Cuba.
Tras su derrota en Florida, Rubio se reconfiguró políticamente y logró integrarse al núcleo del trumpismo. Con el tiempo, su lealtad le permitió escalar posiciones hasta convertirse en el primer hispano en liderar la diplomacia estadounidense y asumir incluso funciones de seguridad nacional, en un rol comparable al que ejerció Henry Kissinger.
Irán, la prueba que puede definir su futuro
El mayor desafío para Rubio es la guerra con Irán, iniciada el 28 de febrero tras una ofensiva conjunta con Israel en la que murió el líder supremo iraní, Alí Jameneí.
El conflicto, sin objetivos claros ni horizonte definido, ya ha dejado bajas estadounidenses y ha generado un impacto económico, incluyendo el aumento del precio de los combustibles. Además, según encuestas recientes, una mayoría de la población estadounidense rechaza la intervención.
Expertos advierten que este escenario podría convertirse en el principal obstáculo para Rubio. Su cercanía con la estrategia internacional de la administración lo vincula directamente al desarrollo del conflicto, limitando su margen de maniobra política.
Tensiones dentro del movimiento MAGA
Dentro del movimiento “Make America Great Again” (MAGA), la guerra ha generado incomodidad. Sectores clave consideran que el conflicto contradice la promesa de evitar intervenciones prolongadas en el extranjero, como ocurrió con la guerra de Irak, duramente criticada por Trump en el pasado.
En contraste, Vance ha mantenido un perfil más discreto y alineado con las bases, lo que podría fortalecer su posición frente a un Rubio cada vez más expuesto.
A pesar del respaldo de grandes donantes, el futuro político del secretario de Estado dependerá en gran medida de la evolución del conflicto y, sobre todo, de la posición que adopte Trump, cuyo liderazgo sigue siendo determinante dentro del Partido Republicano.




