EL NUEVO DIARIO, SANTIAGO. – Cada día, los conflictos generados por el comportamiento problemático de los vendedores en las calles más concurridas de Santiago y el país se intensifican, mostrando gran preocupación.
El Nuevo Diario conversó con Sandy Filpo, presidente de la Asociación de Comerciantes e Industriales de Santiago (Acis), quien clasificó la problemática en tres vertientes: menores enviados por adultos, extranjeros que se dedican al comercio callejero y dominicanos que optan por trabajos informales o no tienen empleo estable.
El empresario dijo que en el caso de los menores, es responsabilidad del Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (Conani) abordar el problema mediante normativas. Sin embargo, entiende que el tema de los extranjeros es más complejo, ya que la mayoría se encuentra en situación de indocumentación.
«El tercer enfoque se refiere a los dominicanos que no tienen o no quieren un trabajo fijo, y digo ‘no quieren’ porque muchos prefieren esa informalidad en lugar de empleos formales. Es por eso que la informalidad alcanza más del 60 % y se convierte en un flagelo, ya que representa un desempleo oculto y es más complejo abordar esta cuestión», planteó.
Es evidente que los tiempos y las tradiciones evolucionan, y a lo largo de los años la gente busca más facilidades para adquirir sus productos, en cambio, todavía no se han implementado estrategias efectivas para reducir el acoso y la agresión de los vendedores en los semáforos.
En una época pasada, la ciudad de Santiago contaba con mujeres que se dedicaban a la venta de productos básicos y se trasladaban en burros y mulas para entregarlos directamente a los consumidores.
Hoy en día, solo una persona continúa esta tradición: Miguelina Vásquez, una mujer de 64 años que desde muy joven se ha dedicado a vender guanimo y maíz pelado. Recorre más de 10 barrios, donde la esperan junto a su fiel amigo, el burro Tom. Vásquez es la única marchanta que transita por las calles de la zona mencionada anteriormente. Según cuenta, su venta oscila entre 1,000 y 1,500 pesos dominicanos, dependiendo de cómo esté el negocio.
La tradición santiaguera llevó a que en honor a las marchantas, el alcalde José Enrique Sued tomara la decisión de construir una plaza en su honor. El lugar se encuentra en la rotonda de la avenida Juan Pablo Duarte, justo en la entrada de Hoya del Caimito, ya que la mayoría de ellas residen en las comunidades de Don Pedro y Monte Adentro.
Este medio conversó con Yanilsa Cruz, directora de Cultura y Arte del Ayuntamiento de Santiago, para preguntar si la institución ha considerado algún proyecto que evite que la tradición desaparezca. Cruz respondió que se necesita un trabajo conjunto con varias organizaciones, pero hasta el momento no se ha llevado a cabo.
Expresó que como institución, «hemos trabajado en la creación de murales alusivos a las marchantas con el objetivo de viva esa memoria ancestral en las personas».
Por su parte, el presidente de la Alianza Cibaeñas, Juan Guerrero, expresó que en su opinión, recuperar la tradición es un desafío debido a que los burros están en peligro de extinción y su precio es inaccesible para personas de escasos recursos.
«Recuperar la tradición es sumamente difícil, los burros están en peligro de extinción, ya no hay muchos y su precio es exorbitante. Prácticamente están desapareciendo», sostuvo.




