RESUMEN
Para lograr un ciudadano mecánico las elites han dejado inundar de alucinaciones el mercadeo de la “felicidad” humana. Han dopado a una gran parte de la ciudadanía con falsedades que convierten la vida de las personas en adictas al consumo, a la holgazanería, y han vuelto al culto del ego una forma de éxito, en la cosmética de las redes sociales. La adicción a la comodidad tiene a las personas en un nirvana que les convierte en fáciles presas del contexto que han fabricado en la visión de dominación desde la enajenación, la irresponsabilidad y la falta de compromiso para consigo mismo.
Desde la educación escolar e incluso desde la propia formación familiar, casi nunca se permite la reflexión cabal, aquella que nace desde la libertad. La cuestión es mantenernos a raya desde los primeros años, así se nos ha formado desde el dogmatismo social sin importar nacionalidad, aunque en unos espacios geográficos es más lento que en otros, debido a la cultura ancestral (la que casi siempre se convierte en valladar), pero, este proceso indetenible, aprovecha los escasos poros sociales y penetra para realizar su tarea sin prisa, pero, sin pausa.
El objeto es mantener a raya el pensamiento evolutivo, la parte cognitiva de la formación y de la educación formal o informal, para que solo podamos acceder a lo permitido desde los limites oficiales, satanizando la visión no oficial (la que es vedada por los enemigos de la libertad), porque rompe las reglas del sistema y vuelve críticos a los ciudadanos, convirtiéndoles en reflexivos y capaces de indagar con sus propias reglas.
A toda costa y desde la oscuridad, buscan eliminar la capacidad de pensar, para evitar que la gente común entienda sus componendas. Estos grupos dominan la economía y le temen a una ciudadanía que pueda alcanzar la comprensión del por qué y el para qué de sus propósitos.
Es difícil enfrentarlos, porque se han enquistado en el “Estado profundo”.
Quieren una población obediente, capaz de “dejar hacer” desde su incapacidad para observar, analizar, entender y comprender. Quieren que la gente solo sea capaz de ver desde las alucinaciones que les colocan enfrente a través de las pantallas y los medios de comunicación en sentido general.
Desde ese ángulo, la vida mecánica sumerge a los seres humanos en cumplidores de misiones asignadas desde la frialdad de los que toman decisiones, sin que la gente tenga capacidad de discernir ni libertad de ver hacia otros rumbos ópticos.
La finalidad es colocarnos en el plano de la ignorancia que acomoda y poco a poco vuelve insensibles a los sujetos, haciéndoles incapaces de protestar, porque les han mutilado la conciencia y por lo tanto han colocado en el zafacón de su existencia el lado filosófico de la vida humana que se preocupa por “el para qué”. A cambio, nos han facilitado “el cómo” a través de la perfección técnica y tecnológica.
Por si no se han dado cuenta, el propósito es aniquilar “el por qué”, para poder borrar todo vestigio de cuestionamiento. Hace tiempo que mataron la ternura, están acabando con los limites de la moral, alejando al ser humano de la razón de ser de la ética. La vida mecánica ha convertido a la compasión en debilidad y a la solidaridad en pérdida de tiempo.
Quieren una ciudadanía sin sentido de convivencia, un individuo capaz de buscar su bienestar por encima del sentido común que la andrología primero y la pedagogía después, han construido durante toda su existencia.
Tienen a la humanidad en donde querían tenerla, una parte de ella, reconociéndose exitosa desde la óptica del ego; otra parte, desde una comodidad adictiva y la otra desde un bienestar particular ciego e inconsciente.
Lo gracioso de esta situación la encontramos en el hecho de que el individuo no se observa como víctima, porque se encuentra cómodo con la situación en que se encuentra, se imagina que tiene todo bajo control y cree que se la “está comiendo”, que está dirigiendo el guion de la película de su vida, sin darse cuenta de que los que escribieron los episodios y el director de la serie que da cuenta de su existencia, manipula sus actuaciones (aunque el individuo se perciba a sí mismo como el protagonista), los que dirigen la edición de las escenas, pueden convertirlo en héroe y aniquilarlo en forma abrupta.
Los que dirigen desde la economía, necesitan personas pasivas, sin autonomía. Han manipulado la realidad y han construido el mundo perfecto, en donde el pensamiento es una acción subversiva, siempre y cuando les afecte lo dilucidado.
Por: Francisco Cruz Pascual.
