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9 de febrero 2026
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OpiniónMaximo SanchezMaximo Sanchez

Luis Abinader y las alianzas público-privadas

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RESUMEN

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Los cimientos del sistema capitalista, son el capital y el trabajo. Demonizar a los capitalistas, es una forma de perder aliados, cuando el Estado no tiene las fuentes de capital para las inversiones requeridas en la ruta del desarrollo de los planes de gobierno, que han sido trazados por un determinado proyecto político.

Las alianzas público-privadas funcionan, y son saludables para el crecimiento de nuestros países en vías de desarrollo; pero en este sentido la participación del Estado, debe garantizar de una manera clara y responsable los derechos y beneficios a los dueños reales de la casa, o sea del país, que no son otros que los pueblos.

Las riquezas de los países, además de sus recursos naturales y su principal activo, la gente, las constituyen las inversiones y construcciones que se realizan en su territorio; las carreteras, los muelles, las calles, las edificaciones, los acueductos, todo lo que se construye para facilitar la vida y el movimientos económico y social de los pueblos es parte de su riqueza; sin importar, si lo construyó el Estado o sector privado.

El Presidente en su último discurso, que fue una alocución sobre las iniciativas del primer mes, debió dedicar unos minutos a explicarles al dominicano, que era y como se masticaba eso que él ha puesto sobre la palestra llamándolo “alianzas público-privadas”; porque con todo y lo inteligente de nuestro pueblo, muchos se pueden confundir, principalmente algunos interesados.

El Presidente Abinader debería comenzar a buscar la fuente de donde han salido los rumores de la privatización de bienes y servicios, que el pueblo dominicano viene disfrutando desde muchos años atrás; porque si esos rumores no han salido de la oposición a su gobierno, entonces Luis Abinader está muy mal acompañado.

En la República Dominicana existen muchos nichos de inversión para alianzas público-privadas

; nuevos aeropuertos, nuevos puertos marítimos, plantas energéticas de generación, presas, y toda una gama de obras necesarias, que no tienen que ver con la salud, el tránsito o la alimentación de la población dominicana.

Por ejemplo, los gobiernos han venido declarando de alta prioridad el desarrollo del polo turístico de Pedernales; esa demarcación necesita con urgencia su aeropuerto, ¿porque no piensa el capital en esa inversión, que tendría un amplio y rápido retorno, además de buenos márgenes de ganancias?

En esta misma línea, ¿porque el capital privado no planifica la construcción de un gran atracadero turístico en la ensenada del Cayo de Juancho, Pedernales? Ese es uno de los sitios más hermosos y apropiados para un atracadero comercial de embarcaciones turísticas y de pesca comercial y deportiva en esa zona del país.

El estado está en la obligación de construir los servicios básicos de todas las zonas que los necesiten para fines de inversiones y desarrollo; la carretera Barahona-Pedernales fue iniciada por el pasado gobierno; muy tarde para ser concluida, y con una intención que no estuvo clara; pues sus trabajos fueron suspendidos en la campaña electoral a poca distancia del gran hotel que construye el Ex ministro de Obras Públicas de la pasada gestión.

Dejar escapar rumores de privatización de servicios, como salud, agua, peajes de carreteras, metro, presas y regadío y otras obras y beneficios sociales, por los que ya el pueblo dominicano pagó un alto sacrificio, es un flaco servicio a la gobernabilidad del país.

El capital privado debe apuntar a las áreas vírgenes para la inversión, que son muchas en un territorio de un país en vías de desarrollo como el nuestro.

Ojalá el Presidente Abinader comprenda que los dominicanos no quieren una terrible confusión entre la mantequilla y la melcocha.

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