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20 de enero 2026
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OpiniónJohnny SánchezJohnny Sánchez

Los tiempos cambian, sí o no:  Un análisis

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.
Fotos y allantes para demostrar unidad, se venden como reales, pero en República Dominicana vivimos en un país donde todo tiene una versión oficial y otra paralela como si fuese posible la existencia en duplicado.

Como no soy político, no me enfocare en ese tema de proclamaciones, sino en el económico.

Las dos versiones, la del pueblo y la oficial suceden también con el dólar, con la inflación, con la aduana, con la realidad, con el relato, con los asaltos, con delincuencia, corrupción, etc., etc.

En este contexto, es factible que haya una opinión pública genuina y otra prefabricada a conveniencia de intereses sectarios.

Para todo hay versiones adulteradas contenidas en un lenguaje paralelo cuya característica es el uso indefinido de eufemismos y falacias.

Como por arte de magia, palabras como racismo o hegemonía se infiltran en la oratoria oficialista.

No se trata de complots ni conspiraciones destituyentes sino de la instauración de ideas que posteriormente se atribuyen a una “dictadura mediática” inexistente. Alguien tiene que tener la culpa cuando se venga abajo todo este andamiaje con alambre atado.

Si bien el poder de los medios existe y es innegable su influencia, mayor o menor, según los casos, a esta altura de las circunstancias ya nadie compra carne compactada creyendo que es trucha fresca o ahumada.

Hoy por hoy, la mejor ley de medios es el control remoto del televisor y el estante donde apoya los diarios el canillita del barrio.

En definitiva, la verdad no está en una editorial de la prensa, sino en la experiencia de cada ciudadano.

Pero en el afán de instalar una opinión pública residual no sería de extrañar que en vez de plantear una agenda que contemple el desarrollo del país en los próximos 10 o 20 años, nos detengamos a debatir quién vino primero si el huevo o la gallina. Lo primero debe ser primero y cuento de gallina es viejo y sin sentido.

De todos modos, las creaciones falsas tienen vida limitada.

Creer que se mantendrán en el poder por generaciones, tapándose los unos a los otros, no se lograra en RD. Apuesto a que no volveremos a dejarnos doblegar por el mercurio y la retórica de los arribistas.

Lo mismo ha de suceder con la Rep. Dominicana paralela del relato oficialista.

La república que crece para un grupito solamente, que cree que somos un NY chiquito y donde estamos todos felices, ya no se lo creen ni ellos mismos.

Su destrucción es inevitable. No puede inventarse durante mucho tiempo un público y mucho menos atribuirle opiniones que no comparte.

El “todos y todas progresamos” de la Presidencia es su fantasía, una entelequia erigida según su conveniencia más que mediante el conocimiento de los aspectos intrínsecos de su pueblo, consecuentemente es algo vacío. No ha logrado darle una entidad acorde a la realidad.

Decimos “eufemismo” pues es siempre indefinido el número de estos dispuestos a escucharla.

Más aún, al comenzar la última cadena nacional, del gobierno, más de 500.000 ciudadanos que estaban mirando canales de aire pasaron al cable o apagaron su televisor. A esa realidad aritmética hay que sumarle lo inevitable: cada uno agrega sus propios condicionantes (educación, gustos, cultura, memoria, etc.) 

Hay que desmitificar viejos dogmas, empezando por la creencia de que todo pasa por manipular a las masas. Cualquier debate medianamente serio sobre el tema abre el interrogante acerca del papel de los medios, el rol del periodismo y los límites de la manipulación política, pero difícilmente podrá acordarse una única y todopoderosa teoría. Que suceda de esa manera habla de cierta maduración en la sociedad dominicana.

Pocas veces una época fue tan fecunda. Lo pasado ya no sirve y lo nuevo no ha llegado. Hay trabajo por hacer, y está claro que quien decida llevarlo a cabo será en lo sucesivo, el verdadero dueño del poder.

Por Por Johnny Sánchez, economista 

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