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23 de enero 2026
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OpiniónFernando DespradelFernando Despradel

Los sueños truncados de un joven prospecto

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RESUMEN

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Era la última clase en el quinto B de la Escuela de Pantojas próximo al medio día y Ronaldo, un chico de tez india clara y buena estatura se sentía inquieto, regularmente eso le ocurría todas las mañanas en el cierre de la jornada.

El sabía que su mente ya no estaba en el salón de clases, quería llegar con prontitud a su casa, comer moderadamente, reposar algo y llegar al play, a entregarse plenamente a la práctica de béisbol junto a sus amiguitos y las orientaciones del manager Pedrín García.

El no tenía preferencia por posición alguna, si lo ponían a quechar, jugar la segunda base, el center field, o a pichar; donde quiera se sentía bien y trataba de hacerlo lo mejor posible.

Para el niño de los alrededores de Pantojas, cada minuto en el play, era como estar en el cielo.
Cuando se ocultaba totalmente el sol la jornada acababa, sudoroso como un potro y cansado, pero siempre satisfecho de su labor.

El manager Pedrín García comenzó en percibir que Ronaldo, de manera espontánea continuamente iba aumentando la velocidad y control de sus lanzamientos, conviertiéndose en el cuco de los bateadores contrarios.

Aunque atrapaba bien rolling, líneas y globos, además tiraba aceptablemente; definitivamente lo suyo era el picheo.

Cuando veía un partido de pelota, siempre ensimismado, iba narrando los diferentes lanzamientos del picher y percibía antes de que lo bajaran de la loma, que estaba ya de cambiar.
Se centraba muy detenidamente en ver los agarres de los lanzadores en cada lanzamiento, para luego tratar de replicarlos en sus prácticas.

Por recomendación del manager Pedrín García había que darle siempre vitaminas a ese futuro estelar picher de grandes ligas y su padres se ocuparon de mantenerle siempre un pote grande de esos suplementos.

El adolescente de unos 14 años ya registraba una velocidad de 70 millas por hora, para en poco tiempo arribar a las 75.

Frecuentemente soñaba tirando misiles uniformado con las insignias rojas de los Leones del Escogido, cosechando algarabías y estruendosos aplausos cada vez que ponía a bailar ballet a los bateadores contrarios.

Ronaldo vivía encerrado en su mundo, era muy poco comunicativo, su desarrollo deportivo poco lo cambió.

En principio el lanzador que ya se perfilaba como una estrella del box dependía de su bola rápida, tirando fuego con su recta encendida y de cuando en cuando curvas.

La entrega del joven silencioso era total, nada que lo desviara de su práctica del béisbol y los progresos se dejaban sentir entre sus compañeros quienes sentían en carne propia la efectividad de esos lanzamientos.

En su casa todos apostaban a ver coronado los sueños de este empecinado pelotero.

El tiempo transcurrió rápidamente y los acontecimientos encajaron como si estuvieran programado como las piezas de un rompecabezas.

Pedrín García, el manager contactó varios escuchas para mostrar su diamante ejecutando maravillas en el box.

Después de varias negociaciones fallidas, llegó el momento anhelado, uno de los días de mayor felicidad para este joven, que empezaba a casarse con la gloria.

¡Llegó el contrato con un equipo de grandes ligas!

Los Rojos de Cincinnati le extendieron un contrato para entrenar en sus campos de República Dominicana primero y luego en Arizona.

Si daba la talla sería llamado para hacer el equipo de Grandes Ligas.

Todos en su barrio vivieron con intensidad la alegría de que la entrega y dedicación del buen muchachito se vieran colmadas con este primer gran logro.

Estaban seguros todos de que llegaría y sería un pitcher estelar.

No obtuvo una cifra millonaria, pero lo que derivó del modesto contrato, luego de restar el 30 por ciento de comisiones al escucha y manager, le permitieron comprarle un apartamento para sus padres y una casita del sector, la cual reconstruyó.

Rápidamente su bola encendida fué incrementando velocidad, pasando de 70 a 80 millas en su primer año de entrenamiento en la academia de Boca Chica.

Ya en Arizona alcanza las 90 millas.

El jovencito encerrado en sus sueños nunca dió cabida al amor en su terruño nativo, pero en los campos de entrenamientos se cuelan buscadoras de oportunidades para navegar como acompañantes de los triunfadores en esas largas jornadas de sacrificios y entrega.

Ronaldo con su inocencia de novato en temas de relaciones amorosas, se vió atrapado en las redes de un falso amor rodeado de dulzuras, que con el tiempo se convirtieron en serias amarguras.

En tanto, sus progresos en el campo proseguían de manera indetenibles y ya su recta rebasaba las 90 millas.

Su repertorio se había ampliado a cambios de velocidad, rectas de dos costuras y un manejo muy aceptable de la zona de strikes.

Ya había agotado dos temporadas en los campos de Arizona, creando las mejores expectativas ante los directivos del centro.

Como todo en la vida, las buenas cosas no duran para siempre; primero una lesión en el hombro, lo saca por todo un año de los campos de entrenamientos y dura todo un año de vacaciones en su recuperación.

El restablecimiento resultó exitoso y lo suben de categoría, a un equipo Clase A y disfrutó de una primera mitad de gran actuación, excelente velocidad y buen dominio de la zona de strikes.

Pero el drama de una relación amorosa oportunista, ya con una hija va generando disturbios en su vida íntima que se traducen en una falta de concentración y la segunda mitad resultó desastrosa, aún logrando una excelente velocidad, pero cada día registraba una actuación descontrolada, donde se le perdía la zona de strikes.

Llegó el 2020 y con ello el Covid y el cierre de todas las actividades, incluidas las deportivas.
Para colmo de mal el contrato se venció en el 2021, y con ello el vencimiento de la visa.

Todo ello coincidió con un cambio de administración que desestimó la posibilidad de continuar esperando por su madurez para subirlo al equipo grande.

Sin visa, con el compromiso de suplir las necesidades, con una hija muy pequeña.
Desempleado, una relación conyugal tortuosa y sin esperanzas de relanzarse en el mundo del béisbol.

Había que sobrevir y hace trabajos de Uber y Doordash (entrega de órdenes de comidas) , luego labores pesadas en la construcción.

Los conflictos de su relación matrimonial culminaron cuando su compañera lo amenazó con denunciarlo por maltrato físico, lo cual lo convertiría en un prisionero, porque lo que ysalió atropelladamente en el primer vuelo hacia su patria.

Cuando veía desde las ventanillas del avión los negros nubarrones, pensó que así se transformaron todos sus sueños de éxitos y gloria.

Por Fernando Despradel

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