ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
20 de enero 2026
logo
OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

Los recuerdos van en el equipaje emocional del emigrante (Reflexión)

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

In memoriam a mi maestra Thelma Camilo Rosa (1938-2023)

Una de las tantas ventajas que nos ofrece el alcanzar una avanzada edad es la gran acumulación de recuerdos en nuestra memoria. De nuestra inteligencia y de nuestro sentido común (o de nuestro sentido práctico) depende mucho lo selectivo que seamos al diferenciar los recuerdos útiles de los inservibles para continuar viviendo sin que nos pesen o nos amarguen al momento de salir de fiesta nuestra memoria.

Cabe decir que los recuerdos más traviesos son los empotrados en nuestra memoria en los dos primeros estadios de la existencia de cualquier ser humano: la infancia y la adolescencia. Suelen esconderse en ellos las causas de nuestros temores y frustraciones, y que en la juventud o en la adultez se convierten en fantasmas, llenando de pesadillas nuestros sueños. Son como duendes del fastidio persiguiéndonos. ¿Acaso hay que ser psicólogo para decir lo que hasta ahora llevamos dicho? ¡De ninguna manera!

(Mucho antes de la aparición de la psicología como disciplina formal, como campo de estudio académico, en la antigüedad ya existían las preocupaciones por los fenómenos inherentes a los procesos mentales vinculados con el comportamiento humano, con el alma: en la obra de los filósofos griegos Aristóteles y en Platón encontramos esas preocupaciones intelectuales, en las cuales habrían de basarse los fundadores de dicha disciplina, ya con una visión moderna en el siglo XIX, tal como es conocida hoy día: el alemán Wilhelm Wundt, el estadounidense William James, el austríaco Sigmund Freud y el ruso Iván Pávlov, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1904. En Pavlov tuvimos que detenernos cuando estudiábamos la carrera de Educación Superior en la Facultad de Humanidades de la UASD, específicamente al abordar, por exigencia académica, el tema referido a los reflejos condicionados. Y en este punto visita mi memoria mi profesora de Psicología Evolutiva: Thelma Camilo Rosa, a quien recordamos con mucho agrado).

El emigrante (1860), por Edward Charles Barnes. (Foto: Fuente externa)

Y esos recuerdos van en el equipaje mental del que emigra, del que se va del lar nativo a veces pretendiendo que con dejarlo todo atrás, todo se olvida. Pero ocurre que con frecuencia esos recuerdos toman fuerza con la distancia y se tornan en nostalgia, en melancolía, y luego llega la tristeza y el dolor se hace presente en el alma. Entonces la vida, irónica siempre, le plantea al inmigrante: O retornas o te despojas de todo pasado lastrante y te vuelves uno de aquí. Lo que viene después es lo que se ha dado en llamar conflicto o crisis de identidad: vienen los cambios de actitudes, la confusión, el luchar con las frustraciones, con los problemas de autoestima, etcétera, etcétera y otro etcétera. Definitivamente, migrar es un estremecedor drama humano.

Casi siempre quien emigra sufre, aunque lleve en su equipaje de sueños la esperanza de que será para crecer en todos los aspectos esenciales de la vida: desarrollo personal, estabilidad emocional y bienestar material, principalmente. Es una aventura que emociona y llena de optimismo a unos, y que a otros les causa angustia o temor y pesimismo. Dependerá siempre de las causas que motivan el acto valiente de emigrar, de las circunstancias bajo las cuales tiene lugar y, sobre todo, de los medios materiales al alcance del que parte sin saber a ciencia cierta si volverá.

Por: Miguel Collado

Comenta