Cada vez que hacemos más compleja la dinámica de los servicios, de cualquier naturaleza, en la realidad dominicana, es necesario que cambiemos la cultura de la informalidad.
El cuidado y los mantenimientos se hacen igualmente cada vez más rigurosos, pues los sistemas dependen de estar bajo vigilancia y mantenimiento consistentes. No hacerlo es estar expuestos a las vulnerabilidades y a los riesgos que resultan económicamente costosos, e incluso en pérdidas materiales, políticas y humanas.
Y la paralización, por ejemplo, de los sistemas de transporte, electricidad y de la Internet perturban de forma inmediata toda la vida colectiva. Estos servicios están dentro del ámbito de la seguridad y la eficacia.
