Los partidos en el pasado

Por Manuel Hernández Villeta

El accionar partidista dominicana necesita nuevas ideas, remozadas caras, otra metodología de trabajo, mayor sintonía con el sentir popular  y dejar de ser una maquinaria mal engrasada que solo piensa en llegar al poder.

De la carpeta del liderazgo político fue borrado  el sacrificio, la lucha denodada para mejorar las condiciones de vida de la mayoría. La entrega  a favor de los mejores intereses del pueblo.

Para ganar unas elecciones solo falta que se hagan promesas, y que luego se cumplan o se olviden de acuerdo a las eventualidades. Hay que inventar de nuevo a la clase política, para poder dar un salto adelante.

Los dirigentes tradicionales todavía tienen la genuflexión a que los obligaron los grandes caudillos. Son intolerantes, no aceptan sugerencias, y  el que no le apoya resueltamente, es su enemigo. La concertación ha salido del manual del partidismo dominicano.

En el siglo 20 se vivió la etapa de los grandes caudillos y de las luchas ideológicas. Al llegar el siglo 21 los caudillos se marcharon al descanso eterno y las ideologías llegaron a un fin que puede ser momentáneo o permanente. El tempo lo dirá.

En vez de avanzar, el partidismo  quedó petrificado en el tiempo, donde lo importante para ellos es movilizar a las masas cada cuatro años para ganar las elecciones, y luego viene el reflujo y la dispersión. El partidismo debe ser una acción permanente, se estén moviendo sus agentes en el gobierno o la posición.

Los partidos necesitan mente y sangre nueva. No es solo entrar a jóvenes que son cegados con métodos de viejos robles que deben estar en las bibliotecas y fuera de acción. Es cambiar toda la mentalidad, de enfocar los trabajos y comprender que la demagogia tiene que ser sobre-pasada.

A dos años y medio de las venideras elecciones, los partidos tratan de poner en marcha sus maquinarias con la modalidad de las primarias, que van desde nivel presidencial hasta senadores, diputados, síndicos y regidores. Miles de personas tendrán que aspiran y unos pocos serán los candidatos.

Casi nunca se da la democracia interna en los partidos. Para ser candidato hay que contar con el respaldo de uno de los pesos pesados, o se está perdiendo el tiempo. Un pre-candidato tiene más posibilidades de triunfo si es seguidor fiel de un alto dirigente. Poco importan sus grados de popularidad o rechazo.

Con miras al venidero torneo electoral poco va a cambiar. La mentalidad política nacional necesitará años para presentar la renovación. A lo más que se puede llegar es al relevo de personas, pero no de mentalidad. La antorcha pasa de manos, pero sin echarle combustible de nuevo octanaje. Los partidos petrificados en el tiempo, mientras la esperanza sigue tirada al fondo de la caja de Pandoras. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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