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24 de marzo 2026
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OpiniónManuel Antonio VegaManuel Antonio Vega

«Los Gavilleros» (7 de 10)

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

El municipio de Hato Mayor del Rey, cuna de la Independencia Nacional, que ha ofrendado a la Patria a muchos de sus hijos reconocidos y anónimos, nunca antes había sentido en carne propia los rigores de las devastaciones.

Ello, en vez de miedo, lienó de patriotismo a los hombres que tomaron las armas y desde el monte combatían al agresor, destructor de sus hogares, fincas y bienes; lo que aun, a finales del siglo XX, no ha sido indemnizado por la nación norteamericana.

La historia hatomayorense, con justicia, expone claramente los acontecimientos, sin necesidad de exageraciones ni de desvirtuamientos, para que las generaciones tomen conciencia de sus actitudes, y de sus reivindicaciones.

En busca de los guerrilleros destruyeron cuántas viviendas habían en la Loma de Los Martinez, localizada a la salida Hato Mayor-El Seibo.

Documentos de oficialía civil testimonian la existencia de la aldea de Los Martinez, fundada con antelación al año 1831. Sus vecinos, de ascendencia canaria, se asentaron en lo alto de la loma del km. 3 (carretera a El Seibo), y en sus inmediaciones.

«De once casas, las tropas llegaron en el 1918, y dejaron una sola  en pié.

La vivienda de doña Altagracia Matos que era tipo culata (piso de tierra), de tabla de palma y cobija de yagua de palma real, fue salvada por un yanqui que halló una revista americana pegada en el frente, como una exhibición novedosa.

«Las quemadas, diez casas, las recuerdo claramente, y a sus dueños: Florentino Francisco, Manuel María, Pedro León, Tilits y Juan Morla Martinez (hermanos);
además, los señores Abelardo Pozo, Balbinito y Máximo Martinez.

Don Florentino ocupaba el firme de la loma, que a su falda norte es frontera con el paraje La Rodada; él cultivaba cañas (visibles desde la ciudad) para sus trapiches melaeros».

La gallera, la carnicería, alcaldía pedánea, los trapiches, las bodegas, la curtidora de pieles, los bohios, las plantaciones, el ganado:¡Todo quedó convertido en cenizas! Y jamás ha sido repoblado, muriendo así una comunidad ejemplar y progresista.

Hoy son áreas de pasto ganadero y actualmente la familia Polanco aperturan una urbanización.

En persecución y localización de los guerrilleros, devastaron el Sacro Paraje de Hoyón, cuna del culto a la Virgen de La Altagracia, dónde actualmente está el Santuario de la Altagracia; y donde se propuso construir «la Basílica u otro monumento conmemorativo, quedó devastado por los «marines» del U.S. M. C.

«Cuando se presentaron los yanquis, el poblado tenía de 200 a 300 casas; sus habitantes se incomodaron del trato que daban a los  vecinos; violando los hogares y obligando a decirles el paradero de los del monte; desarmando y atropellando.

Segregaron, lograron separar, apartar y marginar a cientos de personas, llevándola al casco urbano, dónde también intentaron en varias ocasiones quemar el pueblo.

«Se armó el pleito, pero los invasores tenían ametralladorascalibre 30 (de paticas, fusiles, pistolas y revólveres de mejor calibre; los dominicanos se
rindieron; por suerte, no habían matado a ningún americano en el tiroteo; pero cayeron más de 100 patriotas» señala el escritor Manuel Antonio Sosa Jiménez (Boby), en su libro «Hato Mayor del Rey».

Al pasar revista, no faltó nadie.

Los cabecillas nacionalistas, por antojadiza selección, los fusilaron públicamente; acto seguido, incendiaron las casas, las plantaciones; también del
paraje Hoyoncito; desalojaron a sus moradores.

Los reconcentraron en Hato Mayor y Los Llanos; muchos emigraron al extranjero para siempre.

La sección El Manchado resistió tres devastaciones (dos en 1918, una en 1921); según los desalojos respectivos.

Alli (en los dos úiltimos), todos los bohíos, conucos y plantaciones quedaron destruidos por el fuego, dándose situaciones en las que por la intensidad de las llamas rebasaban los ríos y aguadas hacia otros campos, y durante varios días.

«El primer día quemaron doce casas; otras las tumbaban hasta para leña».

En la sección de Mata Palacio incendiaron y devastarom todas las viviendas.

Emilio Suárez relata el dramático incendio: «El Capitan (Merckle) me llamó y me dijo que teníamos que matar mucha gente en los campos.

Sigue narrando: » E1 27 de septiembre (de 1917) salimos con un destacamento de marinos para Dos Rios, al pasar por Mata Palacio, el Capitán Merckle ordenó el incendio de este poblado, solo dejó en pie una sola casa de cal y catton, propiedad de Martin Santos, donde comíamos y dormíamos nosotros (…). El Capitán ordenó que le dieran candela todas las casas del Paraje EL Salto».

Declaraciones a la Comisión Investigadora del Senado estadounidense, el 15 de diciembre de 1921, indican que además, mandó a devastar a las comunidades de Vicentillo, San Francisco, Magarín, Candelaria y Pedro Sánchez ,» quemando muchas casas, es posible que como 200″.

Hubo saqueos e incendios en Guayabo Dulce

E1 28 de diciembre de 1920 el periódico santiagués » El Diario» publicó la carta enviada por Fidel Santana desde Hato Mayor, al patriota y poeta Don Fabiio Fiallo, presidente del Congreso Periodístico de Santo Domingo: «El domingo en la tarde tropas americanas en un campo de Hato Mayor, incendiaron y saquearon mi casa y la de los señores Luis Bautista, Israel Guzmán, Panchito Hidalgo, Tomás Richardson y Félix Astacio, entre
saqueadas fueron otras

El 5 de enero de 1921 el citado medio de prensa, en primera plana expresa con crudo titular: «Detalles del incendio de Hato Mayor».

«La noche del 26, día de pascua, los habitantes de Guayabo Dulce presenciaron y fueron víctimas de un hecho por demás sin ejemplo, y deja mucho que desear del pueblo más civilizado del globo: Los Estafos Unidos .

Un grupo de soldados americanos, de la guarnición que hay en el Pueblecito, parece que querían recrearse esa noche ante los resplandores de
incendio y entre las ruinas de las propiedades de honrados padres de familia,y al efecto se dirigieron a la casa del señor Luis Batista en donde tenía dicho señor una bodega, cuya existencia ascendía a la suma de 2,500 pesos, y cogiendo una lata de gas, que encontraron en dicha casa, vaciaron el contenido en el piso, y los suelos, y en poco momento la casa ardía como un montón de paja, del mismo modo, destruidas las casas de los señores, Israel Guzmán y Félix Astacio, donde también había sendas bodegas, asi como también dos casas más del vecindario.

En otro establecimiento se contentaron con romper todo lo que había en los aparadores, esto, porque en dicha casa no había gas como en las demás.

Los vecinos que acudieron a prestar auxilio cuando el resplandor del incendio iluminaba la sabana de Guayabo Dulce, fueron despedidos amenazados puramente por soldados continentales que se recreaban entre las llamas de cinco casas que elevaban columnas de humo al espacio.

Se calcula que las pérdidas ascienden a la suma de RD$ 12,000, si se tiene en cuenta que el valor de las casas quemadas ascendía a 1,500 pesos, sin contar con la existencia que habia en las cuatro bodegas destruidas».

También hubieron devastación total de La Rodada, histórico lugar cuna de Cesáreo Guillermo (1847-1885), heredad solariega del expresidente Pedro Guillermo, Generales y presidentes de la República; de Rosalía Bastardo de Guillermo, filántropa y patriota, entre otros; la devastaron las casas
incendiadas por los yanquis.

El caserío estaba disperso en pequeñas parcelas conuqueras, desde la falda de la Loma de Los Martinez hasta Las Palmillas.

La ganaderia de La Rodada sirvió para el sustento de las tropas.

Otras devastaciones sucedieron en hogares y campos aislados/dispersos en la geografia rural de las que no hay testimonios recogidos a la fecha.

 

Por Manuel Antonio Vega

 

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