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3 de febrero 2026
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OpiniónManuel Antonio VegaManuel Antonio Vega

«Los Gavilleros» (6 de 10)

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RESUMEN

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Con el pretexto del desarme preventivo de la población, los invasores llegaron avasallantes y peinaron los campos y la ciudad; medida tomada por el Gobierno Militar para debilitar la resistencia nacional, que en Hato Mayor tomaba cuerpo para enfrentar al Yankee Invasor.

Penetraban a las viviendas violando el fuero domiciliario y ultrajaban a inocentes ciudadanos, aún en el lecho conyugal; desprendían puertas y ventanas con el impetu
salvaje y brutal de los fusiles «a bayoneta calada».

E1 4 de diciembre de 1916 el coronel T. P. Kane lanzó una proclama desde Santiago de los Caballeros, dando plazo de cinco días para la entrega del potencial letal en manos de los guerrilleros, o de lo contrario «serán embargados donde quiera que sean encontrados.

Todas las armas de fuego, municiones, explosivos, y armas blancas eran propiedad de los yanquis, quienes sí las permitían usar a sus amigos, servidores y simpatizantes dominicanos, que le servian de delatores y calieses.

El temor de una población armada queda manifestado por el criterio imperialista: «Los años de revolución y de motín (1899-1916) habían convertido a la República Dominicana casi en una sociedad armada, y la remoción de esta ferretería letal constituía el primer paso hacia el establecimiento del orden público».

Los «marines» desarmaban hasta a las autoridades municipales que no eran de su confianza y servidumbre; el 11 de agosto de 1921 el Ayuntamiento de Hato.Msykr del Rey remitió un Oficio el «Capitan R. E. Messer Smith , U. S. Marine Corps; Jefe del Campamento de esta población’, relativo al porte de armas que legalmente le
corresponde al Comisario Municipal.

Messer contestó que «no será intentada ninguna acción en el presente caso».

Pero, no era seria su afirmación; los soldados no dejaban de asediar a los munícipes, debido a que las armas quitadas al pueblo iban a parar a manos
de los adulones y espías gringos, los nacionalistas se acogieron a la proclama del Gral. Vicentico Evangelista, en enero de 1917, dónde proclamaba que «se considera enemigo al Dominicano que teniemdo armas en su poder se las niega a los patriotas para combatir al Yanqui.

Larga, anónima e inconclusa era la lista de los campesinos desalojados por la fuerza devastadora de los yanquis; pocos son los que podemos registrar.

Se cometieron atrocidades y barbaries, siendo la más simple el sacarlos del hogar (no importando la hora, ni las inclemencias
de las lluvias), atarlos uno al otro (sin respetar edades), y conducirlos en «fila india hasta el campamento».

El hombre del campo dejó atrás sus casas, los srmbradíos, fincas y animales bajo la furia del fuego, en la mayoría de los casos, «parai que no quedaran con ganas de retornar».

El historiador Manuel Antonio Sosa Jiménez, en su libro «Hato Mayor del Rey, páginas 312, 313 y 314, que los invasores alegaban siempre la persecución de los «gavilleros» quienes eran los verdaderos nacionalistas, salvo excepciones.

Los abusos más aberrantes y horripilantes los cometieron «Los Gringos» en el paraje de El Manchado, donde los hombres de trabajos fueron masivamente desalojados y se acribillaron muchos que mostraron resistencia a dejar sus tierras.

El Manchado fue el lugar donde se practicaron más desalojos de campesinos y pequeños hacendados.

Hubo dos desalojos en los demás campos (años 1918 y 1921); a en 1918 » se ejecutaron dos desalojos, uno grande y otro pequeño y uno en el 1921).

El primer desalojo en todo el municipio, y también en todo el Este, fue en El Manchado, motivado por la emboscada y muerte de una patrulla (8 hombres), realizada por vecinos del lugar, hastiados del robo nocturno de aves domésticas, de parte de los soldados USMC destacados en Hato Mayor del Rey.

El grueso de la población prefirió tomar el monte, antes que vivir «reconcentrados» en las cercas/pocilgas alambradas de hasta doce cuerdas punzantes, que construyeron para tenerlo como» marranos cimarrones».

«Los desalojados eran separados de su esposa e hijos, y los tenían a la intemperie, casi sin comer; sin medicamentos ni asistencia médica; enfermando y muriendo lentamente; a agua, sol y sereno (rocío); con el temor de esperar al llamado del preboste, quien si al interrogarlo lo encuentra culpable, lo manda al
paredón».

Al efectuarse los desalojos, no había compasión para los niños, los ancianos ni las mujeres paridas; hasta el recién nacido era víctima de la acción; no importaba que ninguna persona adulta estuviera ausente para secuestrar a los menores.

Los inválidos y los bubosos eran asesinados sin contemplaciones.

La crueldad del segundo desalojo, y ya con la experiencia del primero, atemorizó a los campesinos; por lo cual el Ayuntamiento Municipal tomó una postura patriótica digna de recordación:

«CONSIDERANDO: Que de tres días a esta fecha, se han reconcentrado a esta ciudad, casi todos los campesinos con sus familiares (…) por el hecho de que corren noticias de que casi todos los hombres pacificos de las Secciones de Las Pajas, El Bote, Don López y Guayabo Dulce, han sido reducidos a prisión y que se encuentran detenidos en el Campamento Militar de Los Chicharrones, jurisdicción de San Pedro de Macorís, motivo por el cual y por temor a correr la misma suerte, dicen los campesinos
concentrados en esta ciudad, han abandonado sus hogares y labranzas (…) no pudiendo hacer sin pérdida de tiempo, sus nuevas siembras que necesitan ellos y también los habitantes de esta ciudad y los de San Pedro de Maclrís y sus haciendas azucareras, consumir para el sostenimiento de la vida (…) en los actuales momentos de
enorme crisis y después de haber azotado tan recientemente a esta región, un fuerte ciclón que ha dejado en completa ruina a nuestra agricultura».

Fue resuelto pedir una entrevista al Jefe Militar de Hato Mayor del Rey , para que el Ayuntamiento «en masa, presidido por su Presidente» Bernabé Castillo (alias Beleco) reclame la puesta en libertad de los inocentes, y su posible custodia y seguridad gubernamental cuando regresaren a sus predios agricolas.

Víctimas de los desalojos

Reiterando la imposibilidad de registrar y/o conocer todos los casos de desalojo (llamados por los yanquis «reconcentraciones»),
he aquí los testimonios de algunas de las miles de víctimas: Caso No. 1.-«Carlos Tejeda, hijo natural de Eugenia la comadrona de Las Guajabas, guía e intérprete de los gringos; llegó a mi casa en el primer desalojo del 1918; ellos, al ver que éramos niños dijeron:-¡Gó jer! (Go here, vamonos de aqui); pero el criminal Tejeda obligó a que nos interrogaran.

Era la medianoche, aproximadamente cuando amarraron a mi hermano mayor, Fernando Mota (1907-1978), de 11 años, y lo asogaron por el cuello, apretándole con fuerza, mientras le partían la cabeza de de cuatro maquinazos; perdió el conocimiento, la sangre brotaba en abundancia.

Nosotros, los tres hermanitos menores, nos asustamos y nos pusimos a gritar; éramos Lorencito, Pascual y yo (de 5, 7 y 9 años de edad).

Los vecinos se alarmaron y voceaban:-iiQué es!? Y según se levantaban y salían hacia nosotros, los yanquis los apresaban y los
amarraban con nosotros, llevándonos en fila india desde el paraje El Mamey (El Cercadito).

Fernando, ya consciente, lo ataron al grupo.

«Recuerdo que entre los desalojados ibamos Simeón Peguero y Audelio Salas, su hijo natural; Feliñs Mota, mujer del primero, conducida con su bebé Jesús, resentina, no
hicieron caso de que les rogamos y explicamos el riesgo que ella y la criatura corrian; Lola Ramos, nuera de Simeón; los demás se me han olvidado. Nos llevaron al

Campamento de El Corozal, colindante con Magarin Abajo, a eso de las dos de la madrugada, siguieron con Fernando Mota y Audelio Salas con destino a
Manchado».

Caso No. 2.-«En 1918 nos desalojaron con todos los vecinos del paraje Mirador, y de otros de Mata Palacio; nos llevaron al Batey La Jagua del Ingenio Consuelo, dizque para escapar a los del monte.

Recuerdo a Colás Belén, Alberta Reye, Juan (Chacho) Vásquez (1881-1941), Magdalena Mota (1896-1956); mis abuelos Juan de Mata Vásquez y Ckrila de Vásquez; Cocola Chalas. En el 2do. desalojo (24-octubre-1921), vi una fila india de unos 50 hombres amarconados con un solo lazo dirigidos al Batey Los Chicharrone. Los yanquis le dispararon a Juan Pelegrín, sin herirlo; porque él no se detuvo ante el primer silbato».

Caso No. 3.- En el desalojo Chiquito, ejecutado en El Manchado «comenzó con varias patrullas que pasaban por las casas, una tras otra, repasando el área cada ciertos minutos.

Pedían hombres para el servicio del Campamento levantado en ese campo; para el corte y transporte de leña, y de madera.

Hicieron una balsa grande y quemaron varias gentes.

De alli nos desalojaron con Manuel Valdez; Ankcasio Díaz (Nico); Panchito Amparo; y a sus mujeres Quiteria y Magdalena; a los esposos Braulio Armando y Nena; a Ramona y a Soledad, mujer y querida del Alcalde Manuel Mercedes; también a Abigail, Bodadilla, Martínez…

Tres meses después, en el año 1918, hicieron el Desslojo Grande, anunciado por Emeterio Salas, seguidor de los yanquis.

La familia Mesa Medina quedó desalojada de El Manchado; «Anacleto Mesa salió huyendo temprano con un grupo hacia el Pueblo, para no servirles a los invasores llegados de tarde».

Las tropas del Capitán Melkckel, la Compañía 44, «rompían hasta nuestras tinajas para usarlas de platos. Nos obligaron a dormir en el monte con todo y niños; sin importarles las mujeres al parir ni las paridas; por esto doña Estebanía (la de Panchito Amparo), murió por efecto del desarreglo que hizo estando resentina.

Los soldados se metían a los aposentos, pero no eran agredidos, ya que el jefe de la patrulla siempre se devolvía a buscar a los más lentos o rezagados.

Cuando Anacleto Mesa partió a esconderse, pidió les dijeran a los gringos que él estaba laborando en el central azucarero; y los observaba desde una cañada cercana, tendido de barriga; la 1ra. patrulla continuó su camino al saber la información; la 2da. tomó tomates del patio, y uno expresó que el dueño era hombre trabajador; la 3ra. en un tres lo sorprende, y hubo de rodar cual pilón hacia atrás».

Caso No. 4.-Manuel de Jesús Quezada tuvo que abandonar sus propiedades (en Las Guajabas y Guayabo Dulce), al ser desalojado salvó milagrosamente a las torturas; y conducido a Los Llanos no regresó jamás, abandonando sus plantaciones (de cacao, café, coco y chinas), y su ganaderia (reses, cerdos, aves de
corral, chivos y mulos). «Nos llevaron alli, y fabricamos casitas de varas y yaguas en el patio de la iglesia parroquial; los hombres eran encerrados en los corrales de alambre; de los Javier memorizó a Catalina, Marcelina, Dolores, Mundo, Raymundo y Justino; de los Taveras a Nicolás, Ricardo y Cándida; a las nombradas Nica, Petronila y Juaniquita».

Otras Particularidades sobre los desalojos.

I.-El paraje Juan Jiménez, en el Km 15 Carretera va a Sábana dea Mar lo desalojaron en 1920. Asentaron los yanquis a los agricultores «pacificos, cooperadores y laboriosos; clasificados por el sindico de Hato Mayor del Rey, Luis Fuentes, varios ricos y terratenientes, para proteger a los suyos, salvarlos de los corrales, y tener una producción de víveres y ganado para la población.

Los del monte, no volvieron más al lugar para no derramar la sangre hermana; pues su lucha era contra los invasores».

II.-Las familias Liriano Varela, de la sección Dos Ríos, fueron sacadas a la fuerza de sus heredades; y confinadas en la «reconcentración» en la plaza del pueblo hatero; Rafael de Mota (Las Palmillas, Hato Mayor), expresó a Andrés Mota de la Cruz, su sobrino los de holgura económica pagaban hasta $500 por su libertad, evadiendo las acusaciones de aliados «de los del monte».

Algunos padrinos políiticos salvaron a muchos de ser fusilados y/o mantenidos en prisión.

IV.–A veces, conducían a los apresados, en grupos de «cinco y seis, amarrados a la cola de los caballos»; así evitaban cualquier ataque de los nacionalistas pues los animales eran espantadizos.

V.-E1 24 de agosto del tétrico año 1918, día del asesinato de Ciprián Alarcón, los «marines» del Capitán Merckel custodiaban a «unos 2 mil campesinos concentrados en la plaza pública de Hato Mayor del Rey».

VI.-En el paraje San Valerio, el sanguinario Yanqui, Merckel amenazaba de muerte, luego de atar a mujeres, hombres y niños si no declaraban el paradero de los que llamaban «bandidos», o sea a los que no se les entregaban.

«Ordenaron que vendaran a todos los prisioneros (…) unos 25”.

VII.-«En los últimos tiempos, el gobierno militar ha ordenado al concentración de los infelices habitantes de Hato Maulr del Rey, los cuales son Agarrotados como cerdos en corrales, hechos de alambres de púas, con el pretexto de investigar si son o no malos…».

En una declaración patriótica del Dr. Alejandrl Coradín, el (14-abri 1919), ante la Comisión Senatorial enviada al país por el Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica; la que visitó la localidad.

El médico municipal reitero:»¡Yo puedo mostrarle los campos de concemtraciones» .

 

Por Manuel Antonio Vega

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