Durante los últimos meses me he percatado a través de las redes sociales, cómo poco a poco en nuestro país se han vuelto cotidianos una serie de mensajes ofensivos, rumores, noticias falsas, y estrategias puntuales de descrédito hacia una persona y/o grupo. En nuestras narices vemos como la libertad de expresión se va transformando en libertad de extorsión.
Alimentándose discusiones superficiales y tóxicas, en vez de profundizarse los temas importantes del país.
Los discursos de resentimientos han traído consigo una degradación absoluta del debate político y la pérdida de la racionalidad en importantes temas nacionales. Discursos radicales y antisistema se profundizan cada vez más, eliminando muchas veces la posibilidad de sostener debates informados en el marco del respeto y la tolerancia que son los que le dan sustento a una verdadera democracia.
De manera muy personal, entiendo que uno de los más importantes personajes que mejor describió los discursos odio, fue Martin Luther King Jr, en uno de sus multitudinarios discursos, afirmó: “Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma”.
Las palabras del líder afroamericano hoy más que nunca mantienen vigencia, al parecer, muchos se han embriagado de copas de amargura que les impide sostener intercambios tolerantes. Abundan las descalificaciones, la incertidumbre y el desprecio por las ideas de los demás. En cambio, están escasos los planteamientos críticos, constructivos y propositivos. Sin dudas, hacen falta intercambios donde florezcan las ideas y se debatan con altura los retos futuros de la patria de Duarte, Sánchez y Mella.
Con esto no quiero dejar dicho que los ciudadanos no puedan opinar, exigir, cuestionar y hacer peticiones justas. Claro que si, vivimos en el 2018, época de la transparencia y la información en tiempo real. Hoy en día tenemos una sociedad más exigente con los responsables del quehacer político. En esta era de grandes desafíos, hay un nuevo paradigma de liderazgo; políticos de menos poses y retóricas, y de más acciones y compromisos.
Preguntémonos cada día: ¿Cuánto aportan los discursos de odio a la democracia?
Así, pues, nos toca prestar atención y saber distinguir entre quienes están realmente dispuestos a tener un mejor país, y los que pueden estar buscando una erosión democrática. En otras palabras, tengamos en cuenta que el odio nunca ha construido nada y que no se puede construir un país sobre los cimientos del rencor.Miremos los países donde ha calado la anti política, que no son más que discursos vacíos, llenos de odio, cargados de populismo. En estos tiempos llegarán a cada momento demagogos sin medidas, aventureros irresponsables, profetas de falsos paraísos que se aprovechan de la justa indignación del pueblo. Estemos pendientes, no tardan en llegar a la República Dominicana…
No se trata de ganar elecciones se trata de ganarse el corazón de la gente.-
