Los chapeadores detrás de Medina, Miguel y Collado

Por jueves 18 de agosto, 2016

En cada proceso electoral se ha destacado la conducta de unos personajes que hoy conocemos como “Peladores o chapeadores-políticos”. Se caracterizan por andar en los pasillos de las instituciones y/o ministerios, por sus adulaciones y servilismo hacia alguien que aspira a obtener un cargo o reelegirse en el mismo. Estos personajes ven la política como una vía fácil de obtener dinero, bienes y en la mayoría de los casos una “botella”.

El anhelo de cada chapiador o chapiadora es que de inmediato el funcionario asuma su responsabilidad proceda a trabajar acorde a sus intereses. Porque según ellos en los momentos así requieren de alguien que actúe, que haga lo desagradable, lo necesario.

Exigen que los candidatos actúen a su favor, anteponiendo el ego personal antes que pensar en los efectos que podría causar al país y a la vida de aquellos que serán retirados de sus puestos. Solo les importa ser favorecidos con un ministerio o la dirección de un departamento al cual se han auto-propuesto.

A partir del 16 de agosto cada quien espera que su candidato (ahora autoridad) sea despiadado y comience todo un tsunami de cancelaciones de personas que, al igual que ellos, lo apoyaron con recursos humanos y económicos.

Admitámoslo, “el quítate tú pa’ ponerme yo”, es muy deseado no sólo después de este 16 de agosto del 2016, también lo fue para los que apoyaron las candidaturas presidenciales de Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Salvador Jorge Blanco, Antonio Guzmán, Leonel Fernández, Hipólito Mejía y el actual.

Luego de los 12 años de Balaguer, los períodos presidenciales del PRD son el mejor ejemplo. Estos periodos aún son recordados por como los perredistas al momento de tomar posesión se abalanzaban por las oficinas gubernamentales sacando a los empleados de los departamentos o puestos que consideraban aptos para ellos. Todo debido a que consideraban que las infraestructuras y las nóminas del Estado, al momento de ganar las elecciones pasaban a ser de su propiedad.

De la misma forma en 1996, para el primer mandato presidencial del PLD dirigido por el expresidente, Leonel Fernández. Los peledeistas —que para ese entonces eran menos de 40 mil militantes— abarrotaron el local de la casa nacional del partido, no se soportaban las filas en las instituciones. La anarquía partidaria y moral se podía vislumbrar en las personas con currículum en mano en los parqueos, buscando lo que consideraban se habían ganado con sus años de militancia, cargados de proselitismo político. ¡Adiós… a los ideales Boschistas!

Por tanto, consideramos que algo parecido podría pasar a partir de este martes, en las 32 alcaldías en manos del PRD hoy PRM. En caso especial en el ayuntamiento de mayor importancia, el Distrito Nacional, el cual manejará unos 4,675 Millones anualmente y una nómina de empleados de 4,628.

En contraste con el PRM, está la asignación de Miguel Vargas Maldonado en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El líder de PRD tendrá que cumplir con la remesa que demandan sus subordinados y los que inmigrarán buscando el sueño común de la política tradicional dominicana.

Para los perremeistas y los perredeistas “volvió el momento de comer con grasa”, puesto que desde antes del proceso electoral comentaban entre ellos cual era el cargo de su preferencia y sus privilegios. Se repite la historia, esta vez con visión emprendedora.

Podemos considerar que tanto el reelecto presidente con más de un 62% del electorado dominicana; Danilo Medina, Miguel Vargas y el “emprendedor” David Collado tendrán en sus manos la decisión más desagradable; echar a la calle a los que están, para dejar entrar a quienes no están.

De lo contrario, les resta soportar el estrés que causan en los pasillos quienes van a visitar con familiares o allegados funcionarios para ser tomados en cuenta. Lo que sea harán los “chapeadores-políticos” con tal de mantenerse en la cercanía del político que desean cortar y desmenuzar sin importar la forma para lograrlo.

Por: Jhonathan Pichardo

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