EL NUEVO DIARIO, EL NUEVO DIARIO. – Desde que el panameño Al Brown se convirtió en el primer campeón mundial latinoamericano al derrotar por puntos a Vidal Gregorio en un combate escenificado el 18 de junio de 1929 en la ciudad de Nueva York, han sido muchos los peleadores de estas tierras que han imitado su ejemplo.
Con excepción de la categoría completa, Latinoamérica ha producido monarcas en todas las divisiones, ubicándose la mayor profusión en las categorías menores.
El propósito de este artículo es hacer una selección de los mejores pugilistas latinos en cada división, lo cual reconocemos que constituye una tarea harto difícil toda vez que en algunas categorías han descollado hombres de gran clase entre los cuales no es posible hacer una escogencia antojadiza. Además, porque comparar figuras de distintas épocas siempre ha sido un rompecabezas para los más calificados expertos.
Sin embargo, hay categorías donde la supremacía de un hombre no admite comparación: toda regla tiene su excepción.
Pesado: Luis Ángel Firpo
Pese a que todavía ningún latino ha podido colocar sobre su testa una corona de la categoría completa, ha habido meritorios contendores en diferentes épocas.
En nuestra clasificación de los pesos máximos colocamos en el lugar cimero de la división máxima al argentino Luis Ángel Firpo, a quien apodaban el «Toro de las Pampas».
Firpo alcanzó la celebridad en un polémico choque con el monumental lack
Dempsey, escenificado el 14 de septiembre de 1923, en Nueva York.
El argentino estuvo sumamente cerca de registrar una de las grandes sorpresas de la historia cuando en el primer asalto sacó a Dempsey del cuadrilátero median te un golpe. Este cayó sobre la máquina de escribir de un reportero llamado Jack
Lawrence, desde donde tuvo que ser auxiliado para retornar al ring. En esas circunstancias se aplicó un conteo largo que favoreció al campeón Dempsey, quien pudo recuperarse y poner fuera de combate al latino en la segunda vuelta.
El historial de Firpo indica que en 36 combates profesionales salió airoso en 33 ocasiones, incluyendo 25 nocauts. Sus tres derrotas fueron por la vía rápida y ganó una vez al recibir un foul.
El segundo lugar lo reservamos para el chileno Arturo Godoy, quien en 1940 disputó en dos ocasiones la corona al grandioso Joe Louis. En la primera confrontación Godoy dio una sorprendente demostración perdiendo por decisión dividida tras una batalla de 15 vueltas. En el combate de revancha Louis logró imponerse por la vía rápida en ocho asaltos.
Los demás pesados que han intervenido en disputas mundialistas son el puertorriqueño Joe -King- Roman y el hispano-uruguayo Alfredo Evangelista.
Román y Evangelist no merecen ser incluidos en el grupo de los mejores pesados latinos, pese a que circunstancias especiales les llevaron a disputar la corona. El combate titular en el Muhammad Ali defendió su corona frente a Evangelista podría encajar en una antología de las grandes «charlotadas» del boxeo. El hispano-uruguayo recibió una segunda oportunidad titular con Larry Holmes, quien le aplicó un despiadado castigo.
King Román fue inferior a Evangelista.
El boricua fue noqueado en menos de tres minutos en la oportunidad que tuvo con George Foreman.
Dos completos, que sí merecen ser colocados en la lista de los mejores latinos, aunque nunca tuvieron la oportunidad de disputar cetros universales, fueron el cubano Niño Valdés y el argentino Oscar -Ringo – Bonavena.
Ambos se mantuvieron como «eternos» aspirantes a la faja máxima y llegaron a ofrecer memorables demostraciones.
El logro principal de Valdés fue un triunfo sobre Ezzard Charles. En la década del 50, el cubano fue un consuetudinario retador a la corona de Rocky Marciano, quien evadió siempre la confrontación.
Bonavena perdió dos duras peleas frente a Joe Frazier, no sin antes enviarlo dos veces a la lona. También realizó un magnífico papel cuando se midió con Muhammad Alí. Fue noqueado en la última vuelta.
Semipesado: Víctor Galíndez
Víctor Galíndez, el fogoso fajador argentino constituye la figura más relevante que ha producido Latinoamérica en la división de los semicompletos. Su gran poder de puños y su fortaleza en el cuerpo a cuerpo, lo convertían en gladiador irresistible. Llegó a realizar más de diez defensas de su corona. Desde que ocupó la poltrona de las 175 libras en 1974, se mantuvo por espacio de cinco años como el «Ave Fénix».
José -Chegui- Torres, el primer latino que conquistó el reinado de los semimáximos fue un pugilista de excelentes condiciones y fuerte pegada. Después de Galíndez califica como la figura más notable. Torres conquistó el título en 1965 al noquear al monarca Willie Pastrano en un combate escenificado en Nueva York. Perdió el cetro a manos de Dick Tiger en 1966.
El argentino Miguel Coello ostentó la corona brevemente, pero fue uno más del montón.
Mediano: Carlos Monzón
Carlos Monzón, de Argentina, califica
como el «señor de los señores» en la división de las 160 libras. Monzón no sólo ha sido el mejor mediano entre los latinos, sino uno de los mejores de todos los tiempos.
Su reinado de siete años con 14 defensas exitosas de la corona y su impresionante récord de 89 victorias y sólo tres derrotas en los inicios de su carrera, lo colocan en un sitial de excepción.
Su descomunal poder de puños lo llevó a sumar 61 victorias por la vía del nocaut.
Después de Monzón el mejor ha sido el colombiano Rodrigo Valdéz, un combatiente del encordado que rivalizó de tú a tú con Monzón, perdiendo dos clásicas peleas por puntos ante el argentino.
Antes de unificar la corona, ambos habían reinado simultáneamente por la AMB y el CMB, respectivamente.
Mediano junior: Wilfredo Benítez
Esta es una de las divisiones jóvenes del boxeo; fue creada en 1962, y a decir verdad, ha sido un receptáculo de mediocridades a nivel mundial.
El mejor latino que ha llegado al trono ha sido el puertorriqueño Wilfredo Benítez, quien recientemente destronó al británico Maurice Hope. Benítez, uno de los grandes latinos de todos los tiempos, ha venido a darle lustre a esta categoría, después de una exitosa carrera que le significó la conquista de las coronas wel ter ligero y welter.
Antes de Benítez, los latinos que ocuparon la poltrona fueron el argentino Miguel Ángel Castelino y Eddie Gazo, pero sus reinados pasaron sin pena ni gloria.
Welter junior: Kid Pambelé
El legendario Antonio Cervantes (Kid Pambelé) no sólo ha sido el mejor latino en el límite de las 140 libras, sino el campeón más espectacular que ha tenido la división desde su fundación. Cervantes tuvo una dilatada carrera en la cual celebró más de un centenar de combates e implantó uno de los reinados más prolongados de todos los tiempos.
La velocidad y el poder de puños fue ron las mejores prendas del colombiano. Después de Cervantes el mejor ha sido el argentino Nicolino Loche, a quien apodaban como el «Intocable» por su gran capacidad técnica. El tercer lugar corresponde al venezolano Carlos (Marocho) Hernández, quien se destaca por su fuerte pegada.
Welter: Kid Gavilán.
El cubano Kid Gavilán, cuyo nombre real era Gerardo González, és en nuestra apreciación el pugilista más fabuloso que ha producido Latinoamérica en las 147 libras. El extitular fue un verdadero por tanto de calidad boxística, determinación y asimilación.
Celebró un total de 143 combates profesionales y jamás sufrió una derrota por nocaut. Obtuvo 106 victorias, sufrió 30 derrotas y empató seis veces. La mayoría de sus fracasos se produjeron en la etapa postrera de su carrera cuando insistía contra las inflexibles leyes del tiempo.
Las dos confrontaciones que sostuvo con Ray Robinson pertenecen a los clásicos del «Arte de Fistiana»
Gavilán es secundado por José -Man-tequilla- Nápoles, una verdadera maneja de ‘ciencia’ boxística. Por espacio de seis años, Mantequilla fue un campeón imbatible. Celebró un total de 84 combates y obtuvo 75 victorias incluyendo 54 nocauts. Fue derrotado ocho veces y obtuvo un triunfo por foul.
Otros meritorios latinos que se anexaron la corona de las 147 libras fueron los cubanos Benny (Kid) Paret y Luis Manuel Rodríguez, los mexicanos Carlos Polonio y Pipino Cuevas y los puertorriqueños Ángel (Cholo) Espadas y Wilfredo Benítez.
Por Heriberto Morrison/1
Páginas 28 y 29




