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20 de enero 2026
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OpiniónBraulio A. RojasBraulio A. Rojas

Los $1,000 del gobierno y el dilema de la natalidad en Estados Unidos

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RESUMEN

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El reciente anuncio del gobierno estadounidense de otorgar $1,000 por niño al nacer con el propósito de incentivar la natalidad ha despertado diversas opiniones. A primera vista, la iniciativa no parece mala: podría servir como un estímulo simbólico para promover el ahorro en las familias y fomentar la estabilidad económica a largo plazo. Sin embargo, esta medida no aborda el problema de fondo: la caída sostenida en la tasa de natalidad en Estados Unidos.

Si hacemos un cálculo sencillo, esos $1,000 en 18 años equivaldrían a unos $2,800 actuales. No es una cantidad despreciable, pero tampoco representa un cambio de vida. El verdadero valor estaría en el mensaje implícito: animar a los padres a seguir aportando a esa cuenta, de modo que, al llegar a la mayoría de edad, el joven disponga de un capital que le sirva para estudiar o iniciar un negocio. En ese sentido, la política puede tener un efecto educativo más que económico, al promover la cultura del ahorro desde la infancia.

No obstante, el problema demográfico es mucho más complejo. La baja natalidad no responde únicamente a cuestiones financieras, sino a factores sociales, culturales y estructurales. El alto costo de criar un hijo, el derecho de las mujeres a desarrollar una carrera profesional, y un cambio en los valores hacia un estilo de vida más individualista —priorizando el bienestar personal, los viajes o la exploración sobre la paternidad— conforman una realidad que ningún incentivo económico modesto puede revertir por sí solo.

Este fenómeno tiene implicaciones profundas. Toda sociedad necesita mano de obra de reemplazo para mantener su crecimiento y estabilidad económica. En el caso de Estados Unidos, el país ha compensado esta disminución de nacimientos con flujos migratorios constantes, una estrategia que ha mantenido su motor económico activo: una especie de ganar-ganar entre el inmigrante que busca oportunidades y el sistema que necesita trabajadores.

Sin embargo, esta solución también ha generado tensiones culturales y políticas. El crecimiento de la población inmigrante y la reducción proporcional de la población blanca han alimentado un sentimiento de desplazamiento en ciertos sectores. De ahí surge, en buena medida, el discurso del “Make America Great Again”, que algunos interpretan como un intento de restaurar una identidad perdida —a veces disfrazada de religión, otras de ley y orden—.

Pensar en regresar a los Estados Unidos de los años 50, 60 o 70 es una ilusión. El mundo actual es más global, más interconectado y profundamente tecnológico. Las dinámicas sociales, económicas y culturales han cambiado para siempre. Si el país decide aferrarse a un pasado idealizado, corre el riesgo de perder el liderazgo que durante décadas lo caracterizó. Pero si acepta su nueva diversidad y adapta su modelo económico y social a los tiempos modernos, puede seguir siendo una referencia mundial de estabilidad y confianza.

En conclusión, los $1,000 pueden ser un gesto bien intencionado, pero no son una solución. Estados Unidos necesita replantear su visión del futuro demográfico, equilibrando el impulso natalista con políticas inclusivas, de conciliación familiar y laboral, y con una comprensión madura de su nueva identidad nacional.


Por Braulio A. Rojas

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