RESUMEN
A muchos le parecería una utopía o quimera hablar del bien común en estos tiempos, sobre todo a los dirigentes políticos de sociedades como la nuestra, en la que predominan la lucha por el bienestar individual de cada persona.
No está demás establecer que el bien común no es fácil de alcanzar en absoluto en las sociedades antagónicas, complejas, abiertas y supuestamente democráticas, donde no es evidente que se pueda hablar del mismo, puesto que pocas veces existe una armonización de intereses.
El bien común, en su acepción general, alude o se refiere a todo aquello que puede ser aprovechado o utilizado por todas las personas por los beneficios que les pueda generar a todos los individuos de una comunidad determinada.
El concepto de bien común se refiere a todos los bienes materiales y espirituales que pueden ser compartidos por todos los miembros de una sociedad.
A manera de ejemplo, podríamos citar como bienes comunes la organización de jornadas vecinales de limpieza del barrio; La recolección de ropas, alimentos e insumos para poblaciones víctima de desastres naturales o bien en condiciones de miseria absoluta; La recolección de dinero para llevar a cabo obras comunes en un edificio o en una comunidad.
Los expertos señalan que es al Estado el que le compete, como órgano rector, a protección y promoción del bien común, precisamente por los enormes beneficios que puede producir para todos los miembros de una nación.
Asimismo, el bien común constituye una obligación del Estado, por lo que todos los aspectos relacionados con el derecho como la justicia, el orden, la seguridad o las normas jurídicas se constituyen con el objetivo de garantizar el bien común.
De manera que las condiciones sociales que garantizan la libertad, la justicia y la paz y el reparto equitativo de los bienes materiales esenciales forman parte fundamental del bien común.
Sin embargo, es justo precisar que el bien común no se forma con la sumatoria de los bienes de cada individuo. El bien común es indivisible y solo puede alcanzarse e incrementarse a partir de la colaboración que se pueda producir entre los miembros de una comunidad.
Si nos adentramos en el terreno de la economía, la ciencia que estudia los recursos, la creación de riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, para satisfacer las necesidades humanas, podemos entender que el bien común como todo aquello que pueda maximizar el bienestar socioeconómico de todas las personas o todo aquello que es de usufructo de la comunidad en general.
Jamás un bien común puede ser propiedad privada de nadie, jamás puede pertenecer a ninguna persona en particular.
El bien común es la condición material (la riqueza general) que permite un desarrollo y este desarrollo, a su vez, constituye una suma cuantitativa de las utilidades de los miembros de una sociedad (el público) pero con el agregado o con la condición de que: esa riqueza común debe incluir a todos los individuos.
De todo lo anterior podemos colegir que la responsabilidad y el papel esencial del Estado, como el órgano rector fundamental de la sociedad, es precisamente garantizar el bien común en general para todos los miembros de la sociedad.
Claro está, esto es en el papel o en teoría, porque en los hechos, lamentablemente, casi todos los Estados que hemos conocido, salvo algunas raras excepciones, se han caracterizado por promover y permitir el desarrollo individual de solo algunos miembros de la sociedad, permitiéndoles o concediéndoles privilegios particulares en detrimento de las mayorías.
Recordemos estas frases de Simón Bolívar: “Son derechos del hombre: la libertad, la seguridad, la prosperidad y la igualdad. La felicidad general, que es el objeto de la sociedad, consiste en el perfecto goce de estos derechos” y «El sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política.»
Una cosa es luchar por la superación y el progreso o en bienestar particular y otra cosa es luchar por los intereses de todos.
La sociedad, en sentido general, no es mas que la reunión mayor o menor de hombres y mujeres que juntos luchan permanentemente por la consecución de los fines comunes.
Si, es como suena, los fines comunes, porque en definitiva, si es que queremos vivir en sociedad, entonces lo correcto es plantearse la búsqueda de la plena satisfacción de las necesidades de todos los miembros de la sociedad.
En el caso particular de la República Dominicana, podemos establecer, sin temor a equivocarnos, que lo que menos le importa a la mayoría de nuestros dirigentes políticos, es luchar por el bien común, porque a casi todos lo único que les interesas es llegar al poder, para desde ahí resolver sus propios problemas y necesidades particulares, sin pensar en leyes, planes, objetivos y acciones que puedan encarar y resolver las necesidades generales y comunes de una comunidad en particular o de la sociedad en sentido general.
De modo pues, que período tras período, la mayoría de nuestros dirigentes políticos, sin importar el partido al que pertenezcan, apelan a la demagogia más vulgar y a las promesas más insólitas para que les apoyemos a llegar a senadores, diputados, regidores, ministros, síndicos, etc. Nos ofrecen villas y castillas, las mejores cosas del mundo.
Claro está, una vez llegan al poder, sus promesas se convierten en discursos muertos, en frases olvidadas y en letras engavetadas.
Yo me estoy refiriendo a la mayoría, pues no todos son así, no todos abran de esa manera, porque algunos han sido capaces de realizar una labor o una gestión digna y transparente donde quiera que lo hayan nombrado, cumpliendo con sus promesas y lo que es lo más importante, actuando y obrando en favor del bien común y en favor de las necesidades comunes de todos los miembros de la sociedad.
Da pena ver como algunos dirigentes políticos del patio se olvidan de los cuantiosos y enormes problemas y necesidades que afectan a nuestra sociedad y se matan y patalean por llegar a una posición importante en su partido a como de lugar, no importa que están en minoría, para de ahí seguir ascendiendo a los estamentos y organismos estatales.
Y es este afán desmedido de algunos dirigentes el que provoca que las reuniones y las convenciones de nuestros partidos sean, algunas veces, traumatizantes, hirientes y lesivas para la existencia de los partidos, pues en vez de sumar, restan, ya que lejos de convencer, lo que hace es alejar a las masas de simpatizantes y miembros.
A mi juicio, eso es lo que precisamente está pasando en la proyectada convención del Partido Revolucionario Moderno, donde algunos pseudos dirigentes quieren obtener cargos importantes para sus propios beneficios particulares sin importarles para nada la delicada situación en la que se encuentra el país.
Estos dirigentes ya están desgastados y no quieren entender que no son, en modo alguno, opciones de poder, por más que brinquen y pataleen.
Estos dirigentes no cambian, nos vienen con la misma receta, con las mismas actuaciones que tuvieron a lo interno del PRD, pretendiéndola reeditar en el PRM.
A estos dirigentes les digo que ya las cosas no son como antes, que los tiempos, las condiciones y los partidos cambian, que ya no estamos para perder el tiempo en dimes y diretes, que el país necesita avanzar, progresar y desarrollarte.
Eh la presente coyuntura, es mi opinión, aunque parezca una utopía, que debemos seguir trabajando duro para encarar y superar los problemas del pasado y del presente que todavía no hemos podido solucionar.
