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16 de marzo 2026
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OpiniónElizabeth MenaElizabeth Mena

Lo que el Clásico Mundial de Béisbol nos recordó sobre liderazgo, riesgo y decisiones

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Durante unos días el país se detuvo. Todos los dominicanos estábamos en pelota. Llevamos nuestra alegría al Clásico y nos ganamos la admiración y el respeto de otras naciones.

Eso no lo logra cualquier deporte. Lo logra el béisbol.

Pero más allá del resultado y del último strike que por décadas estaremos discutiendo, el Clásico dejó algo mucho más interesante: una lección en tiempo real sobre liderazgo, gerencia, riesgo y toma de decisiones.

Porque al final, un equipo nacional funciona igual que cualquier organización compleja, incluso que el mismo Estado, y este torneo nos recordó cinco cosas que también aplican en empresas, instituciones públicas y en la vida misma:

  1. El talento por sí solo no gana: la gerencia importa.
  2. El liderazgo verdadero se mide cuando la presión es máxima.
  3. El riesgo nunca desaparece. Solo se gestiona.
  4. Los sistemas siempre terminan dependiendo de decisiones humanas.
  5. Y los grandes equipos se construyen cuando existe algo más grande que el resultado: propósito e identidad.

Vale la pena mirar esas lecciones más de cerca.

  1. El talento no gana solo: la gerencia importa.

La República Dominicana probablemente presentó uno de los rosters más talentosos del torneo: jugadores de élite, estrellas de Grandes Ligas, nombres capaces de cambiar un juego con un swing.

Pero el béisbol, como cualquier organización, no se gana solo con talento. Se gana con estructura, estrategia y decisiones.

La gerencia de un equipo, igual que la de una empresa o una institución pública, debe decidir constantemente con información incompleta, bajo presión y con tiempos limitados.

Alineaciones, bullpen, rotaciones, sustituciones. Cada decisión es una apuesta.

Y como ocurre en cualquier organización, algunas funcionan… y otras no.

La diferencia está en la capacidad de evaluar escenarios, anticipar riesgos y decidir incluso cuando no existe certeza absoluta.

  1. El liderazgo real se prueba bajo presión.

El liderazgo es fácil cuando todo sale bien: cuando el equipo gana y el marcador favorece.

Pero el verdadero liderazgo se mide en los momentos incómodos: cuando el juego se aprieta y el resultado depende de un turno al bate, de un lanzamiento o de una decisión en el bullpen.

En esos momentos no solo se mide al jugador; se mide al dirigente, la cultura del equipo y la capacidad de mantener el enfoque cuando todo el país está mirando.

Las organizaciones funcionan igual. Los líderes no se definen en los momentos fáciles, sino cuando las decisiones son impopulares, los resultados son inciertos y el margen de error desaparece.

Ahí se pone a prueba el liderazgo.

  1. El riesgo siempre está presente.

En gestión de riesgos hay una verdad incómoda: no existe riesgo cero.

Puedes tener al mejor equipo, el mejor plan y el mejor talento… y aun así perder.

En béisbol, un lanzamiento puede cambiar un torneo.

En una empresa, una decisión puede cambiar un negocio.

En política pública, una regulación puede transformar toda una industria y, en esta era digital, hasta un comentario en redes puede generar consecuencias.

El riesgo no se elimina. Se gestiona. Por eso las organizaciones modernas invierten cada vez más en gestión de riesgo, cumplimiento normativo y gobernanza, entendiendo que el resultado nunca está completamente bajo control.

  1. El factor humano siempre aparece.

Los debates después del juego en el que fuimos descalificados se centraron en una jugada: el último lanzamiento.

Para el umpire fue strike. Para un país fue bola.

Pero más allá de la polémica, ese momento recuerda algo fundamental: los sistemas siempre dependen de decisiones humanas.

Lo mismo ocurre en el derecho. Las normas buscan crear certidumbre y reducir la arbitrariedad, pero cuando surge una disputa terminamos en manos de la interpretación de los jueces.

Por eso los sistemas modernos buscan transparencia, reglas claras y mecanismos de revisión. No para eliminar el error, porque eso es imposible, sino para reducir su impacto.

  1. La lección más importante: representar algo más grande.

Quizás la mayor lección del Clásico no está en el marcador. Está en ver a jugadores que lo han ganado todo en Grandes Ligas ponerse un uniforme para representar a su país.

No hay contrato que obligue a eso.

Hay algo más fuerte: identidad, orgullo y sentido de pertenencia.

Y eso también aplica a las organizaciones. Los equipos que realmente funcionan no se sostienen solo en incentivos económicos; se sostienen en propósito.

En sentir que lo que se hace tiene un significado mayor que el resultado inmediato.

Cambia el Chip

Perdimos un juego.

Pero durante días ganamos algo más grande: recordamos lo que significa sentirnos parte de algo.

Recordamos que cuando un país se une alrededor de un símbolo común, la conversación cambia.

Y también una lección fundamental de liderazgo y de vida: a veces puedes hacer muchas cosas bien… y aun así el resultado no favorece.

Eso no invalida el esfuerzo. Solo nos recuerda que, como en el juego, la vida siempre incluye incertidumbre.

Que lo importante no es solo cómo se gana. También es cómo se compite.

Y quizá esa sea la mayor enseñanza de todas: en el deporte, en el liderazgo y en la vida, el resultado importa… pero el carácter con el que se juega el partido importa aún más.

Por Elizabeth Mena / Cambia el Chip

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