Todo progreso se fundamenta en el cumplimiento de reglas básicas y esenciales de convivencia. Es un requisito para los gobernantes y para los gobernados. En términos prácticos, esto significa para las autoridades y para la ciudadanía.
Sin embargo, es muy obvio que hemos ignorado el cumplimiento de la ley como exigencia principal para el ordenamiento del tránsito en la República Dominicana. Incluso, es consistente la búsqueda de todo tipo de solución alterna de mejoría para no enfrentar la principal causa del problema.
Es claro que esta exigencia debe estar acompañada permanentemente de soluciones a los escollos que implica el crecimiento vehicular y a la necesidad de la fluidez.
Ignorándola nos empeora.
