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24 de marzo 2026
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OpiniónAndrés RojasAndrés Rojas

Liderazgo empresarial: asumir el fracaso y compartir el éxito

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RESUMEN

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Dwight D. Eisenhower (1890–1969) fue uno de los líderes más influyentes del siglo XX, tanto en el ámbito militar como en el político. Antes de llegar a la presidencia de los Estados Unidos, se destacó como General del Ejército y Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, donde lideró operaciones decisivas como el Desembarco de Normandía (Día-D). fue el 34.º Presidente de los Estados Unidos (1953–1961). Reconocido por su estilo de liderazgo sobrio y disciplinado, Eisenhower dejó una huella duradera por su énfasis en la responsabilidad del líder, el trabajo en equipo y la prudencia en el ejercicio del poder

Su pensamiento trasciende el ámbito político y militar, siendo hoy una referencia frecuente en debates sobre liderazgo, ética y gestión en organizaciones públicas y privadas y a él se le atribuye la frase “El liderazgo consiste en nada más que asumir la responsabilidad de todo lo que sale mal y dar crédito a tus subordinados por todo lo que sale bien”. Más que una frase inspiradora, la reflexión de Eisenhower plantea una exigencia ética y estratégica para la gerencia actual: Liderar no es buscar reconocimiento personal, sino crear las condiciones para que otros puedan dar lo mejor de sí. 

En una economía donde el talento, la credibilidad y la reputación organizacional son activos clave, esta visión del liderazgo resulta no solo pertinente, sino imprescindible. Las organizaciones modernas operan en entornos marcados por la incertidumbre, la presión por resultados y la transformación constante. En este escenario, la forma en que los líderes enfrentan el fracaso y distribuyen el éxito define no solo el clima interno de la empresa, sino también su capacidad de sostener el crecimiento y la competitividad en el tiempo. 

Las grandes ideas suelen surgir en los momentos de mayor presión. Esta reflexión de Eisenhower no fue concebida desde la comodidad de la teoría, sino en escenarios donde las decisiones tenían consecuencias reales, inmediatas y, muchas veces, irreversibles. En aquel contexto, asumir errores no era un acto de debilidad, sino una demostración de carácter y visión estratégica. Reconocer el mérito del equipo, lejos de diluir la autoridad, fortalecía la cohesión y la confianza necesarias para alcanzar objetivos colectivos.

Liderar en tiempos complejos

Las empresas modernas operan en entornos marcados por la volatilidad económica, la presión por resultados, la disrupción tecnológica y la competencia por el talento. En este escenario, el estilo de liderazgo adoptado por la alta gerencia se convierte en un factor decisivo para la sostenibilidad del negocio. Cuando los resultados no se alcanzan, es común observar organizaciones donde la responsabilidad se diluye hacia abajo y el mérito se concentra en la cima. Este enfoque, además de injusto, resulta profundamente ineficiente: erosiona la confianza interna, desalienta la iniciativa y debilita la cultura organizacional.

La gerencia moderna exige lo contrario: responsabilidad estratégica en la dirección y reconocimiento genuino al equipo.

Asumir el error: una obligación gerencial

En la práctica empresarial, asumir errores implica aceptar que las decisiones estratégicas —precios, inversiones, estructura organizacional, metas comerciales— son responsabilidad directa de la gerencia. Los fallos operativos rara vez son hechos aislados; suelen ser síntomas de procesos mal diseñados, incentivos incorrectos o decisiones deficientes en la cúspide. 

Compartir el éxito: una estrategia, no un gesto

Reconocer el mérito del equipo no es solo una práctica motivacional; es una decisión estratégica. En una economía donde el capital humano calificado es uno de los activos más escasos y valiosos, el reconocimiento se convierte en una herramienta clave de retención, productividad y compromiso. 

Cultura organizacional y resultados

Existe una relación directa entre el estilo de liderazgo y los resultados empresariales. Las compañías de alto desempeño tienden a compartir un mismo patrón: líderes que absorben la presión hacia arriba y distribuyen el mérito hacia abajo.

Una lección vigente para la empresa moderna

La frase de Eisenhower trasciende su origen histórico para convertirse en un principio operativo de la gerencia moderna. En un mundo empresarial donde las estrategias se replican rápidamente y la tecnología se democratiza, la calidad del liderazgo se consolida como una de las pocas ventajas competitivas duraderas.

Asumir el fracaso y compartir el éxito no es una consigna moralista; es una forma inteligente de liderar organizaciones más fuertes, resilientes y orientadas al largo plazo. En definitiva, liderar hoy no consiste en acumular protagonismo, sino en asumir responsabilidades y multiplicar el talento. Esa es la esencia del liderazgo que construye valor real y perdura.

El autor es catedrático y consultor empresarial. 


Por: Andres Rojas, MBA

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