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14 de febrero 2026
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OpiniónJosé Manuel JerezJosé Manuel Jerez

Leonel y Omar Fernández: Coordinación estratégica para llevar a la Fuerza del Pueblo al poder en 2028

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RESUMEN

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La narrativa instalada por sectores interesados en sembrar rivalidad entre Leonel Fernández y Omar Fernández no resiste el contraste con los hechos. En la práctica, ambos han actuado como un liderazgo complementario: el primero con la memoria estratégica de tres gestiones de gobierno; el segundo con la legitimidad de una generación que exige resultados, transparencia y cercanía. Esta coordinación —no competencia— ha permitido a la Fuerza del Pueblo consolidarse como alternativa real de poder de cara a 2028.

Las palabras de Omar han sido diáfanas: su prioridad es ver a su padre, Leonel Fernández, portar nuevamente la banda presidencial. No se trata de una ambición personal, sino de una convicción sobre quién está en mejores condiciones, hoy, para encabezar un proyecto nacional con gobernabilidad y experiencia. Esta declaración, lejos de alimentar una disputa, clarifica la ruta estratégica del partido: alinear activos, ordenar expectativas y evitar dispersiones que erosionen la probabilidad de triunfo.

En política, la coordinación estratégica se traduce en costos de transacción más bajos dentro de la organización: decisiones más rápidas, mensajes coherentes, vocerías sincronizadas y una distribución eficiente de roles. Leonel aporta la arquitectura de políticas públicas y la capacidad de negociación interinstitucional; Omar capitaliza el vínculo con los sectores emergentes —emprendimiento, economía digital, clase media profesional y juventud urbana—, además de liderar una agenda congresual que sirve de puente entre el país que somos y el que debemos ser. La suma es mayor que las partes.

La racionalidad de esta apuesta no descansa en el culto a la personalidad, sino en una lectura fría del entorno. El país enfrenta problemas estructurales —desigualdad territorial, inseguridad ciudadana, presión inflacionaria, servicios públicos fragmentados y baja productividad— que exigen liderazgo con conocimiento de Estado, equipos capaces y un mandato claro. La Fuerza del Pueblo ha avanzado en institucionalidad interna y despliegue territorial; el binomio de experiencia y renovación maximiza la capacidad de convertir votos en gobernabilidad desde el primer día.

A nivel táctico, la estrategia se focaliza en tres vectores: (1) cohesión interna y disciplina programática; (2) ampliación del frente social-electoral con énfasis en mujeres, juventudes y sectores productivos; y (3) construcción de una agenda de solución concreta a problemas cotidianos. Esto demanda liderazgo coordinado: Leonel establece el marco de políticas y el estándar de gestión; Omar articula territorialmente y asegura la conexión cotidiana con la ciudadanía.

Para 2028, la traducción operativa es inequívoca: reforzar la narrativa de servicio —no de beneficio particular—, sustentar cada propuesta con metas verificables y cronogramas realistas, y blindar el proceso con mecanismos de integridad. El objetivo superior no es la victoria de una persona, sino el mandato de un proyecto que devuelva certidumbre a la vida económica y seguridad al ciudadano, y que garantice un Estado que funcione sin improvisaciones.

Por todo lo anterior, afirmar que Leonel y Omar compiten es desconocer el contexto y los incentivos. Lo que existe es una coordinación estratégica diseñada para que la Fuerza del Pueblo asuma la responsabilidad de gobernar en 2028. Esa coordinación —probada, visible y eficaz— es el medio; la mejora de la vida de las familias dominicanas, el fin. No se trata de intereses personales; se trata del interés nacional.

Por José Manuel Jerez

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